“Collateral”, de Michael Mann, Una Narrativa Extraordinaria.

Es una apabullante realidad la dependencia habida por parte del cine, que es un arte, de la existencia de una industria para subsistir y evolucionar, bien sea visto desde la perspectiva financiera o de los avances tecnológicos. Notando los inmensos adelantos presentados día a día en ambos campos, es de esperarse una afectación en el modo de producción de las películas, consecuencia de la aplicación de más y mejores herramientas para su producción, contrayendo su aplicación consecuencias artísticas en la obra final.

En la escuela de cine de diez minutos de Robert Rodriguez, el director hace soñar a todos los amantes del séptimo arte al definirlos como directores, confirmando que la falta de su parte es de conocimiento técnico, el que una vez sea adquirido podrán fácilmente usarlo para hacer realidad sus sueños en la pantalla grande. En muchas películas de hoy en día, pareciera haber muchas personas con avanzados conocimientos técnicos, pero muy pocos cinematográficos. Sin embargo, cuando nos encontramos con un artista que al mismo tiempo tiene la capacidad de usar las herramientas técnologicas para contar mejor su historia, generalmente resulta un film profundamente transgresor, como es la “Sin City” de Rodriguez y la “Collateral” de Michael Mann.

Y es que el innovador uso de la tecnología, enfocado en encontrar la mejor manera para contar una experiencia humana alucinante, es lo hecho por Mann y Dion Beebe (cinematógrafo) en “Collateral“, otorgándole con su ejercicio al formato digital de Alta Definición todo un nuevo espacio en su proceso de establecimiento en la industria y en el arte. George Lucas lo explicó con claridad en su última entrevista otorgada a Charlie Rose, refiriéndose a cómo fue el proceso de desarrollo de su famosa saga. Para él, era y es claro la necesidad de primero “encontrar una historia que cree una necesidad tecnológica obligante a inventar nuevas herramientas para los cineastas”. Los avances nacen para contar una trama, no se crea una tecnología y luego se busca qué hacer con ella. James Cameron explicaba exactamente lo mismo durante la promoción de “Avatar“.

El libreto que habría de forzar el uso de un nuevo formato nació de Stuart Beattie, guionista australiano que en su tierra natal entabló una conversación con un taxista después de abandonar el aeropuerto y cuando comenzó a pensar cómo sería la situación si fuera él un psicópata, dado el nivel de confianza que generalmente se genera entre estas dos personas: taxista y pasajero. La historia se transformaría en el guion “The Last Domino”, el que llegó hasta las oficinas de Dreamworks, donde encontró las manos de Russell Crowe, quien pensó en Michael Mann para la dirección, después de haber trabajado juntos en “The Insider“. Los retrasos en el arranque del filme forzaron al actor a abandonar la producción, dejando el espacio para el ingreso de Tom Cruise y, en ese momento, Adam Sandler como segundo estelar.

Lo que llamó la atención del cineasta en el texto por Stuart Beattie logrado fue su originalidad. Encontró en él un reto fascinante, al haber una estructura narrativa novedosa. El que los hechos de la película transcurrieran en diez horas de una noche (como regalo para los cinéfilos: es entre el 24 y 25 de enero de 2004), forzó a una escritura que desarrolla todos los acontecimiento en un tercer acto de un libreto con una estructura clásica. En un sentido académico formal, habría una primera parte donde se presentarián a los personajes y su drama en la vida, para luego dar paso al conflicto desatado por su encuentro.

Desde ese prisma se sostiene el calificar a la construcción de los personajes como impresionante, pues se estructura ella al momento final del filme, pero en una forma clara desde la narrativa para que el espectador pueda conocerlos a fondo. No hay escenas de exposición clásicas, no hay flashbacks, no hay posibilidad de mirar el pasado de ellos, toda la información se va dando a medida que va evolucionando la historia y mientras una bizarra amistad entre la pareja se va construyendo. “Collateral es una historia que se cuenta a sí misma – explica el cineasta -, producto de todo suceder en sólo diez horas, por lo que hay que ver en cada momento la vida de ellos, casi que llegar a conocerlos… a dar un vistazo a su interior”. Mann es famoso por su inmenso trabajo en la construcción tridimensional de sus personajes, pero en “Collateral” se superó a si mismo.

