GOW, por George Orson Welles (Primera Entrega).

George Orson Welles.

Fue el más grande; pero su tragedia fue nunca llegar a ser realmente el más poderoso. Su lugar predilecto era en los extremos, al que llegaba porque le sobraba de todo: talento, cultura, genio. Pero, como es natural, al ubicarse en un lado de la balanza de la vida, lo encontrado a la otra orilla era también una realidad apabullante por su escasez: dinero, oportunidades, amigos. George Orson Welles, su vida, es la película más grandiosa jamás hecha en Hollywood. Un amor fou entre un artista y los diferentes medios que usó para expresarse, a los que transformó a su paso por ellos. Su nombre impactó en el teatro, la radio y el cine, para siempre; pero fue en este último, la última de sus amantes, donde habría de encontrar su eterna femme fatale, una que, como dicta en esencia el personaje, habría de destruirlo hasta extinguirlo en la más triste de las situaciones.

David Thomson, en su fascinante pieza para The Guardian titulada con elegante obviedad como «Orson Welles: El más glorioso fracaso cinematográfico de todos«, se atrevía, en gran parte impulsado por poseer la razón, a disminuir figuras tan míticas del séptimo arte como Martin Scorsese y Alfred Hitchcock, cuya comparación tan sólo hacía engrandecer el nombre de Welles. Ambos directores, indispensables figuras en su industria, palidecen como meros hombres de cine al ser confrontado su legado con la vida del autor de «Citizen Kane«, quien deslumbró como artista (actor, director, escritor, productor), político (por poco fue Secretario General de la ONU, hizo conferencias contra el fascismo, reemplazó a FDR en uno de sus debates mientras le hacía campaña), columnista (The Washington Post), mago (en televisión y Las Vegas) y tertuliano (fue host en su propio programa de televisión).

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