Un Genio Llamado Jim Carrey.

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Es, inmensamente fácil y tentador, calificar un actor de comedia como un «payaso». Un bufón encargado de producir carcajadas en la audiencia, producto de una personalidad extrovertida y temeraria, impulsora de actos circenses, muchas veces hilarantes, algunas veces humillantes. Pero son ellos, algunas veces, muchísimo más. Jim Carrey fue el último de esa estirpe, y tal vez igual de grande a todos sus antecesores. Charles Chaplin, Buster Keaton y, para sorpresa de muchos, Marilyn Monroe, son exponentes clásicos de esta figura que trasciende épocas. Porque parece ser, no existe nada más alejado de la realidad que esa caracterización simplista y, en muchos aspectos, bastante ridícula sobre ellos hecha.

Se deja abierto para el debate, pero las tres estrellas masculinas más grandes del cine en los años noventa fueron Tom Cruise, Tom Hanks y Jim Carrey. En el último caso, fueron sus muecas, su histrionismo, su salvaje expresión corporal, los rasgos de su actuación, de su arte, los que le dieron la adoración mundial. Todos estos elementos se consideran fallidos y equivocados dentro de los cánones que se conocen como un performance clásico, en sentido estricto son elementos de una sobreactuación que destruyen lo que debe ser un «actor de personajes», de «carácter», como se ha traducido en forma errónea en español la expresión «character actor«.

Jim Carrey
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«Why We Fight», Y El Negocio De La Guerra.

«Why We Fight«, documental dirigido por Eugene Jarecki, se estrenó en el Festival de Cine de Sundance el 17 de junio de 2005. La fecha del lanzamiento, tal vez desapercibida para la mayoría, fue escogida por ser ese día el 45 aniversario del famoso discurso de despedida del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower, en el que advirtió a sus mandantes sobre un naciente problema que engendraba a su interior todos los elementos necesarios para cambiar por completo su sociedad: la co-existencia entre el aparato productivo y el militar en un nuevo sector de la economía denominado el complejo militar-industrial. Para ser muy exactos, la apreciación de Einsenhower fue algo equivocada, puesto que las consecuencias del poderío de este sistema no recayeron sobre los norteamericanos, sino sobre el resto de pueblos del mundo.

La tesis expuesta por el filme tiene su génesis al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando los Estados Unidos, después de haber creado el ejercito más importante del mundo, se quedaron con un sistema bélico productivo muy eficiente, que daba mucho empleo; pero que no tenía razón para seguir existiendo, puesto que habíamos entrado ya, como especie humana, a una época de paz. Por otro lado, el ejército era tan inmenso, que era imposible encontrarle un enemigo capaz de enfrentarle, por lo que, patéticamente, una completa lista de guerras inventadas y falseadas habrían por venir, como medio de justificación y legitimación de esta industria.

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El Presidente Eisenhower, en el poster de «Why We Fight».

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