La Mística Que Rodea A «Blade Runner».

Es común, entre las grandes producciones pertenecientes a lo que en este blog se denomina como el negocio del séptimo arte, encontrar una génesis fascinante para cada una de ellas. Philip K. Dick, por ceñirnos a nuestro tema de referencia, halló la inspiración para su cuento “Do Androids Dream of Electric Sheep?”, eventual base del guion escrito por Hampton Fancher y David Webb Peoples y que a su vez sería transformado en la película “Blade Runner” por el director Ridley Scott, mientras hacía una investigación sobre los nazis alemanes.

El acceso a los archivos de la organización política germana fue una experiencia traumática para el joven autor, quien encontró en esas páginas los detalles de un accionar tan salvaje por parte del grupo político, con una total ausencia de consideración humana, que le imposibilitó considerar a esas personas como sus pares. Eran, desde su perspectiva, una especie de entes diabólicos en cuerpos de seres vivos idénticos a un hombre y una mujer. Una frase encontrada en esos documentos, transcrita de algún agente de la Gestapo estacionado en Polonia, lo llevó a dictaminar tan tajante conclusión: “lo que nos mantenía en la noche despiertos eran los llantos de los niños muertos de hambre”.

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«It», Muerte Al Cine De Suspenso, Larga Vida Al Cine De Sustos.

Una pareja sentada en una mesa de un lindo restaurante celebrando su aniversario. Un hombre misterioso deja un maletín con una bomba debajo de la mesa, sin que ninguno de los dos lo percate. El reloj con la cuenta regresiva comienza a andar y se acerca imparable a la explosión que acabará con sus vidas. Los tórtolos siguen melosos, compartiendo en la más ignorante dicha la inexistencia del artefacto junto a sus pies. Si esto fuera una escena, cada segundo que pasa, cada palabra dicha, carcomen nuestra calma hasta llevarnos al desespero por no saber si la bomba estallará o no. Eso, en cine, es un suspenso agobiante que sentimos como espectadores. La misma pareja hablando, tranquila, en el mismo restaurante, y de repente estalla una bomba de la que nadie sabía su existencia, es un enorme susto.

Más o menos en estas palabras explicaba el brillante Alfred Hitchcock, con gran genialidad y con cierto aire de paternidad, la diferencia estructural entre el susto y el suspenso al crítico de cine, y posterior maestro del séptimo arte Francois Truffaut, en su ya clásico libro y biblia de todo cinéfilo: «El Cine Según Hitchcock«. La diferencia entre el susto y el suspenso, es también la diferencia entre una película palomitera y una obra maestra, prácticamente. «It» de Andrés Muschietti (ahora «Andy») es, al igual que casi todo el cine de horror taquillero actual, una película de sustos, no de suspenso. Pero eso sí, una muy buena película de sustos.

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