El “Trailer” De Cine, Una Historia Por Contar.

Algunas veces son una pequeña obra de arte hechas para vender una gran producción. Otras, un completo enemigo del aficionado al arruinarle las sorpresas y la totalidad de los giros en la historia a ser presentados por la película. La mayoría de las veces, nada distinto a una pieza comercial . Lo que sí son, lo que sí se han ganado es su espacio como un elemento esencial del arte tan amado.

No hay, ni ha habido, herramienta más importante para un productor que el conjunto de imágenes organizadas para presentar un futuro filme a estrenarse, como medio de promoción, al que erradamente se ha llamado trailer (Hollywod es especialista en poner nombres equivocados a sus cosas). Es comprobado, una y otra vez, que las taquillas de cine revientan al protagonista fallecer antes del estreno (Heath Ledger, Paul Walker, Michael Jackson), pero Hollywood aún no ha llegado a tanto y, por eso, los cortos (como muchos de los hispanos le decímos) sigue siendo la estrategia rey.

Para explicar el nacimiento de este instrumento publicitario es indispensable entender cómo funcionaba la industria del séptimo arte en sus orígenes. En una época donde la televisión no se había inventado, las salas de cine ejercían el papel de las salas de la casa de hoy: las personas pagaban una boleta y entraban a ver cuanta producción desearan, entre ellas, los seriados.

Uno de ellos, “The Adventures of Kathlyn“, es citado de manera constante como aquel donde se dió la génesis de los trailers. Al final de un capítulo, el personaje principal es encerrada en la jaula de un león y de la cinta explotá la frase escrita en blanco: “¿Será que podrá escapar Kathlyn?”, iniciando la promoción cinematógrafica. Un año después, en 1913, el ejecutivo encargado de la publicidad de la cadena de teatros Loew, Nil Granlund, quien pasaría después a fundar MGM, tomó un conjunto de extractos del próximo musical a presentarse en sus salas: “The Pleasure Seekers“, el que proyectó a sus audiencias al finalizar las películas. Marcus Loew, propietario de los teatros, admiró la pieza y le solicitó al ejecutivo hiciera más de ellas para otras obras. Un año después, las producciones de Charles Chaplin se presentarían el idéntico mecanismo y la revolución comenzaba.

El gran problema con el instrumento recién creado era que, por su origen, el mismo se disponía al final del metraje, llevándolo a proyectarse una vez la película había concluido. De ahí su nombre: “trailer”, lo que no sería errado traducir en este caso como “al final”. Al ver que el impacto del mismo se reducía, producto de la falta de público al momento de ser proyectado, consecuencia obvia de las personas ir abandonando las salas al iniciar los créditos (una mala construmbre que continua), los ejecutivos lo cambiaron de posición y se dispuso su presentación al principio. Por alguna razón, el cambio de lugar no llevó a uno de nombre. Aunque en años posteriores “Previews” y “Coming Atractions” se usaron como intento de reemplazo, el título de trailer permaneció como el favorito y su uso hasta hoy parece irremplazable.

En el sistema capitalista empresarial de los Estados Unidos, una organización habría de nacer para solventar la inmensa demanda de este producto. El National Screen Service (NSS) sería un monopolio durante cuatro décadas, prestando a los teatros el material promocional que ya se había establecido como el preferido del público para enterarse de los próximos estrenos. Pasó muy poco tiempo hasta que los estudios decidieron trabajar de cerca con la NSS, prestándoles los filmes de los que saldrían los cortos. Todos, se establecieron de forma harto regular, un esquema fijado que a hoy se ve inmensamente básico, pero que la nostalgia lo transforma de inmediato en algo tierno. Con la llegada del sonoro tan sólo el aspecto auditivo habría de incorporarse, pero realmente, la estructura del mecanismo permanecía intacto: grandes palabras proyectadas sobre las imágenes buscando capturar el interés de la audiencia.

