«Once Upon A Time In Hollywood», El Fin De Una Era.

Si en aquella maravillosa década de los años noventa se hubiera creado un filme con un cartel de igual magnitud al poseído por la última película del enfant terrible del cine, la taquilla de «Titanic» y «Avatar» serían tan solo un porcentaje de lo que esa hipotética producción hubiera alcanzado a recaudar. Un trailer promoviendo un filme dirigido por Quentin Tarantino, con Leonardo Dicaprio y Brad Pitt como protagonistas, sería la fórmula perfecta, el santo grial de cualquier productor de la meca del cine. El realizador, de hecho, se autodenominó uno de los «más afortunados de la historia por poder tener a los dos». Si a la fórmula se le agrega Al Pacino… Pero en estos días, y a más de un mes del estreno de «Once Upon A Time In Hollywood«, sorprende que el filme produzca números importantes; pero lejos de ser una cantidad de dinero envidiable en comparación.

Medios de renombre internacional, durante la etapa de promoción, afanosamente crearon sendas piezas sobre el actor hecho ya su propia marca liderando esta producción. Con mucha razón la prestigiosa The Hollywood Reporter definió al intérprete como su propia «franquicia». Entre sus líneas se estructuran ideas tan fuertes como que, mientras Robert Downey Jr. tan solo hace billones como Iron Man, Dicaprio logra taquillas impresionantes en obras de gran talla artística como «The Revenant» e «Inception«. No del todo cierto; pero con mucha validez toda la hipótesis. Y se presenta como argumento para sustentar que si tenemos la capacidad de analizar sin pasión, debemos aceptar la dolorosa realidad de que el trío más prometedor del séptimo arte no funcionó según lo esperado, permitiéndonos presenciar el fin de una era, alucinante e inolvidable, en Hollywood.

rase_una_vez_en_Hollywood-833569695-large

Guillermo Arriaga explicaba su separación de Alejandro Iñárritu por el afán de considerarse el director mexicano el autor de las obras en conjunto realizadas. Michael Mann deja claro que, para él, el cine es un medio del director, como autor último e indiscutible de la obra audiovisual. La verdad es que Iñárritu y Mann han logrado carreras exitosas sin contar con el mismo equipo de producción en sus obras, por lo que su posición válida su autoría como los realizadores exclusivos de sus obras. Pero para Quentin Tarantino, la pérdida de Sally Menke y, en esta última, de Harvey Weinstein, ha sido indudablemente devastadora.

Al final de cada toma de «Inglourious Basterds«, los actores se acercaban a la cámara a recitar una línea no escrita: «Hello Sally», en honor a la persona quien unos días después estaría poniendo sus manos en las imágenes filmadas. Para los amantes del cine de Tarantino, Menke es la heroína anónima en la filmografía del director. El éxito indiscutible de sus dos primeras películas, «Reservoir Dogs» y «Pulp Fiction«, mucho le deben al ojo, ritmo y ordenanza de la historia que hizo ella. Cualquiera que haya visto las escenas eliminadas de ambas obras, especialmente la segunda, otorga a la editora gran parte del éxito alcanzado con el tándem. Su último filme con el cineasta que a la fama catapultó, fue precisamente el de los bastardos, definido por el mismo autor como la obra con su firma que más se preservará en el tiempo. De ahí en adelante, toda película del cineasta ha fallado completamente en encontrar el ritmo vertiginoso, armónico e impactante acostumbrado en él. O son demasiado largas, («Django Unchained«), o harto tediosas («The Hateful Eight«) o increíblemente condescendientes («Once Upon A Time In Hollywood»).

