“Trainspotting”, Lo Bueno, Lo Feo y Lo Malo Del Mundo De La Droga.

Después de darse a conocer de manera local como un cineasta interesante en su natal Gran Bretaña, gracias a su opera prima. “Tumba Abierta“, Danny Boyle se transformó en todo un director de culto y en uno de los talentos cinematográficos más importantes de los años noventa, con el estreno de su segunda película: “Trainspotting“. La historia del filme tiene como base la novela de Irvine Walsh, que fue un todo un fenómeno literario en su país de origen, Escocia. En ella, se cuenta la vida cotidiana de unos heroinómanos de Edimburgo, quienes tienen una muy tranquila filosofía y actitud en la vida.

Sin importar el punto de vista desde donde se origine el análisis, “Trainspotting” fue un proyecto que impactó al público y a la crítica global. Su fuerte contenido se convirtió en una inmensa polémica, al desatar la furia del espectro más conservador de la sociedad, quienes vieron en ella una clara apología al uso de las drogas ilícitas. No obstante, lo que esas personas no alcanzaron a ver, algo característico en ese espectro político reconocido por su estrechez en la mente, es que la película de Boyle es un viaje al profundo mundo de la drogadicción, con todas sus consecuencias, pero estoy hay que decirlo, con todas sus ventajas. Nada en este mundo es absolutamente bueno o absolutamente malo, todo depende desde la perspectiva que lo estemos mirando. Y fue eso lo que logró hacer Boyle junto a John Hudge (escritor de la adaptación cinematográfica y quién en la vida real, como doctor, trató a muchos adictos a la heroína) sobre el bajo mundo de la capital escocesa.

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El Voz De Una Generación, Hecha Película

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