“Inception”, De Christopher Nolan, Máxima Cinematográfica.

Al juntar las iniciales de los nombres de los principales personajes de la película: Dom, Robert, Eames, Arthur, Mal, Saito, se crea la palabra “Dreams”, la que traducida a nuestro idioma significa “Sueño”. Si agregamos al ejercicio los nombres de otros tres: Peter, Ariadne y Yusuf, formamos con todo el conjunto la expresión inglesa “Dreams Pay”, la que podría entenderse por los hispanos como “Los Sueños Pagan”. Básicamente, esto último es el quehacer del grupo dirigido por Dom Cobb en “Inception“, la obra maestra de Christopher Nolan.

Continuar por esta linea no es un ejercicio fútil; es más bien uno capaz de incrementar el aprecio por la película. “Yusuf”, el nombre del personaje interpretado por Dileep Rao, es la palabra árabe para “José”, figura religiosa (bíblica y del Corán) quien en el libro del Génesis tuvo el don de interpretar los sueños, pudiendo con su visión preparar al faraón para el desastre de los “siete años de escasez”. Ariadne (Ellen Page), en la mitología griega era el nombre que tenía la hija del rey Minos de Creta y es recordada por la historia porque según su leyenda, ayudó ella a Teseo a vencer al Minotauro al entregarle una bola de hilo rojo de lana con la que pudo encontrar el camino fuera del laberinto. Cuando Cobb le pide a Ariadne que realice, precisamente un laberinto que él no pueda resolver rápidamente, la solución encontrada por la arquitecta es un diagrama idéntico al del Rey Minos.

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Es constante, muy regular, descubrir en el audiovisual protagonizado por Leonardo DiCaprio constantes mensajes subliminales, muchos de ellos indicando que, muy al estilo de “Mulholland Drive“, casi todo es un recuerdo en la cabeza de Dom Cobb y, por lo tanto, lo visto contiene significados más profundos. Por citar algo, la canción escuchada repetitivamente de Édith Piaf, “Non, je ne regrette rien“, tiene una duración de 2:28 minutos, algo llamativo cuando se sabe que el tiempo de la película es de 2:28 horas. En el nombre de Dom Cobb, dicho sea de paso, hay también un mensaje escondido: la palabra para “hogar” en la mayoría de los idiomas eslavos es Dom, lo que es relevante al recordar el verdadero objetivo de ese personaje; y Cobb, es el apellido del arquitecto Henry N. Cobb, reconocido internacionalmente por sus diseños de grandes rascacielos, similares a los desarrollados por el personaje de ficción durante su larga estadía en el limbo.

La frase que comienza a desenvolver el misterio se escucha en la escena del bar, al momento de Cobb presentarse ante Fischer (Cillian Murphy) como el Sr. Charles. Es una pista sutil y maravillosa, que encuentra su culminación de manera fantástica al principio/final de la película. Sentado al lado del heredero del imperio energético, Cobb le deja saber a Fischer que están ambos en un sueño y que es mandatario para él recordar cómo llegó hasta allí. Le explica, además, que es esto último algo muy complicado, pero que él tiene la capacidad de lograrlo puesto que es una persona entrenada para tal tarea.

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Un poco antes, mientras se estaba entrenando a Ariadne en el café de París, el instructor le pregunta a su pupila: ¿cómo llegaste aquí? A ella, encontrar la respuesta a esa interrogante le queda absolutamente imposible, por lo que el sueño, aún inacabado según los minutos dados por Arthur (Joseph Gordon-Levitt), se colapsa y la hace despertar. Más aún, le cuenta él en esa misma conversación que en los sueños todo parece normal hasta el momento de despertarse, cuando se percata uno del estado en que se hallaba.

Ambas situaciones son esenciales para analizar el inicio del filme, exactamente la conversación entre Saito (Ken Watanabe) y Cobb. Al estar sentado en la mesa del ya anciano compañero de misión, el diálogo determina que el recién llegado al limbo no tiene idea de dónde se encuentra. A la pregunta de qué hace allí, de que si fue él a asesinarlo, Cobb responde con un rostro de inmenso desconcierto, que merecería darle a Leonardo DiCaprio un premio especial por su actuación en ese segmento. Tratando de descifrar su situación, comienza a recordar él cómo llegó hasta allí, (algo que puede hacer por su entrenamiento) buscando poder ubicarse, de comprender que él está soñando. Esa remembranza es lo que vemos en la película.