Once-Upon-Time-Hollywood-Movie-Posters

Dan Rather, afamado periodista de los Estados Unidos, en entrevista especial con el director, calificó, en forma acertada, el uso de la música por parte del cineasta como «legendaria». «Once Upon A Time In Hollywood» vuelve en esa senda. Varios de los temas escogidos para el filme son ya parte de la listas de Spotify de quienes hayan visto la última producción del director. Pero ver a Cliff Booth atravesar todo Los Ángeles, incluso al son de «Out of Time» de Chris Farlowe, es tedioso para incluso el más aficionado a la canción, al actor o al director. Toda la secuencia de la mansión Playboy, ¿tuvo un objetivo diferente a mostrar lo bella que es Margot Robbie? Sí, se buscaba hacer del año 1969 un cuento de hadas antes de los desastres causados por la familia Manson (se refirió Tarantino a que la presencia de la actriz era angelical, dado que es como si ella no estuviera en la película, sino en nuestros corazones); pero incluso en tan bellas representaciones las reglas del cine se aplican. Es un atrevimiento permitido en forma exclusiva a los fanáticos; y, presentando esa característica como nuestra condición, lo hacemos sin miedo: Sally Menke jamás hubiera permitido tal presentación.

«Once Upon A Time In Hollywood» se estrenó en el festival de cine de Cannes, 25 años después del realizador alzarse con la Palma de Oro, en un intento baladí por repetir la hazaña. Muestra patética de la estrategia publicitaria por Sony impulsada: convertir esta obra en una «Pulp Fiction II», un juego al que el director accedió a participar al llamar su texto y película la «más cercana a «Pulp Fiction» entre todo lo por él realizado. Pero si Fred Raskin (quien fue editor asistente en «Kill Bill«) no es Sally Menke, Tim Rothman (mandamás de Sony) no es Harvey Weinstein.  El ejecutivo, proveniente del majestuoso 20Th Century Fox, es una de las leyendas de Hollywood; pero una cosa es desarrollar y promocionar franquicias y otra muy diferente hacerlo con obras de autor. De hecho, el trabajar en la publicidad de este filme como si de una sécula se tratara, es de una falta de visión enorme, buscando modelar una estructura de negocio de grandes franquicias a cine de autor. Por supuesto, todos somos sabios desde la cómoda posición de analizar el pasado, pero ¿en qué cabeza cabía que este filme iba a ser una secuela de «Pulp Fiction»? Al no ganar en Cannes, toda la estrategia abajo se vino y, ya preparándose para la carrera al Oscar, trataron de hacer otra ridícula comparación con la «Roma» de Alfonso Cuarón.

4c5bbfdc8cb8bed6695df0e60be4a05d

El fuerte de la obra habría de reposar entonces en el dúo más «impactante en la historia del cine desde Paul Newman y Robert Redford«, según palabras de Tarantino en la presentación del filme. Solo el tiempo dirá si Dicaprio y Pitt dejan una huella tan profunda en el séptimo arte; pero lo que sí es cierto es que ni Pitt ni Dicaprio son los nombres de los años noventa o principios del milenio que arrasaban en taquillas globales con sus películas. Aunque las cifras por ambos producidas en sus producciones son importantes y más que suficientes para las finanzas de los inversionistas, palidecen por completo frente a los grandes éxitos taquilleros de nuestra era. «Once Upon A Time In Hollywood» ha recaudado 315 millones de dólares a nivel global sobre un presupuesto de 90; lo que es suficiente para hacer caja el estudio (se calcula que más o menos después de triplicar el presupuesto en taquilla se alcanzan ganancias en la ventana de cine), pero el dinero recaudado no le es suficiente ni para entrar entre las 15 más vistas del año.

Si los dos actores principales no tenían la suficiente fuerza, quedaba por supuesto la obra del autor en cuestión. Y tampoco es el Tarantino de nuestra era, el genio indiscutible que sacudió las salas de cine del mundo en los años noventa. Mucho esfuerzo se ha hecho para presentar el texto del filme como una obra de indiscutible genialidad, poco entendida por mentes inferiores incapaces de comprender tal magnificencia. Es un guion perfectamente estructurado y con brillantes conexiones de la realidad, transformando su historia en una basada en la vida real, pero la que decidió moldear a su gusto. Tarantino, al igual que Dicaprio, crecieron en Los Ángeles y, para ambos, el impacto de la cinta conectaba con sus emociones más internas. La recreación de ese mundo fue maravillosa, según los que allá vivieron. El problema es que la gran mayoría de la humanidad de hoy no vivió allá, en esa época y, por lo tanto, la fuerte carga emocional del filme no conecta.

