“T2: Trainspotting”, Una Sobredosis De Puro Cinema.

“Escoge Cine”, podríamos decir extasiados después de ver la última producción de Danny Boyle, una secuela de su obra de culto de los años noventa, “Trainspotting“. Basada en la continuación del libro (“Porno” de Irvine Welsh) cuya primera parte dio origen a esta franquicia inglesa, “T2 Trainspotting” es puro cinema. Parafraseando a Jack Lemmon, podemos decir que una de las instrucciones más brillantes dadas por director alguno, alguna vez, fue aquella impartida por Billy Wilder en medio de un set, quien al actor le espetó sobre una toma: “está muy bien, pero no tiene nada interesante”. David Fincher, otro maestro, explicaba en una entrevista que hay dos posibilidades para posicionar la cámara en un plano: el correcto y el otro. En “T2 Trainspotting” Boyle obedece y fusiona las máximas de los dos célebres directores y crea un viaje audiovisual en donde cada plano no sólo es el correcto, sino además el más impactante.

Leer más »

Anuncios

“Trainspotting”, Lo Bueno, Lo Feo y Lo Malo Del Mundo De La Droga.

Después de darse a conocer de manera local como un cineasta interesante en su natal Gran Bretaña, gracias a su opera prima. “Tumba Abierta“, Danny Boyle se transformó en todo un director de culto y en uno de los talentos cinematográficos más importantes de los años noventa, con el estreno de su segunda película: “Trainspotting“. La historia del filme tiene como base la novela de Irvine Walsh, que fue un todo un fenómeno literario en su país de origen, Escocia. En ella, se cuenta la vida cotidiana de unos heroinómanos de Edimburgo, quienes tienen una muy tranquila filosofía y actitud en la vida.

Sin importar el punto de vista desde donde se origine el análisis, “Trainspotting” fue un proyecto que impactó al público y a la crítica global. Su fuerte contenido se convirtió en una inmensa polémica, al desatar la furia del espectro más conservador de la sociedad, quienes vieron en ella una clara apología al uso de las drogas ilícitas. No obstante, lo que esas personas no alcanzaron a ver, algo característico en ese espectro político reconocido por su estrechez en la mente, es que la película de Boyle es un viaje al profundo mundo de la drogadicción, con todas sus consecuencias, pero estoy hay que decirlo, con todas sus ventajas. Nada en este mundo es absolutamente bueno o absolutamente malo, todo depende desde la perspectiva que lo estemos mirando. Y fue eso lo que logró hacer Boyle junto a John Hudge (escritor de la adaptación cinematográfica y quién en la vida real, como doctor, trató a muchos adictos a la heroína) sobre el bajo mundo de la capital escocesa.

63468700-trainspotting-wallpapers
El Voz De Una Generación, Hecha Película

Leer más »

“Trance”, De Danny Boyle, Sólo Un Lienzo Digital.

Decía James Vanderbilt que David Fincher le había dicho alguna vez que dirigir una película era como pintar un cuadro, con 50 hombres trabajando en el lienzo y una persona atrás en un walkie talkie dando ordenes a cada uno del tipo: “más azul en ese lado; más verde al otro”. Por supuesto, la analogía del brillante director la hace parafraseando a otro monstruo del cine: el gran Orson Welles.

En un documental, llamado “Boffo Tinseltown’s Bombs & Blockbusters“, George Clooney hablaba sobre la fragilidad de la que dependía el éxito de una película; puesto que se necesita de la equivocación de una sola persona para que la producción no funcionará. Se arrancaba con lo primero, que era un excelente guion; pero luego podía ser el director el que se equivocará, o el editor o un publicista.

En “Trance“, Danny Boyle (“Trainspotting” 1995; “The Beach“, 2000; “Slumdog Millonaire“, 2009) contaba con un equipo y elenco de lujo; quienes en su gran mayoría hicieron un trabajo alucinante. Pero sería el mal quehacer de una persona, al principio del filme, el que determinaría que esta terminará no funcionando, quedándose únicamente en la promesa de lo que pudo ser: una excelente película de entretenimiento.

Trance” es visualmente impactante. Su trabajo de cámara y luz es particularmente delicioso para la vista. Anthony Dod Mantle (“Rush“, 2013; “Anthicrist“, 2009; “The Last King Of Scotland“, 2009), comentaba en algún momento que para él y Danny Boyle el movimiento de cámara era realmente importante; lo que en cada película se definía era el cómo se iba a lograr. En esta particular, el trabajo de ese apartado es realmente fascinante.

126-TRANCE-PS (2).tif

Amante como ninguno de la filmación en digital y la comodidad que esta ofrece, el trabajo de cámara resalta durante todo el metraje. En el movimiento, por supuesto; pero también en los agresivos e impactantes encuadres. En una película que tiene como universo el mundo de las artes plásticas, pareciera que la gran mayoría de fotogramas del filme fueran unas maravillosas pinturas.

