“Die Hard” y “Die Hard With A Vengeance”: Obra Cumbre Del Cine De Acción A Dos Actos.

Die Hard” es un clásico. Posiblemente el clásico de acción más importantes de todos los tiempos, el más emblemático y aquel capaz de erigirse como el mejor exponente de una época de oro para el cine de acción de Hollywood, como lo fue la década de los años ochenta. Alcanzó, la obra, un éxito de taquilla y de crítica muy distante al recibido en general por las películas que hacen parte de este maltratado género, en gran parte producto de la magistral dirección de John McTiernan, un estelar de Bruce Willis absolutamente encantador y un Alan Rickman exquisito. Con  cuatro nominaciones bien merecidas a los premios de la Academia, y recaudando más de 140 millones de dólares a nivel mundial, sobre un costo de 28, “Die Hard” se convirtió por derecho propio en un imperdible del cine.

Producto de tan enorme suceso, Hollywood, de manera muy poco sorpresiva, habría de exprimir el éxito de manera comercial hasta el agotamiento máximo, dando como resultado una franquicia patética y ridícula, con unas últimas entregas desconectadas en su totalidad de la génesis del filme. No obstante, porque todo hay que decirlo, en ese trabajo de saquear hasta el final a esta saga y el personaje, hubo un momento de brillantez, de inspiración máxima, de glamour fílmico, como lo es esa joya titulada “Die Hard with a Vengeance“.

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La trama tiene como centro al detective de policía de la ciudad de Nueva York John McClane (Bruce Willis), quien va de visita a ciudad de Los Ángeles con el deseo de recuperar la deteriorada relación con su esposa. Llegándole de sorpresa al edificio donde trabaja, el ya famoso Nakatomi Plaza (que en la vida real es el inmueble de la Fox Plaza, y el que fue usado en etapa de construcción, tal y como sale en el filme), John espera en un baño mientras una reunión de la empresa se desarrolla, con la intención de hablar con su mujer cuando ésta finalice.

En ese instante, un grupo de terroristas comandado por Hans Gruber (Alan Rickman) se toma el edificio, con la intención de secuestrar al CEO de la compañía donde Holly Genaro trabaja (Bonnie Bedelia), Joseph Yoshinobu Takagi (James Shigeta), esperando con su acción ganar notoriedad y poder hacer de conocimiento de todo el público sus demandas. Estando apartado de toda la reunión, McClane no queda bajo la autoridad de facto del grupo terrorista, por lo que que tiene la oportunidad de actuar acorde a su profesión y preparación.

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Preocupado por el bienestar de su esposa y el grupo junto a ella, el detective se comunica de manera inmediata con la policía de Los Ángeles, esperando hagan presencia en el lugar y tomen el mando de toda la situación. Su intención no es para nada una heroica, sino más bien, la de un ciudadano consiente de una situación que debe denunciar para que las autoridades la solucionen. Nunca busca él destruir al grupo armado en solitario, ni salir a matar a todos en acto de venganza por dañar la fiesta de su amada; por el contrario, lo primero que hace el agente es esconderse hasta que lleguen los refuerzos de la fuerza pública para que tomen el control de la situación. Hay un inmenso componente de realismo en esta caracterización del personaje, que logra hacer de “Die Hard” una película verdaderamente interesante, y con un contenido dramático y profundo poco característico de este género.

McClane es una víctima de las circunstancias, no es el valiente que va a salvar a todo el mundo; es alguien que se ve forzado a actuar, a matar en defensa propia, a esconderse de sus enemigos; no un súper hombre que va en búsqueda del conflicto y de los maleantes para enfrentarlos. La humanización del personaje, con las clásicas debilidades que cualquier persona tendría en un momento así, hace que nos identifiquemos profundamente con él. Una línea argumentativa similar se describe en las adaptaciones que del Batman de Bob Kane hizo Christopher Nolan, aduciendo gran parte del éxito de la saga a lo mismo que acá se resalta.

