«Minority Report», Un Spielberg y Cruise Post Kubrick.

Sobresale una bizarra caracteristica en la persona de Philip K. Dick. Una figura literaria conocida por una enorme cantidad de cinéfilos; el que la gran mayoría de ellos ignora por completo sus escritos. El autor de estas lineas sufre por ser parte de ese grupo. Pero a pesar de no haber repasado sus textos, ha creado él una portentosa admiración por los debates intelectuales producidos por su obra, una vez se ha traslapado ella al séptimo arte. En 2002, al Steven Spielberg estrenar “Minority Report“, la situación llegó a un nivel estratósferico al insertarse en un debate internacional de la más alta política: la invasión a Irak por parte del gobierno de George W. Bush.

Los hechos de la obra se ubican en la ciudad de Washington en el futuro, en el 2054, año en que el departamento de policía de la ciudad captura a los criminales antes de que cometan algún delito. Tal hazaña es lograda gracias a la existencia de un departamento especial llamado “Precrime”, cuyo equipo principal: un trío de clarividentes denominados “Precogs”, tiene la capacidad de informar de manera precisa e inequívoca sobre un asesinato a ser cometido. El jefe de ese departamento es John Anderton, interpretado por el actualmente medio loco, pero figura máxima del cine y la mayor estrella de Hollywood, el señor Tom Cruise. Es él, así mismo, el principal responsable y apologeta de la controversial división de policía.

Sean Casey y David James. Dreamorks y 20th Century Fox.

Spielberg y Cruise entablaron amistad en el set de «Risky Business» y desde aquellos días nació el deseo de encontrar un proyecto perfecto para trabajar a dúo. Cerca estuvo de darse el milagro en «Rain Man», cuando se le ofreció al cineasta el llevar la batuta, durante un tiempo. Varios filmes descartados entre ambos después y la anhelada unión comenzó a cimentarse una vez Cruise leyó el material de «Minority Report» (en esa época una versión escrita por Jon Cohen, cuando la idea era hacer una continuación de «Total Recall«). Finalizado el texto, el interprete lo envía inmediatamente al autor auidovisual con la confianza de que, según reportó el mismo, sería éste el génesis de la producción que lograría hacerlos compartir set.

Aunque no todo fue un camino de rosas. Acorde a las palabras de Janusz Kaminski, su jefe en los rodajes retrasó el proyecto por dos años por sentir un guion aún insatisfactorio, aprovechando los retrasos en el set de «Mission: Impossible II«. Scott Frank entra en escena (Frank Darabont fue invitado a revisar el guion pero lo rechazó) y concluye el escrito dejándolo acorde a las exigencias del realizador. Una vez actor y director aceptan un cambio de salario por puntos en las ganancias del filme, Dreamorks y 20th Century Fox aprueban la financiación de 100 millones de dólares. En aquellos días, el autor fílmico declaró llevar cerca de dos décadas sin cobrar un sueldo, arriesgando su ingreso al resultado del filme, acción esperaba él hicieran los demás líderes del proyecto. Algo poco heróico cuando tienes más dinero en tu cuenta bancaria que las reservas internacionales de muchos países.

El hombre a cargo de la producción se encerró durante dos semanas en un hotel en Santa Mónica, junto a dieciseis «futurologos» de las más variadas áreas (urbanistas, pintores y, por supuesto, arquitectos), esperando crear un diseñó con una visión aterrizada de cómo sería el mundo de mediados de siglo. Teniendo como base la era contémporanea; pero especialmente los prototipos de productos en etapa de investigación, se pudo desarrollar un diseño para plasmar en pantalla una ciudad que, una década y media después, el adjetivo de visionario le calza a la perfección. Varios artículos de prensa han resaltado un grupo de inventos de la película ya hechos una realidad, en donde sobresalen las pantalla táctilares y el uso de la estadística por parte de la policía para tratar de prevenir los crímenes.