Pero llegaría “él“, y con su ingenio hasta la forma de hacerle publicidad a las películas habría de transformar. Proveniente del inmenso “Mercury Theatre” y dispuesto a dar el salto de la radio a la televisión, el autor crearía un trailer donde hacía gala de toda la situación antecediendo a la gran producción. “Citizen Kane” fue un terremoto artístico; pero antes fue uno que barrió con todos los cimientos de la industria. Welles venía de revolucionar la radio, incluso de poner a todo el país en pánico después de la transmisión de “War Of Worlds” de H.G. Wells, por lo que Hollywood iba a ser todo lo posible por traer al niño genio del entretenimiento. Y él cumpliría, fue el público de la época el que falló. Y su primer regalo al cine, un trailer alucinante para el momento, donde dejaba claro que había un nuevo hombre en el pueblo. Su ego fue siempre su gran aliado y su peor enemigo. En este caso particular, su idea fue genial: en vez de mostrar el personaje, creó un aura de misterio inmenso sobre él.

El final del “sistema de los estudios”, esa época cuando los mandamases de los majors dominaban por completo la industria, dio paso a la de los directores como jefes de las películas; pero de los actores como el principal gancho publicitario: el “star system”. Pero había ciertos cineastas, cuyo nombre era más grande en la marquesina que el de cualquier estrella. Y entre ellos, el más sobresaliente sin duda alguna era Alfred Hitchcock. Y por supuesto, además de sus famosos cameos, el hombre encontraría su espacio para ponerse en el centro de la promoción de sus obras. Lo llevó a otro nivel en su obra maestra, “Psycho“, la que además contaba con una lista de previsiones, enviada por el mismo director a los teatros, sobre cómo debrían de reaccionar a las audiencias enfermas del terror que habrían de presentarse como consecuencia de ver su película. El cortometraje es el maestro relatando los crímenes a ver en la pantalla en su filme, lo que generaba un aura de misterio e intriga en las audiencias. Teniendo en cuenta el clásico que es el filme hoy, ver al genio paseando por los distintos set de su obra es una absoluta gozada. Finaliza con un hecho que es una anécdota exquisita: Janet Leigh ya había culminado su rodaje al momento del director hacer esta especial obra, por lo que se contrata a otra actriz, Vera Miles, para tomar su rol en el insignia momento final, escondiendo su rostro con los títulos de la película. Un genio absoluto.

Y en esas entraría al arte del cine como un terromoto un joven con el nombre de Stanley Kubrick. Con un control absoluto de sus obras, el creador estaba dispuesto a romper todas las reglas tanto en las películas que habría de hacer, su forma de contarlas y, evidentemente, el cómo habría de hacerlas llegar al gran público. En la entrevista dada por Vladímir Nabokov a Penelope Gilliant, el famoso escritor relataba la inmensa cantidad de dificultades habidas al momento de adaptar su famosa obra al cine. Kubrick lo plamsó a la perfección en un trailer, el que no se puede definir de una manera diferente a una obra de arte. Lo inteligente, lo sublime, lo sútil, todo juega a la perfección en este promocional, enfocado en incrementar el morbo para atraer al público a una película controversial.

Para cualquier cineasta, adaptar una historia de un pédofilio sería el riesgo máximo tomado en su carrera. Para Kubrick era tan sólo el inicio. Su siguiente trabajo era algo de por sí alucinante: una parodía de una guerra nuclear, indudablemente el mayor medio de la sociedad mundial por aquellos años. Para muchos, y con fuertes motivos para decirlo, la forma como se anunció “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb“, con un trailer absolutamente revolucionario, sin precedentes, profundamente novedoso, es el mejor de la historia. La genialidad tiene un origen, al parecer, en el cortometraje “Very Nice, Very Nice” del director canadiaense Arthur Lipsett. Desde esta diminuta orilla del cine le dejamos ese título a uno más moderno, pero es indudablemente una joya lo hecho por el cineasta. No dice nada, pero pone todo el tono, uno absolutamente transgresor para el tema tratado, lo que era toda una declaración de principios.

