La Mística Que Rodea A “Blade Runner”.

Es común, entre las grandes producciones pertenecientes a lo que en este blog se denomina como el negocio del séptimo arte, encontrar una génesis fascinante para cada uno de ellas. Philip K. Dick, por ceñirnos a nuestro tema de referencia, halló la inspiración para su cuento “Do Androids Dream of Electric Sheep?”, eventual base del guion escrito por Hampton Fancher y David Webb Peoples y que a su vez sería transformado en la película “Blade Runner” por el director Ridley Scott, mientras hacía una investigación sobre los nazis alemanes.

El acceso a los archivos de la organización política germana fue una experiencia traumática para el joven autor, quien encontró en esas páginas los detalles de un accionar tan salvaje por parte del grupo político, con una total ausencia de consideración humana, que le imposibilitó considerar a esas personas como sus pares. Eran, desde su perspectiva, una especie de entes diabólicos en cuerpos de seres vivos idénticos a un hombre y una mujer. Una frase encontrada en esos documentos, transcrita de algún agente de la Gestapo estacionado en Polonia, lo llevó a dictaminar tan tajante conclusión: “lo que nos mantenía en la noche despiertos eran los llantos de los niños muertos de hambre”.

BladeRunner3

Difícil no estar de acuerdo con el célebre escritor después de conocer tan bárbaro comentario y, sobre todo, cuando hoy la ciencia en gran parte le ha dado la razón. Los sociópatas sí son personas con un grado de inhumanidad en ellos. La base de los replicantes en “Blade Runner”, entonces, fue nada más y nada menos que el régimen nacionalsocialista alemán. Y tan particular como el lugar donde encontró el autor la inspiración que culminaría en esta obra máxima del cine, lo fue el desarrollo de la producción y su impredecible permanencia en el tiempo.

Perennidad inexplicable si se recuerda que “Blade Runner” fue un fracaso de taquilla y de crítica en la fecha de su estreno. Lo primero causado por haberse lanzado a la par de “E.T.” de Steven Spielberg; y lo segundo por la necedad de los estudios de mostrar algunas películas como parte de un género al que realmente no pertenecen, pero que es más taquillero. En este caso particular, se promocionó el filme como uno de acción, cuando es un profundo drama humano lleno de tintes referenciales al film noir más clásico. Cuando el público va al cine impulsado a ver una cosa y termina viendo otra, las reacciones generalmente son negativas.

Blade500

Pero ese primer fin de semana desastroso, generalmente definitorio en el corto futuro de las películas, fue inversamente proporcional al éxito de este filme en años posteriores. Algo que debe adjudicarse, honestamente, a una especie de magia contenida en esta producción que no la ha dejado morir. En 1989, un ejecutivo de la Warner Bros., Michael Arick, encontró por accidente una copia en 70 mm en los archivos del estudio. Por estar en ese particular negativo, se envió esa misma unidad al Cineplex Odeon Fairfax, donde se realizaba un festival de filmes clásicos archivados en gran formato. Cuando la cinta referida en este párrafo se proyectó, organizadores, gente del estudio y público quedaron atónitos al ver en la pantalla la versión original de Ridley Scott, sin la voz en off de Deckard y la que hasta ese día se consideraba extraviada.

Producto de ese accidente se lanzó una versión del director en 1992 en formato casero; pero el que su realizador desacreditó como propia. Y es que ya es un hecho bastante conocido el descontento del cineasta con las diferentes versiones exhibidas por Warner Bros. de la película, tomándole dos décadas y medias presentar el corte con el que más a gusto se sentía. No obstante, las disputas entre estudio y autor sólo sirvieron para aumentar su vida en el formato casero, llegando a ser esta una de las primeras producciones escogidas para su traspaso al DVD, como si de un gran éxito taquillero se tratara.

Blade Runner - Deckard primer plano

La inconformidad del hombre a cargo en el detrás de cámaras provenía, posiblemente, de un primer corte suyo de más de cuatro horas, que el equipo de realizadores consideraba incoherente y bastante incompleto frente a la historia deseada. Esa imposibilidad de crear un producto audiovisual diciente tiene como origen, especulamos acá, que la película dirigida por Scott no es exactamente la misma escrita por Hampton Fancher y David Webb Peoples. La razón de tan arriesgada afirmación reposa en la indefinida condición de Deckard como un replicante. Lo que la historia ha demostrado es que Scott quería un filme con él como un ser no humano, mientras que Fancher y Webb no.