La visión de Spielberg habría de ser capturada en cámara por Kaminski, al parecer el único cinematógrafo en el mundo para él. La orden del cabeza de producción fue contundente: necesitamos desarrollar la película más sucia y fea de todas las realizadas en conjunto. Y se vislumbra en esas palabras una pista enorme sobre la situación emocional/intelectual del realizador, algo no menor, al recordar que Spielberg hace este filme después de trabajar muy de cerca con su ídolo, Stanley Kubrick, en «A.I.», película a la que el creador de «E.T.» había renunciado como director para cederle el puesto a su amigo, cargo obligado a retomar una vez falleció éste.

Tom Cruise. Minority Report. 20th Century Fox.

La otra mitad de la dupla venía también de un set del maestro, en una jornada enorme, en la que sería precisamente su última obra, la más impactante de su carrera para muchos, la inconfundible «Eyes Wide Shut«. Aunque Spielberg negó cualquier tipo de influencia sobre él por parte de su referente y luego amigo (a la pregunta sobre el asunto respondió «he estado influenciado por Kubrick desde que tengo 17 años»), es evidente su impacto, algo mayor al ambos, actor y realizador, construir su obra más controversial políticamente, justamente después de trabajar con uno de los artistas más complejos del cine. No puede ser pura casualidad.

En un tiempo, la política subyacente a las historias por el cineasta llevadas a la pantalla eran totalmente correctas: los Nazis eran un demonio y la esclavitud era una barbaridad. Por supuesto, hubo una época, hace poco finalizada, en donde todos parecían tener eso claro. Cruise sí se había  involucrado en producciones atizando fibras sensibles de la sociedad, donde resaltan «Born on the Fourth of July«, «The Firm» y hasta «Interview with a Vampire«. Pero en todas ellas siempre lo hizo en calidad de actor. Acá lo hacía como productor, como creador, a través de Cruise/Wagner Productions.

Minority Report movie image Tom Cruise Steven Spielberg

Y es que sobresalen los elementos de profunda temática desarrollados durante el metraje. Produce, todo el filme, enorme cantidad de lecturas sobre asuntos de importancia mayor en la sociedad, sirviendo de metáfora sobre ítems a debatir entre los humanos. Impacta, por ejemplo, la capacidad de los precogs para distorsionar las personas detrás de los actos criminales. La secuencia inicial es una obra maestra de la exposición. Explica el filme, a través de la narración y no el dialogo, el universo y las reglas rectoras de ese mundo. Una proyección anuncia un crimen a cometer (interesante que la empresa encargada de desarrollar las visualisaciones de los precogs no sea otra que Imaginary Forces, que hizo la introducción de una de las clásicas películas de asesinos en serie: «Se7en«), y se deja ver en ella a un Howard Marks (Arye Gross) vil y malvado. Los hechos posteriores nos descubren a un buen hombre, un padre de familia llevado por la pasión y los celos.

Otra víctima sufriendo de una errada percepción es el mismo John Anderton. En las imágenes del asesinato a punto de perpetuar, los detectives (en la primera escena el personaje los saluda diciéndoles buenos días detectives, y se sabe que los nombres de cada uno de ellos está basado en tres autores con este tipo de profesionales como grandes protagonistas de sus obras: Dashiell Hammett, Agatha Christie y Arthur Conan Doyle), dejan ver a un criminal vengativo y siniestro. El repetido «Adiós Crow» lo exhibe como un hombre despiadado y sin alma, dejando ver un Cruise absolutamente irreconocible por la audiencia.