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Según lo dicho a Ariadne, al estar en ese nivel tan profundo se hace imposible para Cobb o para Saito descifrar de inmediato la situación de somnolencia experimentada por ambos. Por eso el esfuerzo hecho de parte del protagonista. El desenvolvimiento de esa escena, es una conversación en donde queda absolutamente claro todo. Una vez Cobb ha recordado los acontecimientos que lo llevaron allí, Saito, sorprendido con la presencia de su amigo, comienza un dialogo definitivo.

La frase, “¿No quieres dar un salto de fe?”, es nada menos que el leitmotiv del filme. Mal Cobb (Marion Cotillard), la esposa de Dom, en un claro estado de confusión le pide a su compañero sentimental cometer un salto al vacío juntos desde un alto edificio para despertar, algo que su pareja amorosa se niega a hacer, viéndola cometer suicidio frente a él. Ese mismo salto de fe es el que le pide Cobb hacer a Saito: “He regresado por ti … para recordarte algo. Algo que una vez supiste … que este mundo no es real… Para dar un salto de fe. Vuelve … para que podamos volver a ser hombres jóvenes juntos. Vuelve conmigo…”, son las palabras por él recitadas. Saito toma el arma, se dispara y ambos despiertan en el avión, lugar en el que estuvieron todo el tiempo de lo que va de filme.

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El análisis hecho nace de una necesidad. Ronda en Internet, con mucha fuerza hoy, una hipótesis en la que se propone que el tótem de Dom sea su anillo y no la pseudoesfera que al dejar de girar devela que ha parado de soñar. Una de las bases para el argumento radica en que mientras Dom está en estado de sopor porta su anillo y, por el contrario, cuando está despierto no tiene el objeto en su dedo. He ahí el principal gran error de esta novedosa visión del filme, ¿si no tiene el anillo cuando está despierto, cómo va a usarlo para saber que precisamente no está soñando?

Otro punto para sustentar esta idea es el que ese tótem era una pertenencia de Mal y no de Dom, por lo que él no podría usarlo. No obstante, una línea de dialogo entre Arthur y Ariadne deja saber que la idea de crear el mecanismo fue de la fallecida exploradora de sueños, por lo que en algún momento ella fue la única con uno. Segundo, lo obvio: la mujer ya está muerta, por lo que es evidente que sin ningún problema su esposo podría tomarlo para su uso. En las escenas de ambos soñando, se ve claramente que ella tiene su tótem, y él ninguno.

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Por último, se presenta el que Saito tome la peonza al final y la haga girar, como sustento a esta idea. Según los amantes de la teoría del anillo, Cobb no dejaría que esto sucediera, puesto que tan sólo el propietario debe tocar el tótem. Primero, y este punto es rebatible, nadie puede tocar el dispositivo de otro; pero cuando están despiertos y, como bien se sabe, en ese momento ambos personajes están soñando. Por eso Dom lo usa sin problema en su casa en Estados Unidos después de que su colega lo deja girando. Segundo y más importante, Cobb no permite que Saito tomé el suyo, sino que él se lo quita.

No es, realmente, un capricho el buscar ordenar la historia presentada por Nolan y encontrar una explicación a las sutilezas del filme. Es, de hecho, absolutamente todo lo contrario. Lo deseado no es más que engrandecer la maestría con la que el director/escritor presentó su película. No es este filme uno para interpretar de manera abierta, como muchas veces ha sucedido; y sí, por el contrario, es uno para descifrar y organizar hasta encontrarle un sentido lógico. Uno que, como si de un sueño propio se tratara, se expone en desorden en la mente con tal una vez  se despierte el espectador o salga del teatro en este caso, le de sentido. Eso, en una película sobre sueños y entendido que el cine es una experiencia muy similar a soñar despiertos, es simple y llanamente un genialidad.

