“Apocalypto”, ¿Podremos Escapar A Nuestro Destino?

La cultura Maya ha sido una de las civilizaciones más fascinantes e intrigantes creadas por el hombre en su reinado en la tierra. Su ascenso, decadencia y extinción es uno de los hechos históricos más enigmáticos, así como uno con lecciones inmensas para la era actual, por su relevancia en nuestra coyuntura, definida ella por tratar de superar el desafío más grandes acongojando la vida en la tierra y tal vez el más peligroso jamás enfrentado: el cambio climático. En ese contexto es que se proyecta en este espacio el filme que Mel Gibson escribió, produjo y dirigió en 2006, siendo de lejos, su mejor obra hasta ahora, esa maravilla del audiovisual llamada “Apocalypto”.

El cineasta tras bambalinas en esta producción mencionó, en alguna entrevista y de forma aleccionadora, como era algo sorprendente para él notar a los seres humanos modernos como unos con un sentimiento de superioridad frente sus antepasados, gentes que creen haber alcanzado grados de organización más civilizadas, una especie evolucionada; pero a la vez, una que sigue cometiendo los mismos errores de su ascendencia. “Apocalypto” parece ser no otra cosa que una metáfora audiovisual de esa descripción, presentando una muestra de lo que pudo haber sido el comportamiento de la civilización Maya, una de las más portentosas y ricas, momentos justos antes de desaparecer; reflejando el estilo de vida de hoy en ellos y advirtiendo de la posibilidad de tener un futuro compartido ambas organizaciones humanas.

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La historia no es una fuerza avanzando hacia adelante como una linea, sino una girando en un circulo que hace que los hechos se repitan frecuentemente. Al parecer, incluso cuando de ella se aprende, la condena y la tragicomedia parece ser el verse advocados a repetirla. Algo así decía Rustin Cole en la primera temporada de “True Detective“, y los hechos parecen darle la razón. Los habitantes de la Isla de Pascua fueron miembros de una avanzada sociedad, hombres y mujeres capaces de construir las imponentes estatuas moáis. Pero el destino parece ser fatal para las comunidades que alcanzan la cima. Se vieron abocados a la extinción por, aunque esto ha entrado en duda últimamente, un ecocidio: los nativos de la isla, interesados más en la edificación de las icónicas estatuas, destruyeron la madera del territorio para su creación. La escasez de ésta impidió la construcción de canoas para pescar, lo que produjo una sobreexplotación de los recursos de la tierra. Sin posibilidad de capturar alimentos del mar y sembrar la tierra, la población despareció.

El mundo moderno parece estar pasando por exactamente lo mismo. Habiendo alcanzado un grado de desarrollo sin precedentes en esta era, el hambre vuelve a crecer entre nuestros iguales, algo que según informe de la FAO, El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2018, es causado por “la pérdida de servicios medioambientales que nos prestan los ecosistemas del planeta””, producto “en concreto del cambio climático”. “Apocalypto” recupera para la posteridad un momento similar de la civilización Maya, en su etapa de máximo esplendor y poder, o, lo que es lo mismo, el principio de su debacle.

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Una tribu Maya de cazadores recolectores es capturada por una población establecida ya bajo la forma de un imperio. Los segundos son parte de un pueblo conquistador, los primeros autosuficientes establecidos en su parcela. Aquellos son una muestra de los antepasados humanos, los segundos una muestra de lo que le pasa a esta especie una vez llega a lo más alto en la escala social. “Parece ser que la historia premia la maldad con el poder” decía Ari, el personaje de Helena Bonham Carter en el “Planet of the Apes” de su esposo, el director Tim Burton. Es ésta una máxima plasmada con fuerza en la obra de Gibson.

El guion hecho por el director a cuatro manos con Farhad Safinia, expone el contraste en la forma de vida de las dos agrupaciones. Pasa el espectador, al principio del metraje, un buen tiempo con este grupo de hombres y mujeres libres que vivían para subsistir, pero que lograban crear una comunidad familiar donde se desarrollaba una sencilla pero amena vida. Como dice Harari en “De animales a dioses”, este tipo de sociedad creaba sapiens capaces de recorrer kilómetros a la redonda, sin miedo alguno de encontrarse con una propiedad privada que le impidiera movilizarse. Una vez alcanzados por los poderosos, son raptados y llevados al centro de su ciudad principal, donde se vislumbran, por contraposición, los males de una sociedad moderna condenada a la extinción: un abuso en el uso de los recursos enfocado a crear productos para verlos luego despilfarrados; una escandalosa desigualdad que permite a unos pocos vivir con lo que necesitarían muchos, mientras muchos viven con lo que necesitarían pocos; y una casta gobernante que promueve la ignorancia en sus ciudadanos con el objetivo de perpetuarse en el poder.

