Jair Bolsonaro, Una Respuesta Tipo Hollywood A Una Crisis.

Para cualquier ciudadano ajeno a la realidad de Brasil, es por poco imposible comprender por qué ganó Jair Bolsonaro la presidencia de ese país, un extremista de derecha favorable a la instalación de una dictadura. Pero hubiera sido relativamente fácil, para cualquiera que haya visitado o habitado las tierras del pentacampeón del fútbol mundial días antes de las elecciones, prever el triunfo del fascista hoy a cargo de la sexta economía del planeta. Exacto mismo razonamiento podría haberse aplicado al triunfo de Hitler en Alemania, de Trump en Estados Unidos, de Uribe en Colombia, de Salvini en Italia…

En “Der Welle“, la obra de cine alemán dirigida por Dennis Gansel que impactó al mundo en 2008, se recrea el ejercicio llevado a cabo por el profesor Ron Jones en 1967 en la escuela Cubberley High School in Palo Alto, California, con el que demostró que una dictadura al estilo Nazi podría volver a implantarse sin mucho problema en países avanzados. El hecho de que hoy se vea el resurgimiento de este tipo de líderes a nivel global no es más que una muestra más, la enésima, de la capacidad que tiene el arte de prever los hechos del mundo.

OLA

La cinta describe de forma elocuente el gran atractivo de una autocracia: su capacidad de seducción y de actuar a nivel psicológico en las personas a su mando. Gansel trabaja por segunda vez los hechos de nacionalsocialismo alemán, algo que había explorado ya en “Napola“, un tema que literalmente lleva en la sangre al haber sido su abuelo un simpatizante de los hombres siguiendo a Hitler. Después de pelear con el padre de su progenitor por la defensa de éste al Tercer Reich, el cineasta llegó a una posición comprensiva del accionar de su ascendente, al enterarse de que la única forma que tenía él de ejercer su profesión soñada era haciéndose miembro de las fuerzas al mando del gobierno.

El filme, estructurado alrededor de una clase en un colegio, estipula cómo la creación de un líder (en el filme es el profesor), que presenta soluciones sencillas y de aplicación rápida a las necesidades de una población con una insatisfacción general (en la película son los alumnos que no han encontrado su espacio entre su compañeros), son todo lo necesario para imponer una dictadura, incluso en naciones con conocimiento de los desastres cometidos por esta forma de organización política en el pasado. Es válida la reiteración: predijo el filme y el experimento del profesor, los hechos sucediendo hoy en el mundo y que llegan, indudablemente, a un punto extremo con la próxima posesión de Bolsonaro como presidente de Brasil.

cobra-01

Pero ¿qué hace diferente a Bolsonaro de un héroe de Hollywood? Poco o nada, responde este espacio. Una encuesta hecha en el país sudamericano poco tiempo antes de que sus ciudadanos fueran a votar por su próximo primer mandatario dejó en claro que, en la ciudad de Rio de Janeiro, el 30% de ellos se habían visto afectados por presenciar, de manera directa, un fuego cruzado entre bandas criminales y las fuerzas del orden. La violencia e inseguridad que acongoja al país, viviendo una época de crisis económica profunda, ha generado un palpable desespero entre sus nacionales que, de forma natural y comprensible, los lleva a tomar medidas desesperadas.

Hoy, la política está, parafraseando a Theodoro Roosevelt, ejercida por hombres y dirigida a ciudadanos que tienen soluciones sencillas para problemas complejos. ¿Cómo solucionar la violencia e inseguridad? Con más policías y militares. Punto. Que están comprobadas las causas sociales injustas como elemento creador de estos flagelos… No importa. Que hemos visto mil veces ya que la fuerza estatal aplicada en sectores deprimidos crea, como respuesta a ello, nuevos focos problemáticos… Da igual. Un Mario Cobretti, el personaje de Silvester Stallone en “Cobra” de George P. Cosmatos, que es lo mismo que un Bolsonaro, es todo lo que se necesita para arreglar las cosas y vivir todos felices después.

20150531170255266

El tagline de “Cobra“, también una frase por el personaje dicha: “El crimen es una enfermedad. Él es la cura. El brazo más fuerte de la ley”, cuando se complementa con otra de las citas más recordadas de la película “aquí es donde la ley muere, y yo surjo”, no es más que un discurso fascista. Ideario que se exhibe de manera orgullosa durante el metraje. Una de las escenas más impactantes se presenta cuando, después de asesinar a un criminal robando un supermercado, el personaje de Silvester Stallone deja claro que, para él, ese ciudadano no tiene derechos. En conversación con la líder femenina de la historia, interpretada por Brigitte Nielsen, porque también hay algo de machismo acá (la mujer linda es la víctima, la menos atractiva la asesina), queda claro que el problema de inseguridad es por culpa de los jueces que dejan libres a los criminales que ellos atrapan. De nuevo, las personas no tienen derecho a un juicio.

