«The Rock», De Michael Bay, Cine De Acción Para Contemplar.

Parece una la leyenda moderna, pero no lo es. En medio del rodaje de «The Rock«, los más altos ejecutivos de Disney (financiadores del filme) enviaron a uno de sus asistentes por Michael Bay, el director de la cinta. Al percatarse del hecho, Sean Connery, a la par protagonista, estrella y productor del filme, se levantó de su silla y le solicitó al cineasta le compartiera a dónde se dirigía. Una vez escuchó la respuesta y sabiendo por donde iba todo el asunto, le pidió permiso para acompañarlo. Al pasar por las puertas de la oficina donde era esperado el realizador, los hombres representando a la corporación del ratón Mickey dejaron caer su boca impactados por la sorpresa de encontrarse cara a cara con el intérprete, quien fungía de escolta de su jefe en los rodajes, portando un traje de los regulares en los campos de golf. Connery fue enfático al pisar la salas de juntas: «Dejen en paz a este muchacho que está haciendo un gran trabajo».

¿Quién podría creer hoy que, el mediocre encargado de la saga de «Transformers«, inspiraba el respeto y respaldo de un peso pesado del séptimo arte como lo era aquel que dió vida a James Bond? Hoy, desde todos los aspectos, Bay ha involucionado a un tipo de creador cinematográfico básico: mujeres sexys, explosiones, persecuciones… sin poco más por ofrecer en su filmografía. Sus cintas son meros videojuegos con lo más suave permitido por la censura en cuanto a sexualidad y violencia. Pero al iniciar su carrera, después de dar el salto desde el mundo de los cortometrajes, comerciales y videoclips, impresionó a propios y extraños al presentar a las audiencias globales su segundo largometraje: «The Rock».

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La historia del filme estuvo a cargo de David Weisberg, Douglas Cook y Mark Rosner, guionistas apoyados por Quentin Tarantino, Jonathan Hensleigh y Aaron Sorkin, los tres últimos unos a quienes el sindicato de escritores les negó la aparición de sus nombres al no haber colaborado en al menos la mitad de las escenas filmadas. El barullo de manos trabajando en las palabras a recitar y las secuencias a coreografiar, fue lo necesario para realizar una profunda e interesante situación de densa carga dramática, generadora legítima de situaciones extremas cuya consecuencia es el desprendimiento de momentos violentos, como medio o forma de resolución de ellas, prestando el escenario perfecto para crear un clásico del género de acción. Un guión entretenido, sólido, perfectamente estructurado, cimentaría la estructura sobre la cual se insertaría una puesta en escena alucinante.

La película encuentra en el secuestro ejecutado por el Brigadier General Francis X. Hummel (Ed Harris) a un grupo de turistas visitando la cárcel de Alcatraz, «La Roca», la fuerza impulsora de los hechos. «¿Es «La Roca» un lugar turístico ahora?», pregunta en algún momento un Connery en su faceta irónica más Bond. Su objetivo: usar a las víctimas como medio de presión para obligar al gobierno a pagar lo debido, lo justo, a los familiares de los militares asesinados en operaciones encubiertas e ilegales alrededor del mundo, todas ellas organizadas y ejecutadas por las fuerzas castrenses de los Estados Unidos, bajo el mando de su gobierno. Pasado el luto por la partida de su esposa, el general entra en un desespero aterrador, una carcomiente frustración influenciadora a cometer semejante acto de terrorismo.

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Don Simpson, afamado productor conocido más por su salvaje estilo de vida que por sus películas, fue en gran parte responsable de crear el personaje de Hummel, inspirándose en un segmento de «60 minutes» sobre la constante negativa del gobierno de los Estados Unidos a reconocer a los soldados que habían muerto durante misiones encubiertas en el extranjero. Absorto ya en el tema, leyó las memorias del coronel David H. Hackworth, un texto crítico de la planificación de su país durante la Guerra de Vietnam, fusionando ambas historias hasta estructurar la base de Hummel. Su pasado, el del personaje y, como lo describió Jonathan Hensleigh, fue lo necesario para crear «un villano realmente convincente: un soldado con un fin noble, pero, desafortunadamente, psicótico».