Como complemento perfecto al trabajo del cinematógrafo, tenemos a un Mark Tildesley inspirado en el diseño de producción. La película, ubicada en el Londres de nuestros días, realmente ofrece una perspectiva alucinante y muy refrescante de la cuidad, algo que merece todo el reconocimiento del público, puesto la capital de Inglaterra es una locación ampliamente conocida a través del cine. Presentarla de manera tan original es un acierto.

Rosario Dawson as “Elizabeth” and James McAvoy as “Simon” in Danny Boyle’s “TRANCE.” ©Fox Searchlight.

Muy inteligente en ese sentido es el realizar planos a través de vidrios, metales o plásticos, que distorsionen la imagen, dándole un aspecto que además de atractivo, es acorde a la temática de la hipnosis que presenta “Trance“.

En conjunto, la calidad del trabajo de sonido en el filme es una absoluta delicia. Tanto por las poderosas composiciones de Rick Smith (recordado por ser parte de la banda “Underworld”, que nos trajo la famosa canción “Born Slippy“, dada a conocer mundialmente gracias a “Trainspotting“), que podrían ser calificadas como hermosas piezas de música clásica pero ejecutadas a través de instrumentos de música electrónica; como por lo logrado por Simon Hayes (“Prometheus“, 2012; “Kick-Ass”; 2010; “Snatch“, 2005) en la captura y diseño de sonido, donde logra emanar sentimientos de estados alterados de la mente en muchos momentos de la película.

De la parte técnica, tal vez la más impactante de todas sea la de la edición, a cargo del irrepetible Jon Harris (“The Woman In Black“, 2012; “127 Hours“; 2010; “Snatch”, 2005) quien logra contar una complicada historia de la manera más ordenada posible. Por supuesto, el endiablado ritmo que lo ha caracterizado en el pasado, que da tanta emoción a muchas escenas, hace notoria presencia acá.

Ahora, como bien se dice, nada del apartado técnico sirve si no hay buenas actuaciones y un buen guion. De los primero, hay mucho en este filme; de lo segundo, no tanto. James McAvoy y Vicent Cassell están a la altura que nos tienen acostumbrados. La transformación a lo largo de la película del primero, quien declaró que estaba desesperado por interpretar el papel, es acompañada por la enorme variedad de matices que presenta el segundo. Rosario Dawson realmente no está mal y, a pesar de  que si dejan algo que desear los secundarios de la película, el resultado final del conjunto es más que pasable.

El apartado de la película que si no hay por donde tomar es del guion. De una idea realmente bien pensada, se hizo un desarrollo harto mediocre. Haciendo algo de historia, vale recordar el famoso dilema entre el suspense y la sorpresa, que tan brillantemente explicó el inmortal Alfred Hitchcock en un ejemplo. Dijo el director inglés en sus conversaciones con el famoso director francés, que la sorpresa es el estallido de una bomba de manera inesperada por el espectador en una escena entre dos personas conversando; mientras que el suspense es mostrarle al espectador que se coloca una bomba a punto de estallar entre dos personas que están conversando. En el primer escenario el espectador brinca del susto cuando está estalla, pero luego se le pasa y ya; mientras que en el segundo, el espectador estará tensado durante toda la conversación, sin saber si esta estallará o no.

Jon Ahearne, escritor del guion, el que contó con una revisión de John Hodge (“Shallow Grave“, 1994; “Trainspotting“, 1995; “The Beach“, 2000), escogió la facilidad que entrega lo primero (la sorpresa) en vez de la profundidad que otorga lo segundo (el suspense). Con un agravante: y es que en un tipo de película en la que se descubre la verdad al final, debe el espectador tener la oportunidad de descubrirla antes. Es por eso que “The Sixth Sense“, de M. Night Shyamalan, o “The Usual Suspects“, de Bryan Singer, son tan adoradas por el público: por que durante toda la película, da una u otra manera, nos han dicho ya el sorprendente final de la misma. El no habernos dado cuenta por nosotros es lo que las hace tan fascinantes.

Eso no pasa acá. Las pistas que dan son claras; pero es imposible llegar a la conclusión de la película con tan sólo esa información. Y eso hace que el final pierda toda la fuerza que podría haber tenido.

Es realmente una tristeza que la estructura escogida para el guion sea esta tan mediocre y débil, puesto que no logra cerrar lo que de otra manera hubiera sido una pieza cinematográfica alucinante, convirtiéndola en un hito, tal y como lo son los dos últimos filmes mencionados en este post. “Trance” tenía una inmensa y muy entretenida idea entre manos; pero fue ejecutada a la perfección por todo el equipo técnico y artístico, con excepción del guionista. Habrá que darle entonces la razón al gran George Clooney.