La vena artística de esta camada de nuevos directores, no sólo se impregnaba en los anuncios, sino por supuesto también en las obras. Creó el sistema una afición de amantes del cine más de autor, lo que le abrió las puertas a realizadores allende de los Estados Unidos. La “Nueva Ola” francesa irrumpiría ese mundo con brutal fuerza, teniendo como gran referente a Jean-Luc Godard. Su filme, À bout de souffle“, con varios de los mejores cineastas del país galo detrás de cámaras (François Truffaut, Claude Chabrol), parecía prácticamente un trabajo de grado del Cahiers du Cinema, tendría un trailer más que adecuado para la época, presentando de una manera irreverente una película que lo tiene todo, pero sin decir absolutamente nada. Más que un promo de una cinta, parece un pitch del director a las audiencias.

Con “The Godfather” cambió la industria. La inmensa taquilla de la producción a nivel global amplió las ambiciones de la meca del cine. La primera muestra de que todo iba ser distinto fue su secuela “The Godfather Part II“, la que el mismo Coppola denimona la primera continuación de la historia. Su trailer para el relanzamiento después de los Oscar, donde fue la gran triunfadora, contiene algo profundamente especial. Primero, una presentación de los galardones obtenidos y, segundo, la voz de Dan LaFontaine. Para la historia del cine, la saga de los Corleone nos entregó una enorme lista de actores y técnicos detrás de cámaras que habrían moldear el cine en una forma de arte maravillosa; pero también a la voz de esta pieza, la que estaría en más de 5.000 trailers, que llegó a ser denominada “la voz de Dios”. Su frase más célebre, no dicha acá, es “In a world…”, la que todo cinéfilo reconoce inmediatamente. El corto es realmente patético, en el sentido de presenta todo y no deja nada, pero su aporte radica en la voz escogida para narrarlo y su magistral lectura de los premios obtenidos.

El arte produce cinéfilos, lo que produce un mercado boyante, lo que atrae a los grandes capitales. En el cine fue igual y con la llegada de las mega corporaciones, nacería la era de los blockbusters veraniegos. El primero y que definió todo, sin duda alguna, “Jaws” de Steven Spielberg. En lo referente al tema del texto, más que el trailer, lo alucinante fue la campaña del teaser, unos pequeños adelantos indicando superficialmente los valores del filme a punto de estrenar. Las piezas, presentadas en televisión, generaron enorme impacto en las audiencias, quienes salieron al cine al momento del estreno de la producción, creando un récord mundial en taquilla y cambiando toda la estructura que sostiene este arte. La inteligencia de cada producto radica en que el “monstruo” no se deja ver jamás, reservando ese momento para las salas, en un instante histórico del séptimo arte como lo es la salida del animal. El desastre ambiental causado por la pésima, cruel e injusta imagén que del cartilagenoso quedó, no es más que una prueba del poder del cine.

No se puede hacer una lista de los momentos cumbres del trailer sin que en ella esté Sir. Ridley Scott. Y aunque son demasiados las piezas que valdría la pena resaltar del hombre, no parece arriesgado escoger la hecha para su segunda obra, “Alien“, como la más trascendental dentro de esta historia. Un trabajo, desde cualquier punto de vista, perfecto: una excelente escogencia de imagenes, encadenadas a una musica capaz de afectar al espectador hasta lo más íntimo de su esencia, y totalmente mudo. No fue el primero con esa característica, pero tal vez sí el más poderoso. Una introducción perfecta a un nuevo mundo que habría de aterrorizar a los espectadores, con una frase final ya histórica dentro del séptimo arte.

Para 1991, Carolco tenía puesto todo su futuro en la balanza y su gran esperanza era “Terminator 2: Judgament Day“. Y, en aquellos días, el cine atraía audiencias a las salas siendo valiente, arriesgado. James Cameron se pondría a la altura de las circunstancias y filmó una escena para ser usada exclusivamente en el teaser trailer, cuyas imágenes también hicieron aparición en el video que Guns N’ Roses creó como parte de la campaña de la película. El “special shoot” muestra el proceso de construcción de un “Teminator” y es realmente fascinante. Generaba gran entusiasmo, que culminó en desgradable sorpresa al no encontrar ese momento en el filme, pues fue filmado en exclusiva para esta pieza comercial. Como tal, el trailer final es una completa ridiculez, al revelar el hecho de quién es el héroe y quien el villano, pero esta primera pieza fue perfecta.