A hoy, la supremacía del director como autor de la obra de cine sobre el resto de equipo ha determinado que Deckard, el ya mítico personaje interpretado por Harrison Ford, se le considere como un replicante. En la versión del filme aceptada por el creador como la suya, los detalles que llevan a esa conclusión son muy tajantes. En las propias palabras de Scott, dichas para Wired Magazine en 2007: “Ese es el punto de Gaff, el tipo que hace origamis y deja pequeñas figuras. No le gusta Deckard, y en realidad no sabemos por qué. Si damos por sentado que Deckard es un Nexus 7, tendría él probablemente una vida muy reservada. Gaff, al final, deja un origami hecho de un pedazo de papel de plata como el de un paquete de cigarrillos. La figura es un unicornio. Deckard no hablaría de su sueño del unicornio normalmente con nadie. El mensaje de Gaff con esa pieza es: ‘He leído tu expediente, compañero’. Esto se relaciona con el primer discurso de Deckard a Rachael cuando dice: ‘No es tu imaginación, es el sueño de la sobrina de Tyrell.’ Es una pequeña araña en un arbusto fuera de la ventana. La araña es una pieza implantada. Y por lo tanto Deckard, también, tiene una historia implantada en su cabeza.”

Blade Runner, detrás de las cámaras 5

La tesis del maestro se sostiene aún más cuando caemos en cuenta que Gaff le habla a Deckard a través de sus origamis. Cuando se encuentran en la oficina de Bryant, mientras Deckard insiste en que está retirado y no tiene planes de volver a ser un “Blade Runner”, Gaff realiza un origami de una gallina, como insinuándole que es un cobarde. Secuencias después, hace una figura de un hombre con una erección, haciendo referencia a la atracción que siente Deckard por Rachael. Y, al final, deja la representación del unicornio en la puerta de Deckard, declarándole a él que es un replicante.

Un replicante que, y aquí es donde comienza el mito alrededor del filme, ha encontrado el amor en otro replicante. ¿Quiere decir que la ciencia ha evolucionado tanto que dos seres creados por la tecnología humana se logran enamorar, o que el amor es un sentimiento tan grande y poderoso que logra nacer incluso en seres electrónicos? Cualquiera sea la respuesta, es una poderosa proviniendo de un filme. En mucho tiene razón Gullermo del Toro cuando analiza a los replicantes como entes más humanos que los humanos, algo dejado bien claro en el eslogan de la corporación que los crea, la Tyrell. Roy Batty (Rutger Hauer), quien demuestra dolor frente a la pérdida de sus similares, lo dictamina con gran habilidad en una frase de dialogo: “No somos computadoras, somos entes físicos”, le dice a J.F. Sebastian.

Blade_Runner_Slides_1_Neuron_Syndicate

Cuando se dice que “Blade Runner” no tiene sentido si el personaje de Ford no es humano, pareciera que este punto se ha obviado. Frank Darabont, director afamado por sus excelentes trabajos en Hollywood (“The Walking Dead”, “The Shawshank Redemption” y “The Mist”) ve el filme como “el viaje de un hombre que redescubre su humanidad” y, por lo tanto, uno sin sentido como Deckard como replicante. Durante décadas Harrison Ford se sintió igual. Humildemente, nos apartamos acá de ambos y nos acercamos a la visión del director.

Pero esa confusión, ese nivel de debate, análisis e inconformismo entre los espectadores, es lo que hace al filme una verdadera pieza de arte. Esa complejidad, misterio y total inseguridad sobre lo que la película realmente trata, es lo que la hace inmortal. Decía Quentin Tarantino que su deseo era el de que si un millón de personas vieran su película, un millón de personas vieran una película diferente. Más todavía, su antiguo mejor amigo y colega, Roger Avery, explicaba que una película nace a la grandeza cuando las personas dejan la sala de cine y siguen con ella en su interior. Todo eso es y logra ser “Blade Runner”.