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En la creación de este personaje, el héroe de acción es alguien que suda, que sangra, que se ensucia y que demuestra muchas debilidades humanas frente a sus enemigos, siendo estas características las que diferencian esta historia de cualquier otra del género. Es en la superación de todos esos elementos donde radica también el dramatismo, puesto que al imponerle estas limitantes a McClane, salidas más interesantes y búsquedas más arriesgadas se deben encontrar para solucionar el momento que vive.

Bajo esa premisa se puede explicar en parte el por qué la película funcionó en todas sus aristas. La historia, enfocada en un policía forzado a actuar en una situación extrema, la que constantemente trata de evadir, hace que la acción estalle producto de momentos al extremo tensos y no del lucimiento de una persona. Lo anterior es alejado de lo regularmente presentado en las películas de su época, en donde el personaje principal se encuentra sumamente ansioso por enfrentarse a un ejército entero entrenado y compuesto por letales asesinos. En esa diferenciación, en ese contenido realista, nace lo más atractivo de “Die Hard”.

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Bruce Willis nació para interpretar a John McClane. La oferta para dramatizar el personaje fue rechazada por pesos pesados de la industria como Sylvester Stallone, Harrison Ford y Don Johnson, viéndose forzada la FOX a ofrecer hasta 5 millones de dólares a Willis por su participación, puesto que en caso de que él lo rechazara, el estudio se quedaría sin estreno para el verano. Cinemascore convenció a McTiernan de escoger al menos deseado, quien venía de liderar la serie “MoonlightEl inmenso carisma del actor encajaría de forma mágica con el ideal del hombre puesto a sufrir tal situación. Alejándose completamente de la novela en la que está basada la película, el humor entregado para el filme es genial y un complemento perfecto de este nuevo arquetipo de detective. El constante sarcasmo con el que McClane enfrenta las distintas crisis lo hacen alguien cautivador y sirven para aligerar los momentos de mayor tensión, encontrando el contraste necesario para un perfecto fluido en el desarrollo de la historia.

“Die Hard” generó una inmensa cantidad de copias, especialmente por el marco en que se enfrascaron las extremas vivencias a desenvolver durante la trama: el encerrar todos los hechos en un mismo lugar. Como todo sucede al interior del edificio, la problemática que se genera para el personaje es mayor, puesto que la sin salida en la que se encuentra crea una inmensa sensación de claustrofobia que domina toda la película, ligada ésta al desespero por querer salir de ese lugar.

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Tal y como lo dijera en alguna ocasión el grandioso Alfred Hitchcock, entre más logrado sea el villano más lograda será la película. En “Die Hard” esa frase encuentra una perfecta aplicación, al ser el papel de Alan Rickman el de uno de los villanos más atractivos del cine. Su personaje es un hombre sumamente culto, inteligente y con una elegancia sobresaliente, además de un sentido del humor refinado, que tiene sus intereses ocultos para llevar a cabo las acciones que comete, generando un aura de misterio fascinante alrededor de él. Steve de Souza, guionista, declaró en una entrevista en la que negó que este proyecto arrancara como una secuela de “Commando“, que el protagonista de su historia era Hubber: “si no se hubiera perpetrado el robo, McClane se hubiera reconciliado con su esposa y ya. La fuerza narrativa del filme recae en el villano”, concluyó el creador de manera tajante.

El hecho de querer engañar a los policías haciéndose pasar como un terrorista político, plan desarrollado para ganar el tiempo necesario y alcanzar sus verdaderas metas, es un acierto más de una historia muy bien escrita y planeada. Rickman es ideal en ese personaje, decidiendo él mostrar alguien que habla con una soberbia inmensa frente a sus interlocutores, que no pierde la postura casi nunca, que denota mucha preparación y conocimiento en lo que hace; siendo ese profesionalismo algo a lo que no nos tenían tan acostumbrados los típicos villanos de Hollywood. La calidad del ingles, quien por primera vez ponía su nombre en un gran cartel, sorprendió al equipo realizador, quienes escribieron una escena adicional para él: la conversación con McClane en donde se hace pasar por un secuestrado. En la escena final, el actor fue lanzado de una altura de más de 15 metros a un colchón en un espacio de chroma key, no avisándole el momento exacto en que iba a ser soltado, por lo que se pudo capturar su genuino miedo al soltarse, creando un plano inmortal del cine.

