“Heat”, De Michael Mann, Obra Maestra Del Cine.

Taschen, la famosa editorial alemana, en el libro que le dedicó a Michael Mann definió a éste como un “paisajista de los espacios urbanos industriales”. Tom Cruise, por su parte, en los días de promoción de “Collateral” se referió a su director como alguien con un “increíble ojo”. Y un bloguero español, del que se lamenta no recordar su nombre, usó la frase “un puto genio con la cámara” como la mejor manera para describir al artista.

Y es que visualmente pocos autores tienen una firma tan definida y definitoria como la de este cineasta oriundo de Chicago, quien tuvo entre mediados de la década de los años noventa y principios del milenio una época de inspiración pura, de la que se nos legó cuatro obras sublimes; siendo la primera de ellas, “Heat“, su trabajo más logrado y uno que coquetea con la perfección artística de manera descarada.

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Obsesionado con la historia sobre el policía de Chicago Chuck Adamson y el ladrón Neil McCauley, Michael Mann trabajó durante 20 años en un complejo guión que fuera capaz de darle vida en la pantalla a estas dos personalidades. En 1983, en medio del grupo de entrevistas realizadas como promoción a su película “The Keep“, Mann dijo que estaba interesado en que este proyecto saliera adelante de manera especial con otro director. Según varias historias, el autor le entregó el guion a Walter Hill para que él lo realizara, pero éste rechazó su oferta. Después del éxito televisivo de “Miami Vice“, de la que es productor ejecutivo, y del cinematográfico de “The Last Of The Mohicans“, de la que es director, Mann alcanzó el renombre necesario para levantar su proyecto más ambicioso.

Habiendo creado sobre esta historia un piloto fracasado convertido en TV Movie (“L.A. Takedown”), Mann, en equipo con el productor Art Linson y Warner Bros., lograría juntar a Robert De Niro y Al Pacino para retratar a dos hombres con parecidas personalidades; pero opuestos en su posición frente a la ley, viendo en ellos el ejemplo perfecto de lo que quiere decir las dos caras de una misma moneda.

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Con el material terminado, Mann y Linson le entregaron una copia de éste a Robert De Niro (su primera opción para Neil), quien una vez lo leyó se lo hizo llegar a Pacino para que lo estudiara, pues era él el favorito de los realizadores para ser su contraparte en la película. Aceptada la invitación por ambos, un elenco alucinante se pudo completar alrededor de ellos: Val kilmer, Tom Sizemore, Amy BrennemanDana Venora, Natalie Portman y Jon Voight.

Un apartado que demuestra, con gran detalle, el inmenso ojo que tiene el director y su obsesión a la hora de completar su visión. Brenneman rechazó la oferta sustentando su negativa en que toda la violencia en el filme le parecía desagradable; a lo que el cineasta le respondió que era precisamente por eso que ella debería aceptar, pudiendo convencerla con su razonamiento. También es famoso el caso de Jon Voight, quien arrancó una nueva etapa en su carrera producto del éxito en este papel, el que en un principio rechazó, pero al que accedió gracias a la insistencia del escritor. Tan preocupado estaba el realizador por sus dos estrellas, como por los compañeros que tendrían en el elenco.

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Algo que impactó a Mann de la historia real en la que se basó el filme fue el alto profesionalismo con el que ambos hombres trabajaron en sus oficios. Eso, pareciera, es la base sobre la que sostiene toda construcción en la producción. Durante el transcurso de las más de dos horas y media que dura el filme, Mann construye un mundo tan absolutamente real del bando de los ladrones y del bando de los policías en la ciudad de Los Ángeles, que casi imposibilita notar que se está viendo una película.