Minority Report. Twentieth Century Fox

El desarrollo de la historia esclarece la situación: el jefe Anderton ataca producto de una trampa y un accidente. En una sociedad como la moderna, alguien enfrentando estos cargos podría llegar a incluso no pagar su crímen con cárcel. Podría ser exonerado. Existe un universo de diferencia entre finiquitar la vida de alguien por una irresponsabilidad, por perversidad o por un accidente. La ley está así tipificada. No acá: un futuro asesino debe ser condenado a perder su vida, sin entender las razones llevando al acto. Punto. Pero donde realmente se politiza la situación es en el resultado entregado por la medida: al parecer, privar de cualquier libertad a los detenidos, sin ninguna posibilidad de defensa, es una vía rápida para llegar al paraíso. Todo un postulado político que sirve como el ideal de un partido de derecha extrema. Fue Frank quien explicó cómo encontrar una sociedad impulsada a aceptar tal situación: una proveniente de un caos absoluto donde los homicidos se han convertido una epidemía. Análisis similar al hecho en este espacio con el triunfo de Bolsonaro en Brasil, algo validando en algo las palabras del director al esclarecer que la ficción científica es, sin duda alguna, una «advertencia».

«Es mejor pensar que ellos no son humanos», dice el protagonista a su supuesto némesis, el agente del departamento de justicia Danny Witwer (tal vez el mejor Colin Farrell hasta hoy, y quien años después tomería el rol principal en el remake de «Total Recall»), frase dicha en respuesta a la forma en cómo viven los precogs. Porque es evidente que no es más, la vida de ellos, que una de explotación máxima. Así se deduce de la escena final, donde se deja ver en qué condiciones prefererían ellos estar.. Entonces, ¿se pueden sacrificar tres vidas en favor de toda la sociedad? Por supuesto, claro, siempre no sea la propia. Una imagen capaz de explicar el sistema político y económico moderno en forma profunda, porque no puede a nadie quedar la más mínima duda: el mundo actual, las comodidades alcanzadas, vienen con un precio: el sufrimiento de millones de nuestros hermanos, el maltratato imperdonable a las otras especies animales y la destrucción de nuestro ecosistema. Frase recurrente de los economistas es aquella que dice que «alguien siempre paga el almuerzo», pintoresca forma de decir: «nada es gratis». ¿Por qué habría de serlo toda nuestra civilización?

20th Century Fox

También se anticipó con mucho cuidado la producción a la inmensidad de Internet en nuestras vidas. En entrevista dada en aquellos días, el cineasta predijo, con enorme exactitud que, «en el futuro la televisión nos estará viendo y adaptándose a lo que sabe sobre nosotros. Lo emocionante es que nos hará sentir que somos parte del medio. Lo que da miedo es que perderemos nuestro derecho a la privacidad. Un anuncio aparecerá en el aire a nuestro alrededor, hablándonos directamente». Dos momentos pequeños del filme, la caja de cereales automatizada y la bienvenida personal a Anderton en un centro comercial por un holograma saludándolo por su nombre propio, son suficientes para explayar toda una crítica al mundo por venir.

No parece ésta una propuesta temática característica de un hombre en su currículo con obras como la saga de «Indiana Jones» y de «Jurassic Park«. Sí, por otro lado, la de alguien con un tiempo largo compartido con un grande con puntos de vistas muy fuertes, como lo era Kubrick. Para llevar tan densas ideas al cine, Spielberg, confeso amante de las películas en blanco y negro, recurrió al film noir como estilo para colorear su película. En sentido estrícto, entre ambos hicieron un tech noir, concepto referiéndose a nada diferente a una mescolanza entre cine negro y ficción científica, término acuñado gracias a «Terminator» de James Cameron. Es este, superficialmente, un estilo fotográfico altamente contrastado, lleno de sombras, grandes angulares, sobreiluminado y forzados ángulos de cámara. Un deleite visual absoluto, cuyo secreto, en gran parte, es el uso en la fotografía del sistema «ENR», por el que se «metaliza» la paleta de colores, dando esa textura tan pálida en cada uno; pero sobre todo, haciendo del negro uno particularmente oscuro.