En la ficción del filme, es imposible no estar de acuerdo con lo postulado por el personaje. Los villanos son caricaturas de la criminalidad social, llevados hasta el paroxismo, convirtiéndolos en entes conformados por puro mal en sus entrañas. No existe humanidad en ellos y, por lo tanto, deben ser tratados con severidad. El líder de la banda asediando la ciudad en “Cobra”, magnifico personaje interpretado maravillosamente por Brian Thompson, tiene como nombre Night Slasher, lo que se podría traducir como cortador de la noche, o, incluso, haciendo un juego de palabras que los filmeros entenderán sin mucho problema, el horror de la noche.

46f9e770bdb048a3abc4b455f560bd97-700

Todo villano de un blockbuster de verano de Hollywood tiene esa misma característica. Uno tan elucubrado y celebrado como el Joker del Batman de Christopher Nolan, no es más que la repetición de este arquetipo, algo de lo que ya se habló en extenso en este espacio. Y, mismo planteamiento aplica para el héroe de las obras cinematográficas: un súper hombre que es capaz de aniquilar a los malvados, tan solo con la fuerza de sus músculos y la sagacidad de su cerebro. En “Comando“, una de las obras que lanzó a la fama a Arnold Schwarzenegger, el ex-militar que sufre el rapto de su hija no piensa, ni por un segundo, acudir a las autoridades, sino en arrancar una cacería humana para dar con el paradero de su pequeña.

Una crisis y un salvador castrense, esa es la fórmula de Hollywood… y de Brasil en estas últimas elecciones. “Cobra” comienza con un monologo recitado por Stallone, dicho sobre la imagen de una pistola a punto de dispararse, que dice: “En Estados Unidos hay un robo cada 11 segundos, un robo a mano armada cada 65 segundos, un crimen violento cada 25 segundos, un asesinato cada 24 minutos y 250 violaciones diarias”. Después de escucharlo, el espectador pide a gritos un salvador, especialmente un policía.

DSC_0234.jpg

Jair Bolsonaro, cuyo segundo nombre es Messias (no podía ser otro), se ha erigido como la salvación del pueblo brasileño, en estos momentos de crisis económica e inseguridad ciudadana. Los principales medios de comunicación del país han bombardeado a su audiencia con con noticias sobre la dura crisis política vivida, las dificultades económicas y la inseguridad habida en las principales urbes. El Estado, entendido el concepto como la sumatoria de gobierno, nación y territorio, se ha presentado en extenso como uno fallido.

Pero, es importante preguntar, como con acierto lo hacen Guilherme Boulos y Rud Rafael en su artículo para La Jornada, ¿es la mayoría de Brasil fascista? La respuesta dada por ellos es tan pertinente como su pregunta: por supuesto que no. ¿Por qué gana entonces, en uno de los países con las personas más alegres del mundo, un hombre que ha hecho apología a los asesinatos de opositores políticos, al genocidio de minorías y que ha celebrado la vida de conocidos torturadores? Porque el Brasil de hoy, es el Estados Unidos que Stallone y Cosmatos le presentaron a su público: uno asediado por los malhechores, necesitado de un héroe que contra ellos se enfrente con valentía hasta destruirlos.

cobra__1986____quad_poster_by_levtones-dc6adyl

Manolo Monereo, reconocido académico español, determinaba que las sociedades neoliberales se caracterizan por ser unas dominadas por el miedo. Se teme por perder el trabajo, por no ser popular, por no tener más dinero que el vecino, por no conseguir marido o esposa… Brasil ha sido una sociedad dominada por las injusticias sociales, la inestabilidad política y el impacto de fuertes crisis económicas. Ese pasado desastroso, recordado por las dictaduras, los golpes de Estado, las crisis de la deuda, parecía haber quedado atrás desde que ganara las elecciones presidenciales Fernando Henrique Cardoso. La transición democrática pacifica de Luis Inácio Da Silva y Dilma Rousseff, sumada a la época de bonanza que lideró el primero de estos dos, hacía soñar a los brasileños que su pasado oscuro se había transformado en un recuerdo histórico.

