“The Americans” Un Gusto Exquisito.

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“The Americans” Poster

Cualquier aficionado a “The Americans” en el mundo tiene el mismo problema: saber que está viendo la mejor serie de la televisión actual, y no tener absolutamente nadie con quien comentarla, debatirla, compartirla. Una historia innovadora para la televisión, capaz de dar una vuelta de tuerca a todo un género cinematográfico, con una narrativa visual y escrita muy bien elaborada, además de unas actuaciones impresionantes, que se ha mantenido en sus cinco temporadas como una especie de fracaso comercial y éxito artístico, lo que parece ser una característica definitiva de nuestra generación.

John Landgraf, presidente de FX, la cadena que produce y transmite la serie en los Estados Unidos, se está convirtiendo de a poco en uno de esos héroes anónimos que hacen historia. En su afán, de buscar productos con contenido de inmensa calidad capaces de ignorar los mandatos comerciales exigentes de resultados inmediatos, está transformando el contenido de la pantalla chica. No debe obviarse que su interés puede ser una apuesta comercial muy inteligente: las obras imperecederas son más rentables, puesto que su calidad les permite encontrar públicos a lo largo de la historia y, por lo tanto, ser eternamente explotables. “The Americans“, parece una apuesta segura ésta, será igual de entretenida dentro de dos décadas.

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Matthew Rhys, Keri Russell, “The Americans”.

La inspiración del programa televisivo es tan impactante como la historia contada en planos audiovisuales. En 2010, en medio del cumpleaños 16 de un joven perteneciente a una tradicional familia norteamericana, los asistentes al agasajo vieron con inmensa sorpresa la impetuosa entrada de agentes del FBI, quienes irrumpían con la misión de arrestar a los padres del festejado. Amigos, vecinos, familiares, gente que los conocían de toda una vida quedaron sin habla al percatarse de esto. ¿La razón del operativo policial? Eran ellos espías, que llevaban en suelo norteamericano más de cuarenta años.

Esa historia, un hecho de la vida real, es la base para la obra audiovisual. En muchos sentidos, podría considerarse a Philip y Elizabeth (los principales personajes), también conocidos en su natal Unión Soviética como Misha y Nadezhda, las dos personas arrestadas por el FBI en 2010; pero presentando su vida durante la década de los ochenta, cuando trabajaban activamente para el antiguo imperio euro-asiático. El ubicar ambos personaje en un universo tan conocido y en boga hoy como lo es esa década, genera un impacto profundo en los espectadores mayores, puesto que la narración se hace ahora desde el punto de vista del “enemigo”.

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Promo Poster

“The Americans”, todo hay que decirlo, no es un drama fácil de ver. No es uno para disfrutar mientras se tuitea, se revisan los informes de la empresa o se habla por whatsapp. En ese sentido, está totalmente desconectada de su tiempo, uno en el que el público se acomoda al disfrute de productos audiovisuales mientras manda mensajes por su móvil. Es, la producción, una exigente con el espectador quien debe estar dispuesto a desconectarse del mundo durante cincuenta minutos con tal de poder apreciar los pormenores que hay en toda la puesta de escena. Tal vez, quien mejor lo explicó alguna vez fue el gran Quentin Tarantino, quien en referencia aPulp Fictiondijo que requería de la atención del público para disfrutarla, pidiéndole que no estuviera leyendo el New York Times mientras la veían..

Martin Scorsese, por su parte, dejó saber alguna vez que sus películas ubicaban grandes personajes en situaciones espectaculares capaces de atraer al público. Parafraseando al gran cineasta, el crimen organizado es el maquillaje donde se desarrollan los dramas reales de personas extraordinarias. Esa enseñanza del maestro parece cobrar vida en la serie, puesto en el fondo ésta no es más que un drama familiar, de pareja, con el que cualquiera se puede identificar; pero ubicado durante el momento más crítico de la Guerra Fría: el mandato de Ronald Reagan. En palabras de su creador: “‘The Americans’ es en esencia la historia de un matrimonio. Las relaciones internacionales son una alegoría de las relaciones humanas. A veces, cuando estás luchando en tu matrimonio, o con tu hijo, se siente ese conflicto como si fuera de vida o muerte. Para Philip y Elizabeth, a menudo lo es”.