Minority Report

Ha sido una constante en la teoría cinematográfica la dificultad a la hora de definir el film noir. Sidney Pollack demostraba esto diciendo que «si analizas ‘Casablanca‘, encuentras en ella todos los elementos caracteristicos de una película del género, y nadie consideraría ese un noir«. Dificilmente no podría tener el fallecido director toda la razón del mundo. Porque el elemento esencial a la hora de definir este tipo de películas es más visceral: es un sentimento, un estado de ánimo. Es un estilo visual, por supuesto; pero para ser un clásico como «Asphalt Jungle«, «Key Largo» y «The Maltese Falcon» (las obras que Spielberg citó como grandes referencias para esta producción) tiene que haber un ambiente profundo de tragedia y catastrofe en todo espacio, como se presenta en «Minority Report».

Y es entendible se hallará el director en un estado de emoción tan doloroso, pues sucedió el ataque al World Trade Center en Nueva York en paralelo a la producción de este filme. Lo impresionante es pensar la enorme simlitud en la acción de respuesta dada por el gobierno de los Estados Unidos al ataque: la instauración de una infraestructura de seguridad nacional autoritaria, muy acorde filosóficamente hablando a la presentada en el filme, buscando evitar un futuro ataque. De los primeros en notar la similitud fue el filosofo Slavoj Žižek, quien estipuló: la ideologia en «Minority Report» no es más que la doctrina Cheney, refiriéndose con su analisis a los propuesto por el vicepresidente de la época.

Minority Report. 20th Century Fox.

Para su lanzamiento, y de manera astuta, los distribuidores de la cinta lograron venderla en conexión a la coyuntura internacional, como una especie de crítica al sistema de Guerra Preventiva en contra de Irak, instaurado en ese momento por el Gobierno de Bush. Para sorpresa de muchos, el público respondió favorablemente a la coincidencia coyuntural, logrando generar una taquilla inmensa, algo complementado con el haber hecho un filme con Cruise como el gran protagonista (venía el hombre de una década de ensueño), dejando a Spielberg en un segundo plano durante la promoción, producto de su pobre recaudación en «A.I.». Pero en muchos sentidos, se hizo justicia con la estrategia.

Cruise, a quien el director denominó su «William Holden«, es la fuerza motora de todo el filme. Una historia compleja liderada por un personaje central denso, problemático y desolado (aunque calzado a la perfección para el actor: un «niño» consentido en el medio y no el gordo calvo de la obra original) transformado en ficción de manera elegante por el interprete. Siendo «Minority Report» una trama de persecución, la presencia del actor en imperante en gran parte del metraje, obligando a Cruise a mantener un alto nivel gran parte del tiempo, algo alcanzado con creces. El registro se debe, indudablemente, en gran parte a la gran dirección dada por el cineaste. Según Spielberg a Cruise le dijo: «no sonrías. En esta película saldrán sonriendo solo tres veces. Vamos a buscarlas». ¿Una película de Tom Cruise sin Tom Cruise sonriendo?

Steven Spielberg. Tom Cruise. Steve Harris. Minorty Report. 20th Century Fox

La idea detrás de la película, y al mismo tiempo del gobierno, es bastante sencilla y convincente: es mucho mejor evitar un crimen antes de ser cometido. Imposible no esperar un futuro mucho mejor de seguir esta premisa, representado en pantalla con el Washington de “Minority Report”. Una ciudad en paz, pero llena de suburbios y pobreza, con ejecutivos atados a sus adicciones, entre ellos el poder y su hija bastarda, la corrupción. Sin embargo, la duda habida sobre esta clase de política represiva es inmediata: ¿cómo hacemos para saber la inminencia de un crímen y cómo es moralmente posible juzgarlo antes de ser realizado? Spielberg es un genio narrativo y aquí lo demostró con la sencillez de los verdaderos grandes. Vital para el funcionamiento de la película era cimentar una historia capaz de hacer a las personas estar de acuerdo con ese sistema, algo no tan facíl de realizar. Pero siguiendo la máxima política de hallar soluciones superficiales a problemas complejos, y con la fuerza del cine de apoyo, Spielberg logra mostrar su inmenso talento como contador de historias, y pudó hacer de “Minority Report” una de las películas más inteligentes y con más criterio.