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Las infaltables secuencias espectaculares de acción dignas de este tipo de filmes hacen clara presencia acá, complementadas con un muy interesante y detallado diseño de sonido que producen un fuerte realismo de esos increíbles momentos. La escena en donde explota el techo del edificio y McClane tiene que saltar amarrado a la manguera de bomberos es sencillamente insuperable, incluso para nuestra época de CGI por donde quiera que se mire una película de acción. Así mismo, el estallido de los miles de cristales por la fuerza de los explosivos detonados es algo alucinante. Pero todo eso lo compaginaron a la perfección en la historia, concadenando los hechos y la tensión hasta llegar a ellos.

“Die Hard” fue considerada hace poco (más o menos en la misma fecha que se estrenaba la cuarta parte de la misma) como la mejor película de acción de todos los tiempos, según la revista Entertainment Weekly, lo que es difícil de no compartir. Como era de esperarse, con unos estudios de cine ya propiedad de grandes corporaciones enfrascadas en la búsqueda de ganancias financieras, una franquicia llena de secuelas innecesarias habría de hacerse. No obstante, dentro de ese grupo resalta una que, además, si hacemos un esfuerzo e ignoramos las restantes, conforma un dúo poderoso con la obra acá reseñada.

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Después de haber realizado la innecesaria segunda parte de esta franquicia, en 1995 John McTiernan volvió a tomar la dirección de esta importante serie de acción, y llevó a cabo una inmensa producción para la tercera parte, en la que John McClane estaría de regreso a su natal Nueva York, lo que terminó siendo también una de las secuelas más interesantes y bien trabajadas llevadas al cine. Llama la atención de esta historia el que ignora por completo los acontecimientos que sucedieron en su predecesora. Hoy en día, con secuelas y remakes por donde se mire, se ha llegado a usar esta herramienta muchas veces, pero no era el caso para aquella época, lo que demuestra la existencia de una visión artística de parte de los realizadores.

Se resalta, acá, algo notorio de esta obra que pareciera ser obvio, pero que se extraña regularmente en las continuaciones: las oportunidades presentadas por las secuelas al nacer de una historia ya explicada a la audiencia, permitiendo visitar un mundo ya conocido al que se puede volver con una apuesta más ambiciosa desde el punto de vista dramático. Familiarizados de sobre manera con los profundos y reales elementos del personaje de la primera entrega, el director John McTiernan hizo una tercera/segunda parte que rescata lo más memorable de ella, con el objetivo de profundizarlos, jugando con el conocimiento del espectador, a quien se le anticipa en sus conclusiones para luego sorprenderlo, logrando realizar una de las secuelas más inteligentes llevadas a la pantalla.

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Tal vez de los ítems más atractivos de la primera película, ya dicho acá, era el encierro en el que las personas tuvieron que enfrentar todos los acontecimientos; algo que evolucionó en esta nueva entrega, siendo ahora la ciudad de Nueva York el escenario de las complicadas situaciones. Durante mucho tiempo, las películas de Hollywood tenían un pitch en referencia a la primera entrega de esta saga. Por ejemplo: “Speed“, el filme protagonizado por Keanu Reeves se denominaba “Die Hard” en un bus. Esta secuela se podría llamar “Die Hard” en Nueva York. Incluso, un final alternativo se presentaba con los personajes en una ciudad europea, el que fue eliminado, entre otras cosas, por su alejamiento del lugar central de la acción. Como anécdota complementaria a esto, decir que el título de trabajo del filme fue “Die Hard. New York”.