blade-runner_2

Como un perfecto complemento al inmenso debate sobre la naturaleza de Deckard, son innumerables las lecturas existentes sobre el mundo creado por Ridley Scott. Reconocido como un majestuoso director en su diseño de producción (arte más escenografía), lo hecho por el antiguo director de comerciales en Gran Bretaña en su primera producción en los Estados Unidos es algo muy cercano a lo insuperable. Considerada por muchos como la película postmodernista y ciberpunk por excelencia, la infinita cantidad de lecturas encontradas en el universo runner denotan una complejidad profunda con pocos paralelos. Más todavía, se permite hacer desde ella un fascinante análisis sobre nuestro mundo actual, con lo que se puede declarar a los hombres detrás de esta obra como unos verdaderos visionarios.

La sobrepoblación, la inmensa influencia del mundo oriental en Occidente y, por supuesto, los avances de la inteligencia artificial son de los elementos más visibles en nuestra cotidianidad que ya la cinta plasmaba con claridad. No obstante, la realidad es que estas tres tendencias eran unas ya marcadas y, además, denunciadas en la época de realización de la obra. Lo que sí impacta ver, a hoy, es la brutal descripción hecha a través del diseño de arte del filme y la narrativa, de la concentración de la riqueza del mundo moderno, consecuencia de la inmensa supremacía del mundo corporativo sobre todas las áreas de la vida.

maxresdefault

En nuestro tiempo, uno categorizado por varios científicos sociales como el de la mayor inequidad de riqueza en toda la historia, la vida de un hombre como Tyrell ya no es una denuncia desde el arte, sino una descripción de la realidad. El uno por ciento más rico vive, metafóricamente hablando, en un planeta distinto al del resto de la humanidad. La alta densidad de la población en espacios reducidos, la destrucción del mobiliario urbano, la basura amontonada en las calles comunes y una oscuridad opresora, contrastan con los extensos, limpios y claros lugares en donde habita el presidente de la corporación más importante del planeta. Es como si hasta el sol fuera un lujo de los poderosos en ese mundo.

No es una sorpresa que Scott, lanzado a la fama por hacer grandes comerciales (el de Apple de 1984 es de su autoría), fuera una fuerza influyente en el nacimiento de los productos por emplazamientos en el cine. En “Blade Runner” logró la aparición de varias de las marcas más poderosas del mundo en aquellos en varios planos del filme. Pero, al igual que los productores y distribuidores de la película, sufrieron ellas comercialmente después del estreno. De hecho, se considera que hay una especie de “maldición Blade Runner” para las compañías, puesto todas las allí aparecidas hoy se encuentran inexistentes (RCA, Pan Am, Atari, The Bell System) o sufrieron una inmensa debacle comercial (Coca-Cola, Cuisinart, The Koss Corporation). Pareciera como si se tratase de una especie de rechazo a todo lo comercial en esta obra artística.

bladerunner26

La extinción de toda especie animal, algo impensable a principios de la década de los ochenta pero representado con sutilidad en “Blade Runner”, es un apocalíptico escenario al que hoy nos enfrentamos producto del abuso en el consumo humano y el cambio climático. El 40% de las especies marinas se hayan ya desaparecidas a causa de éstas dos, por citar un caso ejemplificante. Y esa problemática inexplorada antaño, adicional a reconfirmar la condición de visionario acá otorgada a los hombres detrás de esta obra, es también la contundente forma en la que Scott presenta a Deckard como una maquina hecha por el hombre, a través de un medio que sólo se les da a los grandes en este arte: estrictamente en imágenes.

El universo plasmado y la historia narrada en “Blade Runner” demandaba de un desarrollo visual complejo que permitiera exhibir todas las variables a tratar en el filme. Una de ellas es la condición de cada especie, lo que Scott logró determinar para los espectadores a través de pura poesía: con un brillo en los ojos de los replicantes. En la primera reunión de Deckard con Rachael (Sean Young), la asistente le aclara al detective que el búho volando en la oficina no es uno real. No le dice más, pero con su “claro que no” lo dice todo. Primero, deja saber que esa especie ya no existe y dos, que es un replicante. En planos posteriores se muestra que el robot en forma de pájaro tiene el brillo exclusivo de los no humanos, uno que también poseen Rachael, Pris, Roy y, por supuesto, también Deckard. Magistral detalle.