En 1992 Silvester Stallone era una de las tres estrellas más grandes del cine mundial. Tri Star y Carolco, los dos grandes nombres detrás de la famosa secuela de Cameron, iban a estrenar por todo lo alto la última gran producción del actor. La productora, aún con su futuro en un estado muy incierto, decidió sacar la casa por la ventana y trabajar con una de sus estrellas más seguras, en una alucinante obra (escrita por el mismo Stallone) ubicada en las alturas de las montañas de los Estados Unidos: “Cliffhanger“. Vendría ella con un trailer alucinante. Ya en plena época de MTV, se podría llamar a este un videoclip de música clásica, usando como tema de acompañamiento la tercera secuencia “Dies Irae” del “Requiem en D Minor” de Mozart. Un alucinante corto que impresionó a todo el mundo del cine. Una bizarra mezcla de música clásica y filmes de acción (lo que John McCtiernan había demostrado que funcionaba en “Die Hard“), que no es más que perfección pura.

En 1994 Quentin Tarantino tomó al mundo por sorpresa con su “Pulp Fiction“. Harvey Weinsten, al que Martin Scorsese alguna vez definió como un “genio del marketing”, sabia tenía una mina de Oro al ganar el Festival de Cine de Cannes con la segunda obra del director. Weinstein hizo un trabajo alucinante al engrandecer el certamén recién ganado por el jovén cineasta, al que luego lo presentó como el gran triunfador del certamen que él mismo había engrandecido. Y lo hizo con un trailer muy inspirado en el presentado por “The Godfather Part:II“, con una introducción del galardón, como si de una lectura en un prestigioso evento se tratara. Por supuesto, el final de la elegante apertura, invitando al espectador a lo que al parecer será una gran gala, es interrumpida por una balacera que pone el tono de la película. Realmente una pieza brillante.

Con la entrada del DVD al mercado del cine, la popularidad de los trailers despegó de una manera alucinante. El formato casero ha sido, hasta el día de hoy, el más exitoso para los estudios y, por razones obvias, el consentido de los ejecutivos. Cada lanzamiento de sus estrenos en el digital comenzaba con una tanda de promos de las películas a estrenar en cine. Ese nuevo espacio permitió explorar con presentaciones más ambiciosas, pues la asociación de teatros de los Estados Unidos había exigido que la duración de cada uno de los promocionales presentados en sala no pasara los 120 segundos. El primer DVD en alcanzar el millón de copias vendidas fue el de “The Matrix” y, por supuesto, una presentación especial habría de tener su venta.

Christopher Nolan llegaría a Hollywood y daría una patada al negocio, al demostrar que un tipo de cine con un marcado enfoque intelectual podría funcionar de manera masiva. Son sus grandes obras unas ya muy conocidas, pero sería una que se esperaba fuera menor dentro de su filmografía, “Inception“, donde habría de estar su mayor aporte al arte de promocionar. El famoso “Braamm”, el maravilloso sonido metálico que acompaña las imagenes del corto, es realmente impactante, capaz de crear misterio por él mismo, por lo que habría de ser copiado hasta la saciedad. La frase, “tu mente es el escenario de un crímen”, es intrigante hasta decir basta. La película, en gran parte producto de tan inteligente campaña, se convirtió en un éxito arrollador en todo el planeta.

El mismo año del lanzamiento de la obra de Nolan con Leonardo DiCaprio, David Fincher entregaría lo que muchos consideran su obra maestra “The Social Network“, la que realizó para Sony. En ella se presentaría un trailer que sobrepasa lo visto. Una versión impactante de “Creep”, la canción que llevó a la fama a Radiohead, interpretada por la agrupación Vega Choir, daba la ambientación para una promo inolvidable por lo bella y sútilmente cruda que era. Un tema que en sus letras es perfecto al mensaje del filme, pero que es presentado en la versión más adecuada a la cinta, usada mientras se desarrolla un mosaico alucinante que dice todo sin decir nada… no sólo del filme, sino de nuestra sociedad en general y de la película que iba a hablar de la empresa que la definió.