El causante del secuestro de Nueva York no podría ser otro que el opositor a McClane. Siendo el villano de la primera parte una de las herramientas más impactantes, el gran reto era superar tan poderosa presencia en esta tercera, y algo de eso se logró. El personaje interpretado por Jeremy Irons, Simon Gruber, quien es el hermano de Hans Gruber, es de lo mejor de este filme, eso sí, sin nunca llegar a la altura de su antecesor. El primer opcionado por el realizador para el papel era Sir. Sean Connery, quien lo rechazó por no querer hacer una persona tan diabólica, lo que describe de manera exacta lo que el personaje es. Incluso, el título original del filme era “Simon Says”, lo que demuestra el peso del criminal.

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Al parecer, después de haberla pasado muy bien en “Pulp Fiction“, filme al que se le hace un pequeño homenaje, Samuel E. Jackson comparte de nuevo dupla con Willis. Según el actor, el personaje de Zeus es el más parecido a su persona que haya interpretado jamás, algo que se nota en la comodidad con la que se desenvuelve en cada escena. No obstante, en la necesidad de un compañero para el héroe la película cae en un cliché histórico. Desde que Eddie Murphy y Nick Nolte protagonizaron las dispareja pareja de “48 Hrs.“, el clásico de culto de Walter Hill, todas las películas de acción estuvieron obligados a situar una pareja interracial como líderes del elenco. El modelo de detective caucásico y compañero afroamericano llegó a su clímax con el dúo conformado por Mel Gibson y Danny Glover en “Lethal Weapon“, algo que se relaciona de manera cósmica con la obra acá estudiada.

Y es que “Die Hard” jugó también con ese esquema: en la primera obra McClane trabaja de la mano con el sargento Al Powell (Reginald VelJohnson) y en la segunda con Grant (John Amos). Es por eso que cuando Jonathan Hensleigh escribió el texto (el que le contrajo problemas con el FBI por el profundo nivel de detalle sobre la Reserva Federal), en algún momento se pensó como vehículo para desarrollar la cuarta parte de “Lethal Weapon”, algo que no se dio por negativa de la Warner. Una vez pasada la oportunidad, no hubo el más mínimo reparo por parte de la Fox para arrebatar el texto a su competidor y ponerlo a funcionar en su saga, con tan sólo un par de pequeñas modificaciones.

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La historia va de una venganza perpetrada por Simon contra McClane por haber asesinado a su hermano. No obstante, a medida que pasa el tiempo es evidente que las tácticas usadas por Hans en la primera parte, son de nuevo utilizadas por Simon en esta tercera, dejando como resultado que la “venganza” es tan sólo parte de un plan para robar el oro depositado en la Reserva Federal de los Estados Unidos (la FED).

Es alucinante, desde cualquier punto de vista, que McTiernan y Hensleigh hayan podido engañar a las audiencias de nuevo, con el mismo truco de la primera entrega, porque es claro que de lo más impactante del filme es descubrir, al mismo momento en que lo hace McClane, epifanía plasmada por el director con un plano magistral, las verdaderas intenciones del villano de turno. La fuerza del plano es tan increíble, que además de salir en cuanto trailer de la película se pasó en su época, podría explicar a cabalidad toda la influencia que tuvo en su carrera Michael Bay.

Como no podría ser de otra forma, es de nuevo Willis el que funciona como el elemento central. Su encarnación del detective McClane es fundamentada en las mismas bases que en la primera, sólo que a un nivel más extremo en muchas de ellas. Su sentido del humor, sus limitantes como ser humano que se superan con su inmenso profesionalismo y competencia como agente del orden, su situación con su mujer, todo parte fundamental de su biografía, son traídos de nuevo a esta producción, pero engrandecidos acorde a la masiva puesta en escena del filme.

Bruce Willis declaró, de manera contundente, que lo más fascinante de la película era interpretar un héroe que claramente no quiere estar en la situación que se encuentra. Es, de hecho, forzado por las circunstancias a estar allí. Pero en esta tercera parte no está encerrado en el piso 30 de un edificio, sino en toda una ciudad. McClane se pasa por Nueva York, creando una poderosa imagen cinéfila, puesto nunca se había visto al mítico policía en su tierra natal.