Los detalles que permiten descubrir este obsesivo trabajo son realmente exquisitos, especialmente cuando provienen de los personajes: al principio del filme, vemos a McCauley entrar a un hospital para robarse una ambulancia, oprimiendo el dispositivo que abre una puerta movediza con su codo, logrando no dejar ningún rastro. Al igual que hizo con el Vincent de “Collateral”, Mann viste al líder de la banda de criminales con ropa de colores muy neutros, dotándolo de prendas que no llaman la atención. Hanna, por su parte, revisa su pistola abriendo la recámara, un gesto aprendido de Andy McNab (ex militar convertido en novelista que trabajó como asesor en el filme) y, más importante, es capaz de decirle a una madre que su hija está muerta y que es mejor que no la vea, con tan sólo el poder de su mirada.

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“Heat” es, en su concepción más básica, una cacería a través de toda la ciudad, en donde el mejor policía debe atrapar al mejor ladrón. Y, como en toda persecución, el espacio donde ella ocurre juega un papel preponderante. En este caso, la ciudad de Los Ángeles se transforma en un personaje más de la historia, un trabajo que se le debe a Janice Polley, a quien Mann reconoce como la mejor scout para localizaciones en Hollywood. En palabras del director, el objetivo era encontrar lugares desconocidos de la ciudad, en los que se filmaba sin acomodar los sitios e interactuando con personas reales, llegando al final a grabar en más de 65 puntos de la capital del cine, dándole un realismo muy poderoso a su obra, al tiempo que una perspectiva muy nueva de la urbe al espectador.

El magnífico trabajo de Dante Spinotti en la fotografía, dio como resultado un atractivo paisaje urbano industrial donde se desenvolvió la historia. En “Heat” la ciudad vibra y funciona como un personaje más: es el territorio donde dos colosos se encuentran y uno sólo puede sobrevivir. Los Ángeles tiene el mismo papel en este film que cualquier pueblo lo tiene en un clásico western, o el que tiene un campo deportivo en cualquier enfrentamiento entre dos equipos.

Mann, usando una inteligencia tremenda en este caso, utilizó el espacio físico para contar la vida y obra de sus dos personajes (el director comentaba que Dante Spinotti fotografió cada parte del filme de manera diferente), siendo ellos el eje de unas historias paralelas con un mundo particular, propio, creando el ambiente necesario para que los actores entregaran sus reconocidas interpretaciones. Así, pudo el realizador desarrollar dos universos al máximo, dejándole a cada actor el espacio para moverse en el papel de estrella en sus vidas, de ladrón y de policía, exponiendo a cada uno en su mundo y a cada uno actuando como el centro de ese mundo, funcionando todo como dos historias paralelas que se van encontrando gradualmente.

Y el punto de encuentro de los dos mundos es la famosa escena del café, en la mítica mesa del restaurante Kate Mantilini en Beverly Hills, donde se juntaron por primera vez estos actores, de los más impactantes de la historia del cine. Teniendo al par de titanes que ellos son, Mann prefirió que ambos estuvieran en un ambiente casi neutro, por lo que los situó en una mesa a dialogar como si fueran grandes amigos. Aunque en el momento fue muy criticado por desaprovechar la oportunidad de verlos dando lo mejor y más llamativo del dúo, indudablemente la historia le ha dado la razón al director, quien dejó una de las conversaciones más exquisitas que jamás se hayan visto en la gran pantalla.

Y es que la razón para que ambos compartieran una escena debía encontrarse y justificarse desde la historia, más no por el hecho gratuito de los nombres que eran. Cuando logran juntarse los personajes, lo hacen porque se ha llegado a un punto de inflexión en la vida de ambos: Hanna está con su disfuncional familia cuando sale casi huyendo a encontrarse con McCauley, quien acepta sentarse con el oficial porque ni siquiera tiene un hogar al cual dirigirse. La escena exhibe la soledad de cada uno y la enorme compatibilidad que existe entre ellos, sintiéndose más cercanos el uno con el otro que con quienes comparten su día a día. Pacino, en una conversación moderada por Christopher Nolan, contextualiza la misma de una manera maravillosa: “mi vida estaba acabándose y la de él estaba comenzando a organizarse.”

