«The Social Network», David Fincher Anuncia Al Último Emperador.

La carta de Chris Hughes, miembro fundador de Facebook, solicitando al gobierno de los Estados Unidos el resquebrajar su antigua compañía de Internet, no debería ser tratada como un asunto menor o banal entre el marasmo de acontecimientos acongojando a todo el mundo. La red es ya el medio de comunicación de la sociedad moderna, el «país» donde hoy habitamos, la «nación» donde con nuestros pares interactuamos y el «ágora» donde nos informamos y comunicamos. Ese nuevo mundo creado tiene, por primera vez, un rey absoluto en el persona de Mark Zuckerberg, convirtiendo la situación en un hecho sin parangón en la historia humana. Y, como siempre se ha sustentado acá, el primero en anunciar un futuro con tal concentración de poder fue el arte; particularmente un filme, por poco perfecto: The Social Network, dirigido por David Fincher y escrito por Aaron Sorkin.

Eduardo Saverin, co-fundador de Facebook, fue claro y contundente al afirmar la notoria intención de la producción en ser «entretenida más no respetuosa de los hechos fácticos como si fuera un documental». Sheryl Sandberg, ejecutiva de alto nivel en la compañía, calificó a la obra como una «muy Hollywood» y de «ficción». Explicaba ella la necesidad de ese cambio por ser la mayor parte del tiempo de los emprendedores al momento de iniciar la compañía, uno usado para codificar y ordenar pizzas, por lo que acertadamente se preguntaba ella, «¿quién quiere ver una película sobre eso?» Y, por supuesto, está la famosa frase del propio creador de la red quien después de ver el filme alabó lo acertado del mismo… con respecto a su ropa. «The Social Network» no es la historia de Facebook, de cómo se creó, es una fascinante película basada en un hecho histórico como lo es la creación del gigante informático. Donde la película sí acierta a cabalidad, es a la hora de mostrar el nacimiento de un emperador moderno, posiblemente el más grande habido jamás.

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«Silence», De Martin Scorsese, La Fe Del Maestro.

En «The Dreamers«, la obra cinematográfica que tiene como autor al gran Bernardo Bertolucci, el personaje de Theo, un joven y apasionado cinéfilo, recuerda a otro de iguales características llamado Matthew aquella famosa sentencia del gran Francois Truffaut que clarifica que «Nicholas Ray es cinema». Hoy, algún famoso crítico de cine que ocupe los espacios en la sociedad desde la que el francés fuertemente influyó, podría decir que «Martin Scorsese es cinema»; pero también, que Scorsese es religión.

Y es que el sustento de la sentencia se haya al leer el fascinante libro «Conversations With Martin Scorsese», una recopilación de varias entrevistas dadas por el cineasta durante su carrera, donde se explaya con mucha naturalidad sobre el arte que tanto domina y que a él obsesiona. En una de ellas, dice él que cada vez que viaja se da cuenta de que realmente no es ateo, porque apenas comienza a despegar el avión su miedo lo obliga a rezar y a pedir a Dios que lo ayude.

Scorsese enfrenta el silencio de Dios frente a los actos de maldad en su última película.

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