Con la siguiente producción del director, Sony se enfrentaba a un verdadero problema: una historia ya conocida. “The Girl With The Dragon Tatto” provenía de un libro que era un éxito de ventas, ya adaptado a cine de manera más que adecuada, en el que se presentaba un personaje principal muy admirado. Parecía un remake a todas luces innecesario. Pero Fincher es Fincher y, cómo el mismo dijo: cuando leyó el libro se dio cuenta que cientos de versiones podrían hacerse de esa historia. Con el afán de mostrar que su película valía la pena, Sony desarrolló un cortometraje de 8 minutos, con material del filme, como medio de promoción. Una jugada impresionante, pues buscaba enamorar a los aficionados a la historia, incluso a los de la película anterior, a darle una oportunidad a esta pronta nueva versión. Si varios cortometrajes se han transformado en largometrajes de mucho éxito (“Saw” es uno de ellos), el presentar a través del formato una nueva película podría solventar los problemas de imágen que la misma contraía. Una mini película hecha para generar deseos de ver la obra completa. Una bravura hecha posible gracias al nuevo medio de moda para ver trailers: YouTube.

Más importante aún que el sistema de entretenimiento casero fue el nacimiento de esta empresa hoy propiedad de Google. Hoy, el tercer tipo de contenido más visto en la red de videos más importante del planeta es precisamente esta pieza de promoción y, claramente, entretenimiento. Pero más allá de la enorme cantidad de vistas obtenidas, es la calidad de lo disfrutado. Desde los ochentas, la MPAA colorea cada uno de los trailers, como medio de señalización de un sistema de clasificación de edad permitida para poder ver el material. El rojo indica que es exclusivo de adultos y, durante la era en la que sólo se podían ver estos cortos en las salas de cine, para los grandes distribuidores era inmensamente costoso producir una pieza que tan sólo podría tener ciertos espacios para presentarse. Desde la llegada de la red de videos, comenzaron a buscarse este tipo de material por parte de los cinéfilos, encontrando los estudios un nuevos espacio para presentarlos. Uno de los más famosos en ese contexto fue el de “Trance“, de Danny Boyle, por una escena muy cruda al final, la que una vez es vista se muestra como esenciale impactante.

Lo aburridor y frustrante de este tipo de trabajos de recopilación es la enorme cantidad de material que por obligación hay que dejar afuera. Trailers alucinantes, hermosos, poderosos, majestuosos deben quedarse afuera pues lo buscado era traer aquellos que han sido significativos para la industria. No es sólo su calidad, sino que su existencia expandió los límites de las posibilidades, en cada caso transformando un espacio publicitario en una verdadera manifestación artística. Donde estamos seguros no nos equivocamos fue en dejar el mejor para el final.

El segundo tráiler de “Mad Max: Fury Road” es simplemente el mejor. El más alucinante, más ambicioso, uno que parece tener un poco de lo que sobresale en cada uno de los presentados anteriormente. Es una sinfonía de imagen y sonido perfecta, en donde encaja todo como una sola pieza cien por cien audiovisual. Todo trailer tiene la misma estructura: una presentación, un desarrollo de los hechos y un finale. Es casi siempre el mismo objetivo: un climax último que produzca en el espectador un inmenso deseo por ver la cinta.

El secreto de toda campaña publicitaria, es crear intriga en el espectador. Deseos por ver más, por profundizar en la historia. En muchos casos, ese afán ha llevado a exhibir piezas que no son fieles a la película que se esfuerza por presentar. La situación ha concluido, incluso, en demandas por parte de ciudadanos decepcionados por lo visto en la pantalla, cuando lo comparan con lo promocionado. “Drive” y “Suicide Squad” fueron dos de esas películas. Pero “Mad Max: Fury Road” tiene un trailer grandilocuente y majestuoso, que presenta el mundo creado por esa mente maestra conocida en todo el planeta como George Miller, pero nadie ha encontrado decepcionante el resultado final: la película. Por lo valiente que fue, lo innovador en su presentación, la fuerza interna en él, no debería a nadie miedo decir que es este el mejor de todos los tiempos. Si conoce usted algún otro, por favor déjenoslo saber.

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