Y es que es casi un sacrilegio hablar de “Heat” sin centrar gran parte de su análisis en lo realizado por Pacino y De Niro. Entregaron dos enormes actuaciones, seguramente preparadas con muchísimo esfuerzo para ninguno quedar opacado por el performance que pudiera ofrecer el otro. El personaje de Neil McCauley es el de un profesional en lo que hace, un hombre calculador, muy preparado y metódico en sus procedimientos. De Niro decidió trabajarlo como un ser calmado, serenado, que quiere y sabe como pasar desapercibido en cualquier situación social. Su vida es su oficio, no dejándole nada de tiempo para la creación de una familia o siquiera de un noviazgo.

Vincent Hanna es un detective adicto al trabajo incapaz de regalarle algo de tiempo a su matrimonio con Justine (Verona). Es impredecible, proactivo, afanado, muy enérgico y extravagante. Según una entrevista que dio Pacino sobre su personaje, entre él y Mann organizaron una historia en la que habían decidido que en muchos de los momentos en los que se vería a Hanna, estaría él bajo los efectos de la cocaína.

Asombra en la pantalla ver cómo ambos actores tomaron una vía tan diferente para el desarrollo de sus personajes, siendo esto un total acierto, dado que ni a De Niro le faltó ni a Pacino le sobró. Tan metidos están en sus oficios McCauley y Hanna como en sus papeles De Niro y Pacino. Y es que este es un artículo que tiene la intención de rememorar a dos de los actores que más y mejores momentos han regalado a quienes se emocionan con el séptimo arte. ¿Qué importa si hoy son dos personas que trabajan sólo por el dinero que les ofrezcan sin importar las calidades de los personajes? ¿Es qué acaso hay alguna forma de olvidar las increíbles actuaciones que ambos dieron en las décadas de los años setenta y ochenta? ¿Es posible que los errores de hoy borren de la memoria colectiva la genialidad de papeles como el de Travis Bickle, Vito y Michael Corleone o Sonny Wortzik?

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Hubiera sido más fácil, y tal vez más taquillero, haber realizado una película del género de acción, por lo que es de recalcar el acierto que tuvo Mann al profundizar no sólo en los personajes principales, sino en los secundarios, convirtiéndo a “Heat” en un drama policial. El cineasta logró conectar las relaciones familiares con la trama central de la película, llenando a sus personajes de conflictos humanos de fácil conexión con la audiencia. Chris Shiherlis (Kilmer) tiene una dañina adicción a las apuestas; Michael Cheritto (Sizemore) sufre por la necesidad de llevar una vida criminal; McCauley tiene una entrega absoluta al trabajo, la que es representada en su cumplimiento a cabalidad de la famosa sentencia de los 30 segundos; y Hanna, por su parte, es un oficial que no sólo debe preocuparse por atrapar a la banda de su enemigo, sino que debe lidiar con una esposa que le exige más atención y con una hijastra (Portman) con fuertes problemas psicológicos que la llevan a intentar suicidarse.

Ejecutar ese entramado de emociones requería de un inmenso esfuerzo de preparación, el que la producción no tuvo ningún problema en desarrollar para sus actores. Mykelti Williamson (quien entró al filme como un regalo de parte de Mann y Pacino por no haber recibido una nominación al Oscar por “Forrest Gump“) confesó que se organizó una cena con criminales para los actores encargados de ser los villanos del filme y otra con policías para su contraparte en la historia. Ashley Judd entabló relaciones con ex prostitutas convertidas en esposas de ex malhechores y, todo el elenco recibió entrenamiento militar para hacer más reales las escenas de acción.

Y los resultados de esto explotan en la pantalla. La naturalidad mostrada en cada segundo de actuación es hipnótica. El manejo de las armas que todos tienen, la manera de moverse, de disparar, de camuflarse, son dignos de profesionales que llevan una vida trabajando en ese medio, algo que el director explica por el alto nivel de aprendizaje que tienen los actores. De hecho, se dice que en 2002 la escena del tiroteo en la calle después del robo al banco se mostró al ejercito estadounidense como ejemplo de lo que debe hacerse en una retirada en medio de un enfrentamiento armado, mismo espacio donde un alto oficial le ordenó a un grupo de jóvenes oficiales que esperaba de ellos el que pudieran recargar sus armas tan rápido como el “mono de la película”. Una escena majestuosa, con una mezcla de sonido alucinante (un comentarista de YouTube alguna vez dijo: “los disparos suenan diferente en las películas de Mann”) algo logrado porque el autor puso micrófonos escondidos en la calle donde se filmó la secuencia. 

