Rambo, La Enfermedad de la Guerra.

La nueva película de John Rambo, “Rambo Last Blood”, promete cerrar un ciclo icónico de una generación que protestó por la guerra de Vietnam a través de un movimiento masificado que exigía la paz. Desde “First Blood”, estrenada en 1982, la concepción del personaje se ha orientado más a su espectacularidad y la exageración de sus capacidades asesinas en lugar del horror sutil que nos expone. Si bien John Rambo es capaz de acabar con la policía, ejércitos o cárteles enteros, nunca ha sido capaz de alcanzar la redención por el primer y único error que cometió: su incapacidad para no asistir a una guerra que sin ser suya, su propio país le obligó a combatir.

Esta última versión del legendario paramilitar, nos ofrece desde su primera escena una retrospectiva de la primera gran entrega. Enfrentado ante una catástrofe natural, la secuencia inicial nos recuerda la primera lucha que libró con la policía local al mando del sheriff Will Teasle (Brian Dennehy). La secuencia es nostálgica porque se resalta con toda la crudeza el primer ambiente que enfrentó un veterano de guerra que, en la época de los años 80 regresaba a su país. En aquel entonces, un joven aunque ya experimentado Rambo, llega al pueblo de Hope (esperanza) con el interés de visitar a uno de sus compañeros de unidad. Descubre a su llegada, tristemente, que ha muerto él de cáncer debido a ciertas exposiciones a las que se sometió en la guerra.

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«Brightburn», El Salvaje y Cruel Individualismo.

«Brightburn» es una película estadounidense dirigida por David Yarovesky. Y no podía ser de otro país, porque de todas las posibilidades, de todas las latitudes del mundo, los seres extraterrestres con poderes sobrehumanos pertenecen a esta región del planeta. Lo anterior no es un reproche, sino una identidad que Brian y Mark Gunn, guionistas, han sabido entender mejor que nadie: así como Clark Kent forma parte de un imaginario social norteamericano que puja por una renovación de los valores humanos, Brandon Breyer pertenece a una nueva cosmovisión del mundo en donde la individualidad exige un respeto por los ideales propios. Las diferencias ético-estéticas entre Kent y Breyer son claras: mientras que el personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster en 1933 narrativamente arribó a la tierra durante un periodo entreguerras, lo que probablemente motivo a sus creadores a contar una historia de un superhombre bondadoso, el extraterrestre de los hermanos Gunn encuentra en el influjo de la individualidad un atractivo tan poderoso como seductor.

Pero centremos la atención en Brightburn. La película coloca al espectador en la tan anhelada esperanza de una libertad absoluta. La relectura propuesta por la película a todas luces reconoce los bordes narrativos de «Smallville«,  en donde el valor de la vida familiar y el amor de unos padres es suficiente para controlar las fuerzas exorbitantes de un Kal-el que en su crecimiento aprende a luchar contra sus impulsos. Sin embargo, esta nueva propuesta cinematográfica apuesta por una visión más realista descansando en esa posible realidad todo el horror de la película: ¿qué ocurriría si, verdaderamente, un ser extraterrestre llegara a la tierra? ¿Bastarían los esfuerzos de los padres terrestres? La respuesta es contundente: si nuestra naturaleza humana puede superar la individualidad y apostar por la vida comunitaria, nada garantiza que esta sea una característica del súper-humano. Los primeros minutos de la película se esfuerzan en hacer patente esta idea: no importa cuánto amor, cuántas relaciones, cuántos cuidados se prodiguen a un miembro familiar que no es humano, al final la naturaleza del individuo en cuestión prevalecerá por sobre todo lo demás.

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