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Durante la transmisión del filme en la televisión japonesa, se sobrepusieron rótulos en cada nivel, indicándole a los espectadores quien era el sujeto que poblaba cada mundo. Una anécdota que rememora la de un exhibidor en Taiwan quien cuando vio “Pulp Fiction” decidió organizar las cintas y proyectar cada una en orden cronológico. Da una idea esto del impacto habido en la presentación al público de la producción; no obstante, parece un ejercicio innecesario hecho en el territorio denominado como el Lejano Oriente, dado que la grandeza de lo exhibido es la sencillez con la que una idea tan compleja, con tantos matices y personajes, fue desarrollada. La libertad en la interpretación le resta a la genialidad de lo creado; mientras que otorgarle un sentido concatenado a los hechos demuestra su brillantez.

La hipótesis presentada elimina por completo cualquier dualidad con respecto al encuentro de Dobb con los niños. Es muy sencillo: está el despierto y no quiere perder más tiempo sin ellos. Un punto que lo sustenta radica en la ropa de los pequeños, con ambos portando una vestimenta muy poco diferente, pero no la misma, a la que su padre ha estado proyectando. También está el hecho de que la pareja de infantes al final sea interpretada por dos actores distintos, posiblemente buscando mostrar el cambio en la edad desde que su padre los vio por última vez. Más allá de eso, como bien lo explicó Nolan, lo importante a saber es que a él no le importa más: ya está con ellos, en su realidad, y es eso todo lo que él quiere saber.

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Una de las claves para presentar el tema de manera tan solvente es haber organizado la historia en un universo imposible, pero desarrollado a través de un mundo muy bien conocido por el artista audiovisual. En sus palabras, el grupo de Dom tiene la misma estructura que un equipo cinematográfico: Cobb es el director, Arthur el productor, Ariadne la diseñadora de producción, Eames el actor, Saito el estudio y Fischer la audiencia.

La maestría del guion (que sólo fue nominado al Oscar y no ganó porque la Academia al parecer no entendió el filme) demuestra la década entera que pasó Nolan estructurándolo. La idea se comenzó a gestar a principios del milenio actual, en una época de mucha confusión por el devenir de la humanidad, una situación explorada en películas como “Abre Los Ojos“, “Matrix“, “Dark City“, “eXistenZ“, todas capaces de insertar un halo bastante filosófico a la época y, además, poner a todos a debatir si el mundo alrededor era uno real. “Inception” funcuona como una más de ellas, a la vez que una que parece la sumatoria de todas.

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En el primer sueño compartido de Ariadne, la novata le dice a Cobb que ella creía que la construcción de una infraestructura en los sueños estaba ligada a la física; pero que se daba cuenta que era esto un ejercicio más conectado con las emociones. Nolan, en su primer tratamiento de ochenta páginas, había escrito una historia de horror; pero evolucionó a una de “robos” porque, según él, el primero de estos géneros era muy “superficial a la hora de desarrollar emociones” en los personajes.

Emociones que salpican en cantidades por todo el filme, puesto es él una perfecta mezcolanza de géneros cinematográficos entre los que destacan el cine negro, de atracos, sci-fi y acción, con un personaje en especial, el de Mal (cuyo nombre en nuestro idioma no necesita ninguna explicación), siendo la quintaesencia de lo que es una femme fatale y todo expuesto brillante y sútilmente sobre un subtexto poblado de profundos postulados filosóficos de gran calado. En un plano comparativo, se explica “Matrix” como una representación de un mundo totalitario; mientras que “Inception” es una búsqueda de retar lo que es real y lo que no. Mejor dejar que se explique esto con las palabras del propio realizador: “Siento que con el tiempo comenzamos a ver la realidad como el primo pobre de nuestros sueños… Quiero que los sueños, las realidades virtuales, estas abstracciones que disfrutamos y nos envuelven, sean subconjuntos de nuestra realidad”. Cobb, sea lo que sea, está viviendo su realidad al final del filme.

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Es famosa ya la frase de Nolan tratando de explicar de qué iba “Inception”, contextualizando los hechos de la película alrededor de “un crimen sucedido en la arquitectura de la mente”. Fascinante concepto que realmente no dice nada; pero que tiene la capacidad de atrapar la atención de quien lo escucha o lee, tal y como sucedió con el propio DiCaprio, quien intrigado por la temática a desarrollar sobre esa idea, decidió aceptar el rol principal en la producción. Después de trabajar meses con el escritor, ambos consolidaron un material en el que “el viaje emocional del personaje es la fuerza que impulsa el filme”.