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“Apocalypto”, como audiovisual, sobresale en su densidad, lo que pareciera una contradicción, pues se alcanza ésta gracias al estar basada en una sencilla premisa construida alrededor de una historia de aventuras, muy clásica, la que en su desarrollo permite adentrarnos en el complejo universo creado. La sencillez narrativa permite una exploración compleja de un mundo al que consideramos superado, a pesar de ser uno que aún hoy nos define. Esa facilidad en la historia a contar, permite que el mensaje, claro, obvio y contundente, impacte con mucha más fuerza en la psiquis del espectador, conectando la realidad de hoy con nuestro pasado. Y es que la película es una perfecta representación del mundo social y político que hoy en día tenemos, con todos los males que lo corrompen y los problemas que lo amenazan a futuro.

“No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia fuera de la imaginación común de los seres humanos. Le gente entiende fácilmente que los primitivos cimienten su orden social mediante creencias en fantasmas y espíritus, y que se reúnan cada luna llena para bailar juntos alrededor de una hoguera. Lo que no conseguimos apreciar es que nuestras instituciones modernas funcionan exactamente sobre la misma base”. La frase, tomada del libro antes citado, demuestra con contundencia como los antepasados eran seres tan inocentes como el hombre y la mujer contemporánea. La diferencia radicaba en qué creían unos y otros, no en que unos estaban engañados y los otros no.

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Importante apunto porque la trama de “Apocalypto” se centra en una tranquila tribu indígena, que es conquistada por un grupo de soldados Mayas, quienes necesitan mujeres para vender y hombres para sacrificar a su dios, en el centro de su principal ciudad. Al momento de llegar a la urbe maya, Gibson tiene el acierto de mostrar con mucha delicadeza y talento la clase de sociedad en lo que al parecer se habían convertido los indigenas centroamericanos. Un mundo en el que la superpoblación, la avaricia, la corrupción y el daño ambiental habían calado tan profundamente, que solo se necesitaría un poco de tiempo para que se extinguiera irremediablemente.

Nuestro mundo moderno ha sido acusado de manera constante de lo mismo. Una sociedad con un estilo de vida sin recursos para mantenerla indefinidamente. El filme empieza con una frase del filósofo Will Durant: “una gran civilización no es conquistada desde afuera hasta que se destruye a sí misma desde adentro”. Los mayas habían caído rendidos a la adoración por el dinero, los lujos y un estilo de vida corrupto. La llegada de los españoles a esas tierras solo profundizó esa condición. Un documental, “The Four Horsemen“, describe nuestra sociedad moderna en los mismos exactos términos. No será conquistada; pero sí, como los habitantes de Pascua, el estilo de vida actual tiene el potencial de acabar con el mundo que sustenta la vida en el planeta, llevándonos a la extinción. De hecho, a la séptima gran extinción. Muchos hechos indican que ésta ya ha comenzado.

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A la entrada del mundo Maya, lo que Gibson presenta es una comunidad en la que la avaricia, la indiferencia, el poder político y la ignorancia son los principales valores entre ellos. Parece, en esa área, que la crítica más profunda del director va dirigida hacia el despilfarro con el que estos hombres se acostumbraron a vivir. El desperdicio de comida, la destrucción del medio ambiente que los rodea, el desprecio por los más necesitados y la eterna, incomprensible y hasta inmensa estupidez de creer que el hombre se puede comunicar con dios, son las características que más nos llegan como espectadores en esta parte de la película.

En ese momento del metraje, cuando se desarrolla el segundo acto, es tentador concluir que Gibson tiene la intención de mostrar que de la misma forma que se comporta el humano contémporaneo, lo hicieron los mayas antes de su desaparición. Haciendo referencia a otra película, Gibson exhibe con su puesta en escena lo que el agente Smith de “The Matrix” comentaba a Morpheus sobre su visión del ser humano, al que no considera un mamífero, sino un virus: un ser que consume todos los recursos que sustentan su vida hasta agotarlos y extinguirse. Otra palabra usa él: un cáncer. La extrapolación es fácil de ver en el mundo actual. Tal y como fue la civilización Maya antes de desaparecer, es el mundo de hoy. Ellos tuvieron como excusa de su comportamiento la ignorancia; la única explicación posible al nuestro es la estupidez.

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Potente momento del film aquel en que Garra Jaguar (Rudy Youngblood) va a ser crucificado en honor al dios Sol. En ese preciso instante un eclipse lunar hace presencia. El pueblo se siente sumamente extrañado. No así los líderes arriba, literalmente, de la pirámide, conocedores del fenómeno como uno natural. Aprovechan la situación para engañar al pueblo, haciéndoles creer que dios les envía un mensaje de que está satisfecho y que por eso se oscureció. Para tranquilizar a las masas, el líder religioso le pide al creador que les de de nuevo la luz sí es que ya no quiere más sacrificios, lo que evidentemente sucede, despertando un gozo inmenso en la plebe que vocifera por los muertos. Una vez más: los políticos siguen engañando, solo que ahora usan otros trucos. Pareciera que, como dijo una afamada reportera española, como sociedad, no somos más que simios con teléfonos inteligentes.