Impresiona y enaltece al filme el mensaje dado sobre las malas prácticas de las fuerzas castrenses. Pero esa valiente posición no es la acostumbrada en una producción a cargo de Jerry Bruckheimer, reconocido lamebotas del estamento castrense de su país. Palabras tan inauditas como: «Si vas al Pentágono y les solicitas que te presten sus aviones, sus submarinos, sus equipos, no van a querer que hables mal de ellos», salieron de su boca. Sobresale, por supuesto, lo obvio: no son suyos esos equipos, sino del Estado, del pueblo. La crítica del filme a cómo se maneja esa parte del gobierno es profunda, severa y, sobre todo, como menciona el escritor: justificadora de tal acto. Aunque, con su toque de propaganda belicista: deja claro el filme, especialmente en la escena con el Jefe del Gabinete del Gobierno en la primera conversación con Hummel, que los militares son los «hombres», mientras que los civiles los «niños» en la sala.

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Debates tan profundos son ausentes en la casi totalidad de la filmografía del autor audiovisual. Pero además, «The Rock» sobresalió por poseer un estilo visual alucinante. Bay traía un manejo de cámara innovador, estilizado, impactante. Sus planos eran ágiles, con un perfecto manejo del gran angular transformador de la imagen, siendo el truco uno poco notable para el espectador. Su marca más notoria: los grandilocuentes movimientos de cámara, acá son comedidos y permiten crear momentos icónicos dentro del séptimo arte: Stanley Goodspeed (Nicolas Cage) de rodillas en Alcatraz, enviando señales de humo a un F-18 pronto a lanzar una bomba capaz de destruir la cárcel; John Patrick Mason (Sean Connery) destrozando una moneda para quebrar un vidrio en una sala de interrogatorio; y, sobresaliendo, el misil sobrevolando San Francisco y dejando atrás un estadio lleno de ciudadanos en medio de un encuentro deportivo.

La obra funciona porque la historia permite el uso de un estilo visual tan impresionante como el de Bay; pero, porque en cada fotograma del metraje el director está enfrascado en contar, precisamente, la historia. El estilo al servicio de la narrativa siempre será una fórmula para el éxito en el cine, al hallarse una justificación para una puesta en escena altilocuente. Y la de Bay sobrepasa a la media. La intensidad vivida en las oficinas del FBI al enterarse han recibido una caja con un dispositivo para esparcir un gas venenoso es suprema. Un Bay inspirado se permite el uso de las herramientas audiovisuales más ambiciosas posible; pero al estar ajustadas a ellas a un solo propósito: hacerle sentir a la audiencia el pavor vivido por los personajes en ese momento, no se siente excesiva ni por un segundo.

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Una vez adueñado de la cárcel de máxima seguridad, la amenaza que el General emite es el estar dispuesto a lanzar unos misiles con un contenido químico inmensamente letal sobre la ciudad de San Francisco, en caso de no ser obedecidas sus demandas: la compesación por los beneficios que el militar cree que sus familiares y amigos merecen. El gas, el VX, es un arma letal espantosa. Pero para ponerla a funcionar, se efectúa una mezcla en un dispositivo a través de una acción poco visual, nada cinematográfica. De ahí que, escritores y equipo de diseño de producción, a cargo de un regular de la casa Bruckheimer, Michael White, inventaran las esferas verdes tan icónicas de la película. Una herramienta narrativa fantástica; pero tan potente que se convirtió en una tragedia.