blade1

Ese importante brillo en los ojos, se consigue a través de una técnica denominada ‘Schüfftan Process’ usada para este filme por Jordan Cronenweth (afamado cinematografo fallecido a causa de una enfermedad de parkinson que comenzó a manifestarse en el durante este rodaje) e inventada por Fritz Lang, el director alemán a cargo de “Metropolis”, una de las grandes influencias de “Blade Runner” y una obra inmortal del cine, la que a su vez estuvo estructurada como una profunda crítica al régimen Nazi, mismo que influenció a Philp K. Dick para escribir la novela en la que se basaría esta película. Esa mística conexión alemana también se presenta en el maquillaje de Daryl Hannah (Pris), influenciado en gran parte por la película “Nosferatu: Phantom der Nacht”, dirigida por el alemán Werner Herzog.

Una obra alucinante en todo el sentido de la palabra, la que además tiene la particularidad de poder acreditar (sí, de manera forzada) su realización a dos maestros del cine, como lo son Ridley Scott y Stanley Kubrick. En general, la versión más aceptada del filme concluye con Deckard y Rachael subiéndose a un ascensor, el que se interrumpe por un corte a negro sobre el que se explayan los créditos del filme al son de la música compuesta por Vangelis, indicando con ella que éstos dos eran un par que se daba a la fuga. Una versión extendida, de hecho la estrenada en teatros en Estados Unidos en 1982, dejaba ver a los dos personajes en un auto, atravesando unas montañas con una patética narración por parte de Ford, la que durante muchos años se creyó la hizo de esa manera por su negativa a tener que grabarla. Los planos aéreos de esa secuencia concluyente, no fueron filmados por Scott para este filme, sino por Kubrick para el principio de “The Shining”. Se queda corto el idioma para describir esta poderosa coincidencia cósmica.

Blade Runner

“Blade Runner” parecía ser una película destinada al olvido. Su fracaso comercial y de crítica al momento de su estreno, sus inmensos problemas durante el rodaje (producido por los choques culturales entre un director británico y un equipo estadounidense), y su innumerable cantidad de versiones, son todos elementos que acompañan generalmente a una obra mediocre olvidada “en el tiempo como lágrimas en la lluvia”, y no a un clásico inmortal del séptimo arte. Pero eso es el cine, una ilógica concatenación de hechos que en otras circunstancias concluirían en un rotundo fracaso, pero que en este arte producen magia. Y es esa palabra la que en definitiva mejor define a “Blade Runner”.

Anuncios

2 comentarios en “La Mística Que Rodea A “Blade Runner”.

  1. […] Precisamente ese despertar representado en este tandém de películas, es el que hoy denuncia con inmensa contundencia Edouard Pflimlin “La Urgencia por prohibir los robots asesinos” en su texto para Le Monde Diplomatique . Dice él, en medio de su texto, como si de una reseña al filme de Scott o Villanueve se tratara, que “dentro de aproximadamente una década, Estados Unidos podría dominar la tecnología que permitirá diseñar robots capaces de tomar la decisión de matar por sí mismos”. Complementa así él su aterrador comentario: “si un día un robot tuviera que decidir por sí mismo la suerte de un ser humano, la propia naturaleza de la guerra cambiaría”. Ese cambio, en muchos sentidos, es lo que explaya en bellos lienzos visuales “Blade Runner“. […]

    Me gusta

  2. […] Precisamente ese despertar representado en este tandém de películas, es el que hoy denuncia con inmensa contundencia Edouard Pflimlin en su “La Urgencia por prohibir los robots asesinos”, un texto para Le Monde Diplomatique . Dice él, en medio de su escrito, como si de una reseña al filme de Scott o Villanueve se tratara, que “dentro de aproximadamente una década, Estados Unidos podría dominar la tecnología que permitirá diseñar robots capaces de tomar la decisión de matar por sí mismos”. Complementa así él su aterrador comentario: “si un día un robot tuviera que decidir por sí mismo la suerte de un ser humano, la propia naturaleza de la guerra cambiaría”. Ese cambio, en muchos sentidos, es lo que explaya en bellos lienzos visuales “Blade Runner“. […]

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s