Toda buena película, en el género que sea, funciona por el drama que acarrean sus personajes. Bien sea de acción o comedia, la inmortalidad otorgada a las grandes obras tiene como sustento el conflicto interno de aquellos al vaivén de los hechos fílmicos. Este aspecto de la película Nolan lo explicó en palabras sencillas que funcionan casi como un tratado de cine: “la acción proviene del drama, y el drama nace del conflicto. ¿Cuál es entonces el conflicto?” El retorno a casa de Dom, “la fuerza que impulsa el filme”.

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Steven Soderbergh explicaba su “Ocean’s Eleven” como una historia partida en dos: una mitad explicando cómo se iba a realizar el robo y la otra mitad efectuándolo. Esto, que es una regla no escrita del género, se rompe con genialidad en la obra de Nolan. Como bien lo dice Kristin Thompson, teórica del cine, “mientras en una película de robo tradicional se tiene una gran dosis de exposición al principio, cuando el equipo se reúne y el líder explica el plan, en ‘Inception’ esto se vuelve casi continuo a medida que el grupo progresa a través de los distintos niveles de sueño. Tres cuartas partes de la película, hasta que la camioneta comienza a caer desde el puente, se dedican a explicar su trama. De esta manera, la exposición tiene prioridad sobre la caracterización y sus relaciones son creadas por sus habilidades y roles respectivos.” En breve, la exposición se sobrepone al drama, dejando todo el poder en ese sentido al personaje de Cobb.

La complejidad de la historia está bellamente correspondida con un apartado técnico alucinante. Una constante del director es no usar una segunda unidad y filmar todos sus planos en compañía de su cinematógrafo y, también, la creación de un mundo real para sus actores, un caso similar analizado ya en el texto sobre “Blade Runner 2049“. Nolan explica así su aproximación al desarrollo de los sets: “Siempre es muy importante para mí hacer todo lo posible en la cámara y, luego, si es necesario, los gráficos hechos por computadora serán útiles para construir o mejorar lo que has logrado físicamente”. El reducido uso de imágenes creadas por computadora, fuerza la creación de unos inmensos sets, los que se complementan con un ambicioso uso de formatos cinematográficos para la captura, como el anamórfico de 35 mm., 65 mm. y VistaVision, usados todos para el filme.

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Quentin Tarantino decía que ponerle a un detective el apellido Hitchcock era una forma barata de hacer tributo. Es necesaria una connotación, una conexión intima y real. Nolan, inmenso cinéfilo, dejó espacio en el filme para compartir sus influencias en la historia de una manera brillante. Con Wally Pfister se le otorgó a cada nivel de sueño una apariencia distintiva para ayudar al público a reconocer en qué momento de la narración se hallaba: las escenas en la furgoneta son de tonos neutrales, en el hotel los tonos son cálidos y la fortaleza de la montaña parece estéril y fría. Esta última es una clara referencia al filme de James Bond favorito del director, “On Her Majesty’s Secret Service“. Y otro, aún más brillante, sucede con la serie “The Prisoner”, al momento de aparecer el hombre viejo en Mombasa, quien le dice a Cobb que sus clientes van a su espacio a despertar, no a soñar. Quien hace ese papel es Earl Cameron, actor del programa televisivo de los sesenta “The Supervisor”. La referencia es que en la serie las personas usaban drogas alucinógenas para entrar a los pensamientos y sueños de un personaje, buscando descubrir cosas que él no quería dejarles saber.

“Inception” de Christopher Nolan, es arte cinematográfico puro en su máxima expresión. Este texto es nuestro sustento de tan poderosa afirmación. Es lo máximo que el cine puede dar: una historia increíble, presentada de manera sencilla, altamente entretenida, majestuosa técnicamente, con poderosa fuerza dramática, actuaciones a  la altura, una música icónica y una campaña de marketing intrigante. Un éxito absoluto de crítica, de taquilla, que ha permanecido intacto en el tiempo, no es otra cosa sino el absoluto sueño de todo cineasta. Nolan, que debió esperar por algo así gran parte de su vida, durante el estreno de este filme pudo haber estado confundido entre si estaba despierto o todo esto era una construcción de su mente.

WIBquTB

 

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