“Blade Runner 2049”, Ahora Los Hombres Somos Los Dioses.

Las secuelas hollywoodenses son, en la inmensa mayoría de los casos, una oportunidad desperdiciada para contar una gran historia. Al volcar su objetivo en convertirlas en poderosas maquinas de hacer dinero, sus realizadores abandonan desde el más temprano proceso creativo toda posibilidad de explotar argumentativa y artísticamente un mundo ya experimentado con satisfacción por un público masivo. No es ese el caso de “Blade Runner 2049“, una secuela hecha 35 años después de su antecesora y centrada en profundizar, expandir y actualizar el universo y los temas que fascinaron con fervor al público de dos generaciones anteriores.

No es baladí compartir el sustantivo usado por el director a la hora de explicar por qué decidió tomar las riendas del proyecto, puesto que parece hallarse en esa palabra la característica que mejor define la última película dirigida por el canadiense Denis Villeneuve: después de revisar el guion escrito por Hampton Fancher, Michael Green y Ridley Scott, el cineasta encontró un material escrito con una calidad poética; que lo impulsó con fervor a convertirlo en imágenes y sonidos. Al parecer, y es algo triste de comprobar cada vez con más fuerza, cómo en estos tiempos la suerte de estos artistas, así sean visuales, es quedar condenados al fracaso comercial puesto que, y es que todo debe decirse, el último trabajo de Villeneuve se ha estrenado con gran fracaso en taquilla alrededor del mundo.

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La Mística Que Rodea A “Blade Runner”.

Es común, entre las grandes producciones pertenecientes a lo que en este blog se denomina como el negocio del séptimo arte, encontrar una génesis fascinante para cada una de ellas. Philip K. Dick, por ceñirnos a nuestro tema de referencia, halló la inspiración para su cuento “Do Androids Dream of Electric Sheep?”, eventual base del guion escrito por Hampton Fancher y David Webb Peoples y que a su vez sería transformado en la película “Blade Runner” por el director Ridley Scott, mientras hacía una investigación sobre los nazis alemanes.

El acceso a los archivos de la organización política germana fue una experiencia traumática para el joven autor, quien encontró en esas páginas los detalles de un accionar tan salvaje por parte del grupo político, con una total ausencia de consideración humana, que le imposibilitó considerar a esas personas como sus pares. Eran, desde su perspectiva, una especie de entes diabólicos en cuerpos de seres vivos idénticos a un hombre y una mujer. Una frase encontrada en esos documentos, transcrita de algún agente de la Gestapo estacionado en Polonia, lo llevó a dictaminar tan tajante conclusión: “lo que nos mantenía en la noche despiertos eran los llantos de los niños muertos de hambre”.

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