Aplausos de pie para el desarrollo de la escena en la que Danny Witwer, buscando posibles fallas del sistema, le es explicado cómo funciona la división de Precrime. Una vez adentro de la unidad, y como medio para ayudarle a esclarecer sus dudas, John Anderton le tira una pelotica que él captura en el aire antes de que caiga. El jefe de policía demuestra que porque se haya evitado que la bola cayera no quiere decir que no fuera a caer. Es una metáfora perfecta, la que llega a todos con mucha fuerza por su sencillez, su claridad y por su poderío visual. Es genial, igualmente, por la capacidad habida en ella de colocar a todos a favor del sistema. Scott Frank explica la situación del género de ficción cientifíca de una manera ácida: «se ha convertido en uno basado en el software». Muchas razón tiene y, si por algo se posiciona encima esta obra sobre las demás del género, es porque lo importante es la historia, dejando los avances tecnológicos en un segundo plano, subyugados a los hechos impactando los personajes humanos.

Tom Cruise, Colin Farrell. Minority Report. 20th Century Fox.

La narración llega a un punto álgido al mostrar a Anderton como el próximo asesino, haciendo entrar a la película en su etapa más interesante y en los debates filosóficos más profundos. «Minority Report» es un tech noir, un sci-fi, todo enmarcando una clásica estructura de chase filme, con una dosis de Alfred Hitchcock alucinante: la persecución de la policía (Hitchcock siempre dijo que su mayor temor en la vida eran los miembros de ese cuerpo castrense) es este caso a un hombre aún inocente. El cineasta británico siempre jugó con la idea aterradora de acusar a un no culpable; pero acá se da un giro espectacular al asunto. Ahora, Anderton va a cometer un asesinato porque es víctima de un engaño, pero termina realizando ese asesinato por el anuncio de los precogs. Siempre hay una trampa en las obras en cuya estructura hay viajes en el tiempo; pero si él nunca hubiera visto su futuro, en el que se asesina a alguien, la traición no se hubiera culminado.

La majestuosidad de Spielberg radica en evitar hacer de toda la obra un aburrido tratado filosófico. Es este filme, de hecho, uno de los más entretenidos e interesantes de su filmografía, producto de lograr combinar un poderoso guión, con todos los elementos característicos habidos en las películas de aventuras suyas: el uso de la tecnología digital para crear un mundo alucinante, persecuciones trepidantes, personajes desarrollados en toda su tridimensionalidad y secuencias que cortan el aliento. La mejor, de lejos, un tributo enorme a Hitchcock, en la escena de las arañas, momento con una anécdota a su interior muy diciente: el cineasta quería crear en CGI la gota de agua que da paso a la conclusión de la escena, pero el actor le pidió hacerla real, por lo que aprendió cómo llevarla a cabo.

Tom Cruise. Minority Report. 20th Century Fox.

Excede en este filme, en calidad y pasión, el debate artístico al político. Ya conocida es la sentencia de la vida al interior del cine, su alma y magia, algo sobresaliente en «Minority Report» al los internautas haberle cambiado el final al propuesto por los realizadores (o haberlo descubierto, ¿tal vez?) por uno, todo hay que decirlo, más adecuado a la oscuridad de lo exhibido. Según las nuevas teorías, las palabras de despedida de Gideon (Tim Blake Nelson) como guardia de la prisión, al ser arrestado Anderton y llevado a su cuidado, son una advertencia al espectador de los acontecimientos por venir. Bien tiene claro Spielberg que el cine negro es uno haciendo preguntas más no respondiéndolas…

Le explica el característico oficial de seguridad a su antiguo jefe, conocedor de la imposibilidad de escucha de su interlocutor, su prometedor futuro. Sus palabras de aliento provienen de saber la situación de sus internos. Ya le había dicho antes a John lo vivido por los presos en su interior: una actividad cerebral inmensa («busy, busy, busy» son sus palabras mientras señala con su dedo el organo creador de ilusiones en los humanos). A John exactamente le dice: «dicen que tus sueños se hacen realidad». Todo está dicho: el final de «Minority Report» no es sino lo vivido por John en su cabeza. Un pensamiento liberador de la pesadilla en que se encuentra. Una mentira, plasmada en pantalla al mejor estilo Kubrick.