Pero llegó la caída en el precio de los commodities, principalmente el petroleo, y las masivas manifestaciones sociales de junio 2013. Explica Jean Tible en su texto para Le Monde Diplomatique que “el miedo, esa sensación que usualmente afecta a la gente común a raíz de sus vulnerabilidades, se convierte, ante un acontecimiento de protesta social, en algo distinto, en la medida en que los mismos poderes constituidos pasan a sentir miedo”. Culmina el autor su texto con una frase concluyente: “los poderosos tuvieron miedo”. Y, cuando se tiene miedo, no se toman buenas decisiones.

descarga

No pasó desapercibido para ningún analista que los dos virtuales ganadores de la contienda electoral en Brasil, Luis Da Silva y Jair Bolsonaro, eran personajes etiquetados como “antisistema”, “antiestablecimiento”, “antipolítica”; eso a pesar de que el primero (y gran favorito) es un reconocido expresidente (el diario The Guardian lo denominó el presidente más exitoso de la historia) y el segundo un recorrido congresista. Sin importar la contradicción, lo relevante era el hecho de que ambos hombres ascendían en las gráficas de intención de voto presentándose como rebeldes, marginados, unos proscritos del sistema político imperante.

Válido preguntar, ¿no es precisamente eso Marion Cobretti? Por algo se le considera al personaje el líder del escuadrón zombie, un grupo de bizarros miembros de la fuerza pública que actúa según su propia ley. ¿Algún paralelo con Tony Stark, Bruce Wayne o Bryan Mills? Se traza una línea perfecta entre ellos y el actual presidente brasileño; pero también el ex primer mandatario colombiano (el héroe que iba a aniquilar los villanos de las FARC), el actual ocupante de la Casa Blanca (el encargado de acabar con el socialismo de Obama) y el líder alemán que tenía como meta liberar a su país de los comunistas y esa secta satánica dominando su economía (hay que ver lo que se decía en esa época sobre lo judíos en Europa).

tonystark2-xlarge_trans_NvBQzQNjv4BqeuRHplZSizlnIpEPA_wgci-oMky92GODLj7YayikDrk

Pero pocas relaciones tan co-dependientes como las habidas entre los héroes y sus villanos que los justifican, que los complementan, en palabras del Joker de Christopher Nolan. Y en Brasil, Colombia y los Estados Unidos, los medios de comunicación masivos ayudaron en esa narrativa. Se transformó, en cada caso, a una importante parte de la población en demonios que deben ser exorcizados de la sociedad. En el caso del país más grande de América Latina, como bien explica Glenn Greenwald y Victor Pougy, “la prensa oligárquica adhirió explicitamente al candidato Geraldo Alckim, gobernador del Estado de San Pablo, miembro del Partido de la Social Democracia Brasileña (Psdb, derecha) y encarnación de la élite del país”, exacerbando, atizando y profundizando la percepción ciudadana sobre las problemáticas acongojádolos.

Concluyen ambos periodistas su nota para The Intercept diciendo que “esta situación general demuestra lo que las élites estadounidenses, británicas y europeas, traumatizadas por la elección de Donald Trump y por el voto a favor del Brexit en el Reino Unido, siempre se niegan a admitir: el autoritarismo no nace de la nada. Los demagogos no pueden desarrollarse en medio de instituciones funcionales, justas y equitativas. Amenazar la democracia y las libertades políticas sólo es posible cuando la población pierde la confianza que unía las instituciones”.

d583d6d6318f48af3fddc0f3f36ea2a4

Jair Bolsonaro no es más que un grito de ayuda de parte de una sociedad desesperada por la situación vivida, cuyos recuerdos de un pasado prístino le exigen actuar de manera impetuosa con tal de volver a él. Y Hollywood, con su narrativa plana de dos dimensiones de la sociedad (un mundo dividido en buenos y malos) le ha dicho a los creadores de la zamba, y al mundo entero, que lo que en esos momento se necesita es un hombre fuerte, alejado de las instituciones democráticas, capaz de curar la enfermedad de las sociedades en que habitan.

Ojalá la vida fuera tan fácil como una historia de Hollywood; pero lo que el pasado demuestra es que a futuro, es válido proyectar, los problemas de Brasil acaban de comenzar. Los villanos en la vida real no son hombres y mujeres que quieren destruir el planeta, son seres humanos, muchas veces nacidos en condiciones de vida insoportables para la mayoría de quienes los juzgan y que encuentran en la vida al margen de la ley la única salida a sus problemas, y quienes de forma natural responden con violencia cuando son atacados de esa forma. Violencia que crea otras formas de ella, siendo ISIS el mejor ejemplo de esta afirmación. No deja de ser diciente que las castas latinoamericanas critiquen con entereza a los pobres por acudir a la criminalidad para solucionar sus problemas, a la vez que votan por un criminal para que solucione los suyos, mientras disfrutan de otros personajes de ese tipo en la pantalla grande.

bolsonaro-el-candidato-de-la-ultraderecha-brasileña-subió-en-intención-de-voto

Anuncios

2 comentarios en “Jair Bolsonaro, Una Respuesta Tipo Hollywood A Una Crisis.

Deja un comentario