Es impresionante finalizar “Collateral” y notar el detallado conocimiento obtenido sobre los personajes, recordando que casi nada sobre ellos se ha dicho, sólo se ha venido mostrando dramáticamente. Los puntos están en el filme y es facultad del espectador conectarlos. Dejaba saber Mann que “Vincent se mueve en un taxi para pasar desapercibido. Toma el de Max de segundo porque el primer taxi que usó no le parecía adecuado para su trabajo”. Lógico, muy lógico. Tom Cruise en una conferencia compartía que, una vez arrancado el proyecto, Mann le entregó al actor un libro con la biografía del personaje, en donde se explicaba con fotos los lugares donde había vivido. Esa información, secreta para el espectador, se traslada a la pantalla. El ejemplo más claro son las inmensas capacidades de Vincent como un asesino letal, de su profesionalismo; y no porque en algún lado alguien lo haya dicho, sino porque lo demuestra en su actuar. Y, para actuar de esa manera, Cruise tuvo que entrenar salvajamente.

Sobre ir mostrando el pasado de su vida en la película, sobresale por la excelencia en lo sútil, el que Vincent le deje saber a Max que asesinó a su padre. En el audiocomentario del DVD Mann replica diciendo que eso es verdad, pero Vincent lo tranforma en una broma porque quiere tranquilizar a su compañero, haciendo gala de su sagacidad. También se deja saber que Max (Jamie Foxx) es un taxista soñador pero incapaz de lograr lo que quiere porque Vincent se lo hace admitir, durante fuertes diálogos, pero no porque él lo diga en algún momento. En las actuaciones y la química que se generó entre ambos nace una de las mayores genialidades de este film. Al votar el maletín de Vincent, el asesino le confiesa su impresión por lo realizado, al ser un acto inesperado por cualquiera. “Lo importante – explicaba Mann – es hacer sentir a la gente intrigada con el film, por la relación de los dos. Que no sepan qué va a pasar y que no estén pensando quién se va a morir o a sobrevivir”.

Jamie Foxx venía de trabajar con Mann en “Ali” y, producto del resultado dado en este filme, el que incluso le otorgó al interprete una nominación al Oscar, repetirían en sus cargos en “Miami Vice“. La profesión del personaje protagonista de la historia se acercaba mucho a Mann, quien proviene de una familia profundamente ligada al mundo de los taxis, habiendo sido el mismo conductor de este tipo de auto en el pasado. Foxx entrenó directamente con el director, concluyendo con una representación exquisita por su parte, llegando a un momento cumbre para el cineasta en la escena del club “Fever”, cuando “Foxx, quien actuaba como Max, tuvo que actuar como Max actuando como Vincent”.

La escuela Mann llevó a que Jadda Pinkett Smith pasará tiempo con personas en la misma profesión que su personaje y a Mark Ruffalo el convivir con un agente encubierto del que prácticamente copió todo para su representación. Pero es en Max, interpretado por Foxx, donde el trabajo artístico es más profundo, abriendo espacio para poderosas metáforas visuales. Max voltea el auto al final, destruye su taxi, como escapando de su vieja vida, y dando arranque a una nueva. Desde ese momento no huye de Vincent, sino todo lo contrario, lo ataca, lo persigue.

Se resalta en “Collateral” los logrados diálogos entre los dos protagonistas, llegando a convertirse ellos en una muy sútil y casi disimulada crítica social sobre la indiferencia de los seres humanos con su prójimo. No hay sorpresas acá por resaltar. En una escena clásica de la película, Max se nota muy preocupado por el cadáver cargado en el baúl, obteniendo de parte de Vincent una réplica resaltando su hipócresía, al informarle de los miles de personas muertas en Ruanda al día y él no hacer nada porque eso cambie. A lo anterior, Max responde defendiéndose presentando su desconocimiento de Ruanda o cualquier persona de ese país, momento en que Mann toma un primer plano de Vincent y elimina casi totalmente la pista del sonido con la intención de resaltar lo que este tiene para decir: “tampoco conoces a la persona que va en el baúl”.

Es esa escena una que impacta con fuerza y en lo más profundo de cada espectador. Son palabras simples con un mensaje enorme. No sobresalen entre el imaginario cultural por no ser poéticas, palabra ésta no escogida al azar. El escritor inglés Gilberth Keith Cheterston enalteció a toda la raza humana cuando, en medio de una entrevista, explicó que “todos los hombres somos igual de poéticos que Shakespeare, lo que ocurre es que no somos tan buenos poetas como él. Nuestros temperamentos son los mismos, pero ni usted ni yo tenemos el cerebro para escribir líneas” como las de él. La frase de Beattie no está a la altura del autor inglés, aunque su mensaje sea igual de poderoso al de John Donn, citado por Ernest Hemingway al principio de “For Whom The Bell Tolls”: “La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”.