«Una película es la que se desarrolla, otra la que se escribe, otra la que se filma, una diferente la que se edita y una última la que ven los espectadores». Es esa la magia del cine, un arte actuando como si de un organismo vivo se tratara. Aunque Internet permite se compartan hasta las propuestas de nuevas lecturas de películas más incoherentes (hablamos acá ya del caso de «Inception» y «The Walking Dead«), es imposible no caer rendido a los pies de esta reinterpretación del filme. Le da todo el sentido a lo hasta ahora presentado, haciendo soñar que Spielberg, ya hecho un pupílo en toda regla del maestro Kubrick, presentó un final alternativo escondido a los espectadores (seguramente a los ejecutivos también), como acostumbraba a hacer su ídolo.

El último plano de Anderton en la cárcel es uno de su cabeza, sosteniendo una diadema de cuya circunferencia emana una poderosa luz fluorescente, en medio de un espacio cerrado dominado por la oscuridad absoluta. Sí, podría ser una plano extraído de «2001: A Space Odyssey«, y su objetivo no ser otro que informar el lugar dónde se producirán los hechos dispuestos a continuación: en la mente del personaje. Una lectura fascinante de un desenlace apasionante, al parecer nacido de una era post Kubrick para el director, influyente hasta hacerlo creador de una obra donde se habla de corrupción con fuertes análisis filosóficos frente a emblemáticos monumentos de su país, donde se juega de manera magistal con el eterno debate del determinismo y el libre albredio… una obra hija de una convivencia con alguien llamado Stanley Kubrick.

¿Quién mejor que el mismo creador para explicar qué es «Minority Report»? «Estas fueron las películas -explicó él- que me encantaron, el estilo en blanco y negro con luces y sombras cruzadas, con muchas escenas en la oscuridad y personas moviéndose sigilosamente, en medio de un misterio muy difícil de desentrañar. Es un género que nunca había hecho, y esta película me permitió adentrarme en el mundo de la fantasía y el misterio del asesinato, que es un tipo de películas que ya no hacen tanto. Me dio la oportunidad de hacer algo que siempre quise hacer, que es traer el fotorrealismo del cine en una especie de expresionismo abstracto». Uno de los grandes logros alcanzados en toda la obra fue mantener tantas capas funcionando al tiempo, alcanzando la máxima del cine de misterior: mantener al espectador confundido, intrigado (la audiencia siempre se pregunta «¿qué más viene?», decía Mike Nichols), un logro inmenso para serla primera vez del cineasta en este tipo de historia.

Para Frank, «la ciencia ficción se ha convertido más en hardware que en cualquier otra cosa. Todos los efectos especiales en una película son para compensar un guión de mierda. O tal vez simplemente no les importa la historia. No lo sé. Lo que hice fue ignorar el hardware» y, centrarse en la historia, podríamos acá complementar. La complejidad de los personajes (Anderton y su pasado, Lamar y sus ambiciones (Max Von Sydow)) y las excelentes actuaciones de las personas interpretándolos; la profunda densidad en los temas; las temáticas políticas, sociales y filosóficas tratadas; los giros dados al género; las profecías acertadas; son elementos esenciales de un filme que al verlo hoy nos recuerda las inmensas capacidades de este arte, hoy transformado en un comercial de dos horas para vender productos en la pantalla y palomitas de maíz en la sala.

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