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Misha y Nadezhda

El acierto más grande de los productores fue el elenco. Matthew Rhys (escogido porque la directora de casting Leslie Feldman lo vio en una obra teatral) y Keri Russell (quién llegó a la serie por petición del presidente de FX) (Philip y Elizabeth Jenkins) son excepcionales como los agentes encubiertos soviéticos que buscan derrotar el capitalismo. Es imposible no sentirse atraídos por ellos, pues entre los dos estalla una química fortísima imposible de falsificar, la que culminó en el establecimiento de una relación que se traslapó de la pantalla a la realidad. Hoy ambos conforman una pareja sentimental que comparten trabajo, teniendo como parte fundamental de sus profesiones el comportarse como otros seres humanos, buscando engañar a un público con sus nuevas personalidades y llegando a compartir intimidad con personas distintas a su compañero matrimonial. Todo sucede tanto en la ficción como en la realidad.

Rhys, sobre su personaje dijo que: “Es una especie de regalo porque es muy variopinto y multifacético. Y cuando lo conoces, está en este gran momento decisivo de su vida en el que todo está cambiando para él. Es un personaje en el que tienes que hacer de todo. Tienes que hacer kung fu, y tienes que hacer escenas emocionales, puedes usar disfraces. Es el paquete completo para un actor. Es un sueño”. Su compañera de vida y trabajo, sobre el guion del piloto confesó que: “Estaba tan lejos de ser un texto normal. Originalmente no sabía que quería hacerlo. Siempre digo que no a todo. No quiero hacer nada. Pero no podía dejar de pensar en él. Lo leí … e intentaba entenderlo, porque no estaba claro. Todavía no está claro para mí. Hay muchos niveles en él”.

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De hecho, en la temporada tercera de la serie, en medio de un momento cumbre de toda la trama, un homenaje que mezcla la realidad de los actores con la ficción de los personajes se presentó. En una escena, un ser de la ficción inquirió a Phillip por su total ausencia de acento, algo que debería revelar su condición de extranjero. En la vida real, Rhys es de Galés y su inglés se pronuncia con un marcado tono. Tanto actor como espía logran eliminar ese característica delatora de su habla de la misma manera: con entrenamiento. Palabra ésta que usa el personaje para responder en la serie, pero que sería la misma si alguien se lo preguntará en su cotidianidad.

Y son ellos los que generan todo el drama que incomoda al espectador. El mundo de la Guerra Fría fue uno bipolar hasta el extremo de parecer un cuento de hadas bastante inocente de creer, como alguna vez lo mencionó Noam Chomsky: había un bando bueno, amable y amante de la libertad, representado por los Estados Unidos, el que se enfrentaba a otro opresor, vil y asesino, liderado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Jim Gaffigan, en su especial para Netflix, contaba un chiste sobre la situación que explica a profundidad la percepción sobre el asunto: tengo un amigo ruso, lo conozco desde que tiene tres años y aún creo que es él un espía.

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Es ese prisma heredado del conflicto histórico el que se nos fuerza a evaluar cuando vemos “The Americans”, puesto que el enemigo eterno y más temido, por lo menos por la sociedad occidental, está personificado en la serie por dos actores maravillosos, de un talento desbordante y un magnetismo poderoso. Es casi que imposible no enamorarse de ellos, ambos representantes del imperio del mal con el que tanto tiempo nos asustaron. Ese dilema y conflicto, capaz de crear sentimientos de empatía con los antiguos malvados, es realmente excitante. Por algo, como lo confesó su principal protagonista, la serie es un éxito rotundo en Rusia.

El halo propagandístico que impregna la televisión y el cine de los Estados Unidos, una realidad imposible de obviar en el Hollywood moderno, también hace presencia en “The Americans”. Muy similar a lo que sucede con “Homeland“, la situación de seguridad del país del norte parece urgirse cada vez más con el paso de los capítulos. El principal público de la serie son los ciudadanos de su país de origen, una nación profundamente paranoica y asustadiza, la que al ver espías en su territorio incrementa su al parecer infinito sentimiento de inseguridad, profundizando aún más su idea de que son un imperio atacado y, por lo tanto, uno en el que se justifica tener un descomunal aparato de fuerza pública.

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Más aún, la calidad artística es funcional a la política en este caso. La naturalidad de los actores en sus papeles de agentes, el comportamiento y profesionalismo representado por ambos, el funcionamiento del mundo del espionaje en su totalidad, se le presenta todo al espectador con una credibilidad que facilita inmensamente la suspensión de la incredulidad. Tal vez por esto, y por el cariño por parte de las audiencias hacía los espías rusos, es que los productores, tal y como sucedió con “The Sopranos” (los espectadores del drama de HBO comenzaron a odiar al F.B.I., producto del amor por los mafiosos de la serie), debieron mostrar a la pareja como una compuesta por asesinos fríos y despiadados cometiendo actos repugnantes para el espectador, un cambio que comenzó a sentirse con fuerza en la segunda temporada.