“Heat” contiene espectaculares set pieces y grandilocuentes momentos; pero parafraseando a Steven Spielberg, es en los pequeños detalles donde se alcanza la calificación de obra maestra. En la escena en la que Hanna lleva a su hijastra a la clínica, posterior a su intento de suicidio, el doctor que va a atender a la pequeña le pregunta por el lugar dónde la encontró. Al él responderle que en una bañera, su esposa, en ese momento en sus brazos, se desgarra y explota a llorar, en unos segundos mágicos de interpretación.

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Al principio del filme, mientras Chris está comprando un material de construcción, muestra una identificación al despachador de la mercancía. En ese momento no sabemos que es él un criminal y que lo que está comprando es un material explosivo; pero la mirada de Kilmer mientras muestra su carnet, nos deja saber que una actividad peligrosa se está presentando. Inolvidable momento también aquel en que Neil está golpeando con la mesa a Weingro, generando una magnifica reacción en Michael, quien con el simple movimiento de su cabeza y su mirada fija le ordena a un cliente sentado en otra mesa del restaurante que no mire lo que está sucediendo. Tal vez lo mejor visto de Tom Sizemore hasta ahora.

La fuerza de toda la creación artística, contrajo situaciones negativas, inesperadas e indeseadas para los realizadores. En muchos países, de varios continentes, se reportaron robos que parecían fuertemente influenciados por la película; aunque ninguno tan dramático como el sucedido en North Hollywood, cuando dos ladrones de bancos, Larry Eugene Phillips, Jr. y Emil Mătăsăreanu, trataron de asaltar la sucursal del Bank Of America ubicada en el valle de San Fernando. El intento de fuga de ambos ladrones rememoró constantemente la película dirigida por Mann. En 2003, también, cuando el actor Kevin Gage fue condenado a una prisión federal, sus compañeros de celda se refirieron a él todo el tiempo como Waingro, y nunca por su nombre.

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Pero es escuchando a su creador hablar de su visión del filme como se puede dar un cierre definitivo y contundente a la apreciación de esta obra. “Lo que me atrajo al tema eran los extremos. Estoy atraído a los personajes en drama que viven la vida al máximo. También, estoy interesado en todas las dimensiones de la vida: todos son alguien, tienen una historia por contar. Los personajes tienen una historia inmensa antes de ‘Heat’. Tiendo a tener una inmersión casi antropológica a ellos y a las subculturas y su mundo, con tal de realmente comprenderlos. ¿Qué leía Neil antes cuando estaba en la cárcel que le impidió suicidarse? Hanna es un depredador con un centro moral, pero no es alguien que está en la policía para ‘servir y proteger’. Está vivo cuando persigue una presa. Para él, al igual que el personaje de Michael, ‘el juego está en la acción’. Para mí ‘Heat’ es un drama, nunca la vi como una película de acción y por eso necesitaba que los actores hicieran algo muy fácil de hacer pero difícil de lograr y es que se transformaran en los personajes.”

Una anécdota, contada por el  mismo cineasta, sirve para demostrar la grandeza de toda la producción. “En la época de ‘Heat’, Bob Dealy y Terry Semel eran los jefes de Warner Bros. En un encuentro interesante que tuve con ellos me contaron que habían lanzado una moneda, antes de ver la película, para decidir quién de los dos me iba a decir que tenía que quitarle 45 minutos, porque en términos comerciales una de dos horas y cuarenta y cinco minutos no es algo deseable. Cuando la vieron, ambos dijeron: bueno, al parecer tenemos una película de dos horas y cuarenta cinco minutos para exhibir.”

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