En palabras del director, Vincent es una persona capaz de ingresar a un lugar lleno de gente sin ser notado por nadie. Un absoluto profesional en su área. Su traje gris con camisa blanca es un camuflaje con la sociedad, siendo uno imposible de no relacionar con el usado por Neil McCauley en la obra maestra del director, “Heat“. Para lograr su cometido como actor, Mann le solicitó a Cruise entregar en un centro comercial un sobre como un mensajero de FedEX sin ser detectado por nadie, algo que fue logrado con creces por el actor. Adicional a aprender a pasar desapercibido, tomó Cruise entrenamiento en armas con Andy McNab, el consultor para esa misma área en “Heat”. Mark Ruffalo también recibió lecciones sobre el manejo y uso de armas, y eso que nunca dispara una durante toda la película, pero buscaba el director hubiera una total naturalidad con ellas. Una muestra del enorme nivel de realismo que busca el cineasta en sus obras.

Es cierto que Beattie quería a Robert De Niro para el papel de Max, buscando hacer una continuidad con su Travis Bickle de “Taxi Driver”; pero, una vez Mann tomó las riendas, si habría un papel para retomar por parte del célebre actor este debería haber sido el de Cruise, puesto que Collateral (en el guion del filme se rebela que es este su apellido) es básicamente el mismo personaje de McCauley. Magia pura habría sido visto verlo ahí como el ladrón de bancos. Aunque la figura es la misma, no parece una ofensa decir que la intensidad cinéfila es mucho menor en lo hecho con otro actor, puesto que al principio Vincent choca es con Frank Martin, el personaje de Jason Statham en “Transporter”, actuando muy acorde a su quehacer en la saga: entrega el maletín a Vincent en el aeropuerto y luego desaparece sin decir nada más.

La fuerza del guion radica en la capacidad de la historia para explicar y por poco justificar lo realizado por Vincent en su trabajo, en la existencia del mismo, culpándolo no a él por lo que hace, sino a la sociedad por haberlo creado. Es innegable: la indiferencia humana a los crímenes cometidos por la humanidad es el gran pecado. Poco o nada importa lo que pasa con el prójimo alejado a nuestra realidad. Lo contrario también es cierto: si se actuara en ese sentido, muy diferente serían las cosas. Otro poeta lo expresó en mejores palabras: “pecar con el silencio cuando deberíamos protestar, hace a los hombres cobardes”. El arco del personaje principal, Max, se concreta al final al convertirlo en una persona proactiva, capaz de enfrentarse a Vincent y evitar que siga con su actuar criminal. En general, todos somos como Max: pasivos y complices con el crímen por cobardes. Lo poderoso en la historia es que quien impulsa ese cambio en Max no es otro que Vincent.

En una escena del guion no filmada, ubicada antes del momento en la estación de gasolina, un diálogo entre los dos explica por completo esa dicotomía. Max le pregunta a Vicent a rajatabla si es él un “daño colateral”. Esa posición, de víctima indefensa, contrasta con la de un heróe ido a más al final, cuyo único objetivo es luchar por la dama en problemas. Es, realmente, un viaje impresionante de una noche entre estos dos hombres. “El conflicto entre los personajes – reveleba Mann – es que Vincent arranca en una posición fuerte y termina en una débil, mientras que Foxx arranca en una débil y concluye en una fuerte”. Los cambios, entonces, no se producen sólo en el protagonista. En los sendos documentos hechos por el director para el personaje se descubre un amor verdadero de Vincent por el jazz. De ahí que el matar a Daniel (Barry Shabaka Henleyes) sea un golpe emocional tan duro para él, uno capaz de romper el hielo de su frialdad asesina. Al matar a un hombre interpretando lo que ama, se destruye un poco él mismo. Cruise demuestra esto con un bello gesto, después de dispararle al personaje.

Para Mann, esa noche única y llena de emociones debía ser resaltada. Era, indudablmente, una trascendental en la vida del personaje. Para contar esta historia, para ser honesto a ella, la ciudad debía ser un personaje dentro de la película. Buscando alcanzar su objetivo, Mann y Dion Beebe hicieron uso extendido de la tecnología digital con tal de capturar cada uno de los momentos que suceden alrededor de los protagonistas. El uso del inmenso fondo de campo y la definición de sus elementos, todo otorgado por la filmación en alta definición, presentó una ciudad nocturna diferente: mucho más viva, vibrante, real y distante a la que regularmente es presentada en el cine. La posibilidad de captura con menos luz que tiene la cámara Sony F-900 usada en la producción, le dio un nuevo look a la noche angelina, lo que agudizó la historia por Mann relatada. Pero también como herramienta narrativa: Vincent al final apaga las luces porque se siente más cómodo en la oscuridad, poniéndose con ella en ventaja sobre su presa. ¿De qué mejor manera se podría capturar ese momento?