En 2016, Tony Blair y el parlamento del Reino Unido en pleno, forzados por una opinión pública colerizada, desclasificaron el material de inteligencia usado como base y justificación para atacar a Irak en la invasión por Estados Unidos en el 2003. Científicos, estrategas militares, políticos, pero sobre todo, los escritores de «The Rock», quedaron estupefactos al leer que, el informante secreto había declarado tener total certeza de la construcción de armas de destrucción masiva por parte de Sadam Hussein, al ver las esferas verdes, como las de la película, que contenían el gas mortífero. «Una absoluta estupidez», declaró Weisberg al referirse al hecho. Un arma de destrucción masiva, un gas contaminante tan letal, jamás sería movido en un compartimento tan inestable y arriesgado, como declaró con energía Foreign Policy. Y sin embargo, la mentira hecha verdad a través del cine, llevó a una espantosa guerra basada en puras falsedades.

The Rock (1996) Directed by Michael Bay Shown: Sean Connery, Nicolas Cage

Posiblemente no haya amenaza más terrible para el ser humano que el uso de armas químicas. El hecho justifica que tanto militares como el FBI acudan a sus más capaces herramientas para detener el peligro: los primeros, un escuadrón de rescate, el segundo, un químico capaz de desarmar los dispositivos. Pero, ¿cómo entrar a una cárcel que, durante décadas, logró evitar que casi todos sus prisioneros escaparan? Adquiriendo para el equipo al único que pudo salir de ahí. Es una decisión narrativa muy fuerte y lógica secuestrar en una cárcel de máxima seguridad a un grupo de ciudadanos, pues la acción garantiza la permanencia de los rehenes en el recinto al ser imposible escaparse, así como entrar en ella. Y de esa forma, se avala el que haya que recurrir a Mason como único fugado de la prisión, ergo, único capaz de entrar sin ser detectado.

Deja claro el argumento la solidez de la historia. Desde ahí, se desprenden hechos sumamente encadenados que justifican todas las espectaculares secuencias que se van creando, tal vez con dos excepciones. Una, la entrada de Mason a la cárcel a través de las calderas, criticable no porque sea sencillamente imposible de hacer, dado que es esto cine y de eso se trata, sino porque en un complejo ya no en funcionamiento, pues las calderas no estarían encendidas. El otro elemento, la persecución en canastos de metal sobre los ferrocarriles, dado que Alcatraz no fue nunca una mina. Pero, como con gran sapiencia dijo su director sobre ambos «errores»: «Esto es un entretenimiento, ¿no?». En general la película se sostiene no porque sea real, que no debe serlo, sino por ser creíble, que es su objetivo. Nunca ha habido una toma de rehenes así, por decir algo, pero es un hecho fáctico que los gobiernos se olviden de los hombres que envían a luchar las guerras que ellos se inventan, por lo que es creíble que estos soldados, entrenados para este tipo de situaciones, usen sus conocimientos y entrenamientos para presionar al gobierno como mejor saben hacerlo.

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Los mejores clásicos del género de acción cuentan con dos elementos sumamente compatibles: una inmensa destreza técnica de los artistas detrás de cámaras, que sirve para contar de manera espectacular una historia intrigante; y la aparición de situaciones extremas que llevan al ser humano a actuar de manera increíble. «The Rock» contiene en demasía de ambos. El uso de la iluminación fuerte, con los ángulos y movimientos de cámara sofisticados en medio de un sutil slow motion y una edición muy allegada a los videoclips, fueron los elementos que aportó Bay al cine de acción, y que llegaron a compaginar a la perfección. El cine de Van Damme, Stallone, Willis o Schwarzenegger, maduró en su puesta en escena durante los noventa, pero no alcanzó nunca tal nivel. Las secuencias de esta película son grandilocuentes y poderosas, también filmadas con rasgos elegantes, presentando un aspecto visual novedoso para la época, contrayendo como recompensa un inmenso éxito de los aficionados a este tipo de cine.