La calidad del programa, indudablemente, proviene de su creador Joe Weisberg, antiguo agente de la C.I.A.., quien impregnó éste con su experiencia y vivencias en la antigua agencia gubernamental; misma con la que debía compartir todos los guiones para tener su aprobación. Conocer el pasado de su autor principal hace que no sea sorprendente el que, por ejemplo, Oliver North, el agente enfrascado en el escándalo de los Irán-Contra durante la administración de Reagan, sea un acérrimo fan de la serie y consultor de la misma, solidificando la credibilidad de los hechos representados. Todas las traducciones del inglés al ruso en la última temporada de la serie han sido realizadas por Masha Gessen, afamada periodista ruso-estadounidense, fuerte opositora del régimen de Putin. Annet Mahendru, que habla seis idioma, convenció a varios productores del filme que la escogieran para el personaje de Nina, haciéndoles creer que ella era en la vida real una espía.

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Todo ese esfuerzo por ser convincentes, por entregar grandes actuaciones, por crear unos guiones increíbles pero convincentes, ha logrado una base pequeña pero inmensamente fiel de fanáticos, entre los que se destacan Bernardo Bertolucci, Gary Oldman, David Bowie y Ben Affleck, quienes han expresado abiertamente un gran amor por el seriado. De hecho, uno de los momentos inmortales del programa sucede al son de la canción “Under Pressure“, interpretada por Bowie y Freddie Mercury, el primero de ellos quién cedió los derechos del tema a los realizadores tan sólo días antes de fallecer.

El crear una ficción en medio de un suceso real, ha permitido a los creadores encontrar un universo paralelo para la serie, que permite la compaginación de los hechos determinantes de nuestra era con los del dramatizado. La “Guerra de las Galaxias” entre Rusia y los Estados Unidos, por explicar este punto, un hecho profundamente importante para la humanidad, sucedió acorde al programa porque Phillip tuvo que ir a rescatar a Elizabeth de una emboscada del F.B.I., en el preciso instante en que recibía información de un alto mando militar del país norteamericano, quien en la charla con el agente le entregaba pruebas irrefutables de que los avances que el complejo militar industrial de su país promocionaba masivamente, eran simple y llanamente mera propaganda falsa, como eventualmente nos enteraríamos.

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La desaparición de la estatua de la libertad en medio de un acto de David Copperfield, el estreno del emblemático filme “The Day After“, y el histórico discurso de Ronald Reagan declarando a la U.R.R.S. como el “eje del mal”, son hechos de gran recordación por cualquiera que haya vivido la penúltima década del milenio pasado, que afectan la vida diaria de estos personajes. Todos suceso acaecidos durante los ochenta, la década perfecta para desarrollar todos los suceso de la serie. Según el mismo Weisberg: “el entorno moderno no parecía una buena idea. La gente quedó sorprendida y al mismo tiempo indiferente ante el escándalo de 2010 (de los espías capturados) porque ya no parecía que éramos realmente enemigos de Rusia. La mejor manera de remediar eso para el programa era volver a meterlo en la Guerra Fría. Al principio, los años setenta me atraían sólo porque me encantaba los peinados y la música. Pero, ¿se te ocurre un momento mejor para la serie que los ochenta con Ronald Reagan dando discursos sobre el imperio del mal?” Tal vez hoy, podríamos decir, con Putin y Trump enfrascados en conflictos por el involucramiento de Rusia en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.

Para Weisberg, “lo más interesante que observé durante mi estancia en la CIA fue la vida familiar de agentes que prestaban servicios en el extranjero con niños y cónyuges. La realidad es que, en su mayoría, eran ellos personas con vidas normales y un trabajo por hacer. El trabajo era un elemento más de su vida y tratar de representar los problemas que enfrentaban esas personas era algo que parecía que si pudiéramos llevarlo a la televisión de una manera realista, sería algo nuevo.” Y lo es; pero no contentos con encontrar un gran contexto para el drama, los realizadores de la serie lo llevaron aún más allá. Así como se aprovechó la situación matrimonial para imponerle situaciones complicadas llenas de profundas cargas emocionales a los espías, se usó su condición de agentes internacionales para llenar la serie de grandes secuencias de acción, suspenso y erotismo, haciendo del drama uno con alto contenido humano; pero lleno de espectaculares y entretenidas secuencias, justificadas todas y cada una desde la historia.

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“The Americans”, es lo que se trata de decir, es un gusto realmente exquisito para la vista y el oído. Uno que requiere un esfuerzo para degustar su excelencia. Una obra televisiva que roza la perfección con descaro, que entra en su sexta y última temporada como una desconocida para la audiencias masivas en el mundo. En un planeta con chóferes de carros chocones hechos superhéroes rompiendo taquillas de cine, qué más podría esperarse.

 

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