Así, el director logró insertar a su audiencia en el mundo de Max y Vincent de manera más íntima y por ende más profunda, al permitir ver lo que ellos ven, haciéndo a sus espectadores casi pasajeros del taxi en el que ambos deambulan por toda la ciudad. La experiencia de “Collateral” es emocionante al Mann retratar una inmensa ciudad de una manera mucho más realísta, pero sin dejar de perder el dramatismo necesario para un film. Hay, de forma sútil, espacios para metáforas visuales como lo es el encuentro con el coyote. Para los navajo, encontrarse con ese animal en su camino, es indicio de que no se debe seguir andando sino que hay que retornar. De seguir, una maldición caerá y la persona terminará accidentada o muerta. Segundos antes del taxi encontrarse con el animal en la película, mientras se dirigían al club “Fever”, Vincent le dice a Max que si salen de eso con vida, debería llamar a la chica. Si salen de eso con vida…

Dos entrevistas en American Cinematographer alrededor del filme hicieron historia. Una, con su director quien resaltó que en “Collateral” el uso del digital tenía un objetivo artístico y no de reemplazo del celuloide como hasta ese momento se venía usando. Quería él su película luciera con una estética de video, y no un video tratando de verse como cinta. Eso, en gran parte, por ser el formato el mejor para capturar la noche. Las nubes, los aviones, las palmeras tan comunes en la soleada California, tienen también presencia acá, pero en horas nocturnas, creando una imágen icónica. Y el resultado es espectacular. De hecho, lo único filmado en celuloide es la escena en el club “Fever”, donde había demasiada luz. Nació ahí una nueva estética en el cine. La segunda entrevista es dada por Paul Cameron (el segundo cinematógrafo acreditado en la película, y quien la abandonó por diferencias creativas con Mann) en la que explicaba las enormes falencias que él veía con la filmación en ese formato: la ergonomía, poco rango de color y pocos lentes. Panavision tomó nota de lo dicho por el director de fotografía y desarrolló con esas críticas la Genesis Panavision estrenada en “Superman Returns“.

En cada lugar de la ciudad visitado por el filme, la capacidad que tiene la tecnología digital para exhibirlo con mucho detalle, se acompañaba por una mezcla de sonido muy orgánica, usando dramáticamente los elementos más característicos de la ciudad. En los momentos más tensionantes, los sonidos del tráfico aumentaban, el caos y el desorden de la ciudad se escuchaba mucho más terrible, y de esa manera, se fusionaban imagen y sonido para trasnmitirnos las vivencias de los personajes de manera más penetrante. Y aunque se debe acreditar a Elliott Koretz la vibrante mezcla de sonido, sería un herejía con el cine desconocer la profunda insistencia de Mann por esa área, conocedores de su enorme trabajo y el inmenso cuidado que le otorga el cineasta al audio en sus producciones.

La obsesión por Mann mostrar la noche, es porque es la última en la vida de Max y Vincent. En el caso del primero, porque el futuro habrá de ser diferente y romperará las barreras del miedo impuestas por él mismo. Vincent, parece ha fenecido, de una manera trágica, olvidado en el tren (es la misma estación de tren de “Heat”) una situación de la que se quejaba al principio del filme. Por eso es que la culminación, el último momento con esa bella melodía (“Requiem”) de Antonio Pinto, es con el sol amaneciendo y Max junto a una mujer con la que desea estar, y a la que en su anterior estilo de vida nunca habría podido alcanzar. La larga noche de su patética forma de enfrentar el mundo concluye, y un hermoso amancer se le revela en el horizonte.

Una historia sobre una noche única, sobre un encuentro fantástico desde cualquier perspectiva, forzó a un genio del cine, tal vez el mejor director del mundo entre finales del milenio pasado y principios de este, a encontrar un formato con el cual poder transmitir lo ocurrido a dos personajes llamados a ser icónicos, buscando impactar al espectador. Una obra de cine increíble, donde todo, absolutamente todo el aparato productivo detrás de una película estuvo al servicio de contar la historia. “Collateral” es para el cine digital lo que “Star Wars” fue para los efectos especiales. Pero es, a grandes rasgos, un obra completa, profunda, inteligente, valiente, transgresora, con mucho por decir sobre la sociedad moderna. El tiempo, se puede asegurar, la pondrá en su lugar entre las mejores del cine.

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