«It», Muerte Al Cine De Suspenso, Larga Vida Al Cine De Sustos.

Una pareja sentada en una mesa de un lindo restaurante celebrando su aniversario. Un hombre misterioso deja un maletín con una bomba debajo de la mesa, sin que ninguno de los dos lo percate. El reloj con la cuenta regresiva comienza a andar y se acerca imparable a la explosión que acabará con sus vidas. Los tórtolos siguen melosos, compartiendo en la más ignorante dicha la inexistencia del artefacto junto a sus pies. Si esto fuera una escena, cada segundo que pasa, cada palabra dicha, carcomen nuestra calma hasta llevarnos al desespero por no saber si la bomba estallará o no. Eso, en cine, es un suspenso agobiante que sentimos como espectadores. La misma pareja hablando, tranquila, en el mismo restaurante, y de repente estalla una bomba de la que nadie sabía su existencia, es un enorme susto.

Más o menos en estas palabras explicaba el brillante Alfred Hitchcock, con gran genialidad y con cierto aire de paternidad, la diferencia estructural entre el susto y el suspenso al crítico de cine, y posterior maestro del séptimo arte Francois Truffaut, en su ya clásico libro y biblia de todo cinéfilo: «El Cine Según Hitchcock«. La diferencia entre el susto y el suspenso, es también la diferencia entre una película palomitera y una obra maestra, prácticamente. «It» de Andrés Muschietti (ahora «Andy») es, al igual que casi todo el cine de horror taquillero actual, una película de sustos, no de suspenso. Pero eso sí, una muy buena película de sustos.

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«House Of Cards», La Revolución De Netflix Que No Fue.

Durante la década de los años ochenta, la gran pelea comercial del mundo ocurrió entre los gigantes Pepsi-Cola y Coca-Cola. En los noventa, la batalla se trasladó al mundo de la tecnología con Apple y Microsoft como protagonistas. Para los primeros dos mil, el enfrentamiento estaría entre Facebook y Google. Para esta segunda década del milenio, los titanes sacándose sangre serán HBO y NETFLIX. Ya es famosa la frase que hizo Reed Hastings, CEO de la última, después del estreno de la niña consentida de la compañía de streamming, «House Of Cards«: debemos convertirnos en HBO antes que HBO se convierta en nosotros. Y es que el revuelo de la serie posterior a su estreno fue tan enorme, que podemos decir, honestamente, pateó las bases del negocio del audiovisual casero a nivel mundial. Hoy, HBO está ya lanzada al mundo de la retransmisión digital, consagrándose como la marca reina en contenido televisivo, pero por un momento, su reinado parecía haber llegado a su ocaso.

La televisión pasaba por un gran momento en el mundo; pero quedaba en el aire la idea que el rey de la industria era la compañía de Time Warner. Se admitía la existencia de buenas series en otros lares, pero la «calidad HBO» era la que mandaba. Eso, en muchos sentidos, era cierto. Cuando NETFLIX estrenó «House Of Cards», se realizó una movida tan impresionante en la mesa del ajedrez televisivo mundial que, por primera vez, el rey se sintió en jaque. Por supuesto existían «Breaking Bad«, «Mad Men» y, sobre todo, «The Walking Dead» en sus primeras temporadas, producciones que habían alcanzado niveles de admiración escalofriantes. Pero durante más de una década, quien lideraba la pantalla chica, quien innovaba, quien colocaba las pautas a seguir era la cadena cuyas siglas significan Home Box Office. Cuando nació «House Of Cards», no solo se estrenaba una nueva serie, de insuperable calidad artística, se le proponía al espectador una nueva manera de disfrutar el contenido.

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Frank Underwood: «Welcome to Washington».

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