De ahí en adelante, la película se convierte en una de aventuras, dado que Garra Jaguar logra escaparse de los soldados mayas, quienes salen a su búsqueda por toda la selva. Con todo este fondo, y ubicándose en un momento histórico tan especifico, Gibson logra darle un interesante giro a las películas de persecución. De manera casi irónica, lo que el cineasta logró fue darle a este género una renovación, al lograr humanizar hasta los niveles más básicos el afán de supervivencia. Según el mismo director, lo que había pasado en el cine en los últimos años era que las persecuciones en las películas se habían convertido en un desfile de efectos especiales cada vez más exagerados, dejando totalmente de lado la personificación del miedo y el desespero por medio de los actores. No obstante la importancia de factor presentado, se resalta, así debe ser, unas filmaciones de noche y a altas velocidades alucinantes por la calidad en que lograron se capturadas por las cámaras.

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La película se convierte en una clásica aventura por la supervivencia, en donde un grupo de hombres en la selva persigue a otro con el único fin de matarlo. Algo visto mil veces ya. Pero, de una manera inteligente, esta historiase sitúa en la época pre-colombina, lo que le permitió mostrar al director seres humanos mucho mejor físicamente que lo habidos en la actualidad. Los cazadores recolectores de Hariri son traídos a la vida, en forma de ilusión, en esta ficción. La resistencia a los golpes, la capacidad física, la fuerza y agilidad de cada uno de ellos nunca se siente exagerada o ridícula, sino que por el contrario se siente muy real. Más aún, se crea una conexión profunda: una cosa es ver superheroes de otros planetas haciendo esas hazañas, o personajes de computación; pero estas personas, hoy se sabe, sí existieron. En pocas palabras, cualquiera viendo la película podría ser como ellos. El efecto se complementa porque a pesar de comprender la gran fortaleza física, de manera natural los espectadores tienden a observar los acontecimiento de la pantalla desde su propia percepción, y por eso se sufren con los golpes y hazañas de ellos de manera tan cercana. No duele cuando impacta un disparo en Superman; pero sí cuando un humano se fractura el craneo, por muy fortalecido que esté.

Dos elementos técnicos sobresalen y merecen ser contados. Uno de los aciertos más llamativos fue el filmar en selvas latinoamericanas, con actores desconocidos y en medio de un cuidadoso diseño de producción, que logra trasladar la acción a un mundo antes de la llegada de Colon. Resalta la inmensa y muy especial banda de sonido del filme, caracterizada por ser excelsa en detalles del ambiente que los domina. Pareciera como si cada hoja que se moviera sonara. Como complemento, alabar el trabajo de James Horner, a quien se acusa de repetirse excesivamente en “Avatar”, al haber creado una música para la película con base en exóticos instrumentos musicales y voces, lo que ayuda mucho a la atmósfera buscada. Mención aparte fue el hecho de que el film se haya filmado en tecnología de alta definición, usando la cámara Genesis de Panavisión, la que impacto al mundo en el estreno de “Superman Returns” por su inmensa calidad, algo que se repite acá.

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En un detrás de cámaras de este filme se ve a un Gibson extasiado dirigiendo. Indudable que puso él su alma y corazón en este trabajo. Siendo el gran cineasta que es, no es una sorpresa saber que el filme funciona como un conjunto de elementos unidos perfectamente, que logran hacer vivir a su audiencia casi en carne propia la experiencia que en la pantalla se muestra. Tanto el maquillaje como el vestuario y el idioma usado por los actores, a lo que se le agrega el impecable aspecto técnico del filme, permiten una recreación maravillosa de un mundo indígena precolombino, en donde una espectacular persecución por la inmensidad de la selva latinoamericana se desata.

Pero la calidad artística, esa que representa maravillosamente el mundo de una sociedad considerada desde la posición cómoda de la modernidad como primitiva, sirve para demostrar lo poco que la especie dominando el planeta ha cambiado. No hay, en la actualidad, estudio científico que analice el impacto de la actividad humana en el ambiente que tenga una conclusión esperanzadora sobre el devenir de los seres vivos. Se ha declarado ya el año 2030 como el inicio del próximo “Apocalypto” y, pareciera, no se hará nada verdaderamente importante por prevenirlo. Bueno, dejando al arte de lado.

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6 comentarios en ““Apocalypto”, ¿Podremos Escapar A Nuestro Destino?

  1. Muy interesante su publicación donde vemos que nuestras culturas se repiten y se repiten y no muestran cambios que deberían generarse con la experiencia notamos que es un ciclo que se repite y se repite la verdad no hemos tomado conciencia de lo que fuimos somos seremos y lo que dejamos es para pensar y actuar y tomar conciencia

  2. Recomiendo leer la historia de “Civilization: Beyond Earth”
    Es quizas el primer juego con historia profetica que he visto hasta ahora.

  3. Hola. Muy interesante el artículo. Intentaré tener energía para verla, porque películas crudas y reales como la que describes necesitan un cierto esfuerzo. Porque concibo el cine más como entretenimiento, dicersiod y desconexión de la realidad. Y recibir bofetadas de realidad no es fácil o al menos no apetece 🙂 Citas a una periodista que opina “… simios con teléfonos inteligentes…” Quien es? Es porque me gustaría citar a la autora de esa evidencia en alguna charla. Gracias de antemano. Estaré atento a nuevos artículos que publiques.

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