brad-pitt-y-leonardo-dicaprio-recordaron-como-fue-trabajar-con-luke-perry-en-once-upon-a-time-in-hollywood-4
Alexi Lubomirski para Esquire

Donde la película sí sobresale es en su final. Bien hizo Quentin Tarantino en solicitarle acaloradamente a los presentes en Cannes el no revelar nada de su último acto, dejar que su historia llegará a los ojos de los aficionados sin posibilidad de anticipar su magnífico y brillante desenlace. A The Guardian el cineasta confesó que esa escena lo había perseguido durante cinco años y, claramente, todo el filme está hecho para enamorarnos de una era, la que llegó a su final por los asesinatos en la casa de Roman Polanski. 1969 marca el fin del hippismo, del cine clásico de Hollywood y de la inocencia de un país convencido de vivir en un idilio. Tarantino recrea ese mundo para sus espectadores revivirlo: la dicha, la alegría, la magia que en sus postales presentaba, son los elementos sosteniendo la escenografía de un mundo recordado con enorme añoranza en cada plano. El fin de esa era es el fin de un cuento de hadas.

Por eso el director decide crear un universo paralelo a la realidad, una mejor, más bella, más cercana a sus deseos, como todo cineasta debe hacer. El cine, sostenemos acá, es para superar la vida y Tarantino en eso es único. Cuando el personaje de Sharon Tate entra al cine a ver su propia película, el director usa metraje del filme original y no una recreación, colocando en pantalla a la verdadera mujer. Eso es mágico. En «Adaptation«, la increíble película escrita por Charlie Kaufman y dirigida por Spike Jonze, se concreta el ejercicio de metacine más impresionante visto por quien estas líneas escribe: se hace toda una película terriblemente aburrida para comprobar la máxima de que el final es lo único que importa en un largometraje. De hecho, en la historia, que trata sobre un escritor adaptando una novela a una película, la lección es recibida por el escritor en una clase de guiones y desde ese momento una alocada, fascinante y espectacular secuencia de hechos se desatan, quitando la respiración al espectador.

once-upon-a-time-in-hollywood

Tarantino logra esa máxima acá: quienes se aguantan la obra hasta el final no se arrepienten ni por un segundo. Parece imposible concordar con él en su calificación otorgada a esta obra, a la que se refería de manera constante como su «Magnum opus». Pero su cierre sí es uno digno de eterna recordación. Para el director los hechos que acabaron con la vida de Sharon Tate marcaron su existencia. No podía ser de otra manera para alguien enamorado de todo el acontecer del séptimo arte y quien calificó este guion como «su más personal». De ahí que se hicieran referencias al nacer de Sergio Leone (su director favorito), se vieran copias del póster de «The Mercenary» con Franc Nero (el Django original) y la aparición del teatro New Beverly (propiedad del director). Y, más importante, es que así como finiquitó al gran enemigo del siglo XX en una sala de cine, es en una película donde logra el artista hacer justicia y superar todo el odio, toda la tristeza y toda la rabia que sintió al escuchar la noticia que impactaría por completo a Hollywood y terminaría con un era de ensueño.

Sí, 1969 fue el último año de un mundo feliz para los Estados Unidos y el que abrió las puertas a una década de profunda crisis, con noticias horrorosas en la televisión todos los días. No era que en la década de los sesenta no ocurrieran hechos espantosos; pero sí eran ignorados gran parte de ellos. El fin de la inocencia no permitía seguir creyendo el estar viviendo en «Camelot». Pero 2019 es el fin de una era en el cine, una en la que los tres nombres más poderosos del séptimo arte no son capaces de crear una película realmente trascendental, ejecutar una producción profundamente poderosa, ni barrer con los premios más importantes del séptimo arte (aún no llegan las nominaciones al Oscar; pero en su primera aparición salió sin un solo reconocimiento). Es una realidad, el medio evoluciona y hoy estamos en una etapa de transición sin tener claro a dónde se dirige toda la revolución del digital. Tal vez, tenga razón el otrora genio de Hollywood cerrando su ciclo en el cine.

once_upon_a_time_in_hollywood___quentin_tarantino__by_shadrach_delmonte_ddda2i7-pre.jpg

 

 

Anuncios

Deja un comentario