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Sobresale, al igual que en su antecesora, siendo algo de rescatar, la destreza técnica de esta tercera parte, por ser sumamente superior a la que se presentó en la película de los años ochenta. Tal y como Roger Ebert en algún momento lo mencionó, en las películas del género al que esta saga hace parte, unas dos o tres secuencias de acción nos sorprenden por su originalidad y destreza técnica; pero en esta película son por lo menos siete. No sé si el número usado por el eminente crítico sea ajustado a la realidad, pero si es de decir que la obra es de las de mayor y mejor contenido explosivo y de acción que cualquier persona haya disfrutado.

La calidad y cuidado de cada una de las escenas de acción, las hacen ver sorprendentes y reales, lo que sumado al característico “look” ensangrentado, golpeado y sucio de McClane, y de Zeus en esta ocasión, se convierten en momentos puros de adrenalina. Para los amantes del cine de acción, “Die Hard With A Vengeance” es una película imperdible, una digna secuela y un ejemplo de lo que este tipo de cine debe ser. Bien lo dijo Robert Zemeckis al explicar la continuación de su ya mundialmente famosa “Back to The Future“:  las personas lo que queremos ver en las secuelas es la misma película que ya vimos, pero con unos cambios tan sutiles como profundos, que nos hagan revivir de nuevo la experiencia que ya sentimos una vez. Una tercera parte que supera a una primera ya casi perfecta es algo digno de aplaudir y, al parecer, imposible de repetir.

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5 comentarios en ““Die Hard” y “Die Hard With A Vengeance”: Obra Cumbre Del Cine De Acción A Dos Actos.

  1. […] “Die Hard” y “Die Hard With A Vengeance” – Obra Cumbre Del Cine De Acción A Dos Actos: “Bruce Willis nació para interpretar a John McClane. La oferta para dramatizar el personaje fue rechazada por pesos pesados de la industria como Sylvester Stallone, Harrison Ford y Don Johnson, viéndose forzada la FOX a ofrecer hasta 5 millones de dólares a Willis por su participación, puesto que en caso de que él lo rechazará. el estudio se quedaría sin estreno para el verano. Cinemascore convención a McTiernan de escoger al menos deseado, quien venía de liderar la serie “Moonlight“. El inmenso carisma del actor encaja de forma mágica con el ideal del hombre puesto a sufrir tal situación.” […]

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  2. […] “Die Hard” y “Die Hard With A Vengeance” – Obra Cumbre Del Cine De Acción A Dos Actos: “Bruce Willis nació para interpretar a John McClane. La oferta para dramatizar el personaje fue rechazada por pesos pesados de la industria como Sylvester Stallone, Harrison Ford y Don Johnson, viéndose forzada la FOX a ofrecer hasta 5 millones de dólares a Willis por su participación, puesto que en caso de que él lo rechazará. el estudio se quedaría sin estreno para el verano. Cinemascore convención a McTiernan de escoger al menos deseado, quien venía de liderar la serie “Moonlight“. El inmenso carisma del actor encaja de forma mágica con el ideal del hombre puesto a sufrir tal situación.” […]

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  3. […] En esta pieza audiovisual se sufre, se goza, se ríe y se llora, a niveles dramáticos, con las vivencias de los animales que se presentan ante nosotros, puesto que en algún momento llegamos a sentir que los conocemos de manera intima. No se es un espectador privilegiado, sino que se siente como si fuera uno un visitante de este mágico mundo. Las jugarretas del osito Mei Mei, los cuidados de su mamá Ya Ya, las travesuras y problemas familiares del mono Tao Tao, así como la entrega de la felina Dawa, con su imborrable desenlace, son momentos llenos de una carga emocional que perdura con el espectador mucho después de haber visto la película. En medio de todo eso, y para la historia del cine, el rescate que Tao Tao hace de su hermana en una secuencia de acción que envidiaría el mismo Jean Claude Van Damme. […]

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