Un respetado equipo artístico llenaba la pantalla de este film. Sean Connery es perfecto en el papel de un espía británico de los años sesentas (¿suena a algo?) que fue encarcelado de por vida sin juicio y sin ninguna posibilidad de salir libre. Nicolas Cage, siempre en el papel de Nicolas Cage sin importar qué película sea la desarrollada, tiene toda la pinta de un muy entregado trabajador de escritorio oficinista de una agencia gubernamental, que se ve obligado por las circunstancias a sacar a relucir lo mejor de su entrenamiento castrense. Pero si de alguien se debe hablar, si de un personaje y un actor se merece los aplausos del respetable, es Ed Harris. Su fuerza inmensa en la interpretación, deja ver un perfecto militar en la pantalla, con una intimidante y poderosa presencia. Su registro es impactante, eso a pesar de él denigrar de él, pues sentía los primeros planos excesivos del director mataban su interpretación.

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La nominación al Oscar por mejor diseño de sonido es un reconocimiento de la Academia a su inmensa calidad técnica. Pero siquiera pensar en otorgarle un crédito más, especialmente en los apartados artísticos, se convertiría en una herejía. Parecen ciertas las palabras de George Lucas al referirse a por qué él nunca obtuvó un Oscar: «No le dan Oscar a películas populares», sentenció el afamado realizador. Bruckheimer tiene su opinión sobre el asunto: «Si estuviera lleno de premios de la Academia y alabanzas de los críticos, no viviría en la mansión que vivo». Quentin Tarantino, quien supervisó este texto, avivó la controversia en su guión de «True Romance«: «Los Oscar están llenos de películas que no se puede ver, basadas en libros que no se pueden leer».

Es entendible el rechazo de la crítica cinematográfica a obras con violencia gratuita y secuencias exageradas desconectadas de toda realidad. Pero una historia poderosa, tensionante de principio a fin, justificando desde la narrativa cada momento de acción, no es un entretenimiento superfluo e indigno, al que se pueda mirar con soberbia. El cine alcanza su máxima cuota al hacer creíble lo imposible, mientras sea perdurable en el tiempo. «The Rock» no ha perdido un ápice de calidad, fuerza y elocuencia visual, a pesar de que, desde su estreno a hoy, se ha desatado una revolución tecnología en el cine sin precedentes. Merecedora de otorgarle el título de un clásico del género, posee ella varias secuencias de acción que la hacen vivir en la memoria colectiva de todo los amantes de este cine: la persecución en el Ferrari, la secuencia final cuando los aviones explotan la cárcel, el intento de rescate de los marines, el robo de las armas químicas….

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“The Rock” recaudó más de 325 millones de dólares a nivel mundial, convirtiéndose ella en el inicio de la faceta de héroe de acción de Nicolas Cage, así como en el fin de la de Sean Connery como espía en el universo del cine y, produciendo suficiente rentabilidad para seguir pagando la mansión de Jerry Bruckheimer. Varios lustros después, Warner Bros trató de llamar la atención de los premios de la Academia postulando a «The Dark Knigth Rises» a mejor película; acción seguida por Disney algunos años después con «Avengers: End Game«, recibiendo un rechazo cada uno de los estudios. Ni la taquilla, los grandes nombres o los mejores productores logran hacer torcer el brazo de los estudiosos del séptimo arte. No obstante, algo de justicia se hizo. Criterion escogió el filme como uno a ser parte de su elitista lista de producciones a conservar en el tiempo.

Paul Thomas Anderson contaba que, en una clase de la escuela de cine de la Universidad de Nueva York, a inicios de la década los años noventa, un profesor arrancó su clase con un increíble: «Si a alguno de ustedes les gustó «Terminator 2«, por favor abandonen el salón». Como el afamado cineasta comentaba: «A mí «Terminator 2″ me pareció una gran película». Puede gustar o no el cine de acción; lo que es imperdonable es desprestigiar todo de él. Existen grandes dramas y otros infumables; exacta misma situación ocurre en todos los géneros. «The Rock» es una cinta de acción, con una historia impactante y perfectamente estructurada, una que un verdadero amante del cine no tendrá ningún problema en disfrutar al detallar su alucinante puesta en escena, dándose un deleite visual completo al contemplar cada plano de ella maravillado.

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