“It”, Muerte Al Cine De Suspenso, Larga Vida Al Cine De Sustos.

Una pareja sentada en una mesa de un lindo restaurante celebrando su aniversario. Un hombre misterioso deja un maletín con una bomba debajo de la mesa, sin que ninguno de los dos lo percate. El reloj con la cuenta regresiva comienza a andar y se acerca imparable a la explosión que acabará con sus vidas. Los tórtolos siguen melosos, compartiendo en la más ignorante dicha la inexistencia del artefacto junto a sus pies. Si esto fuera una escena, cada segundo que pasa, cada palabra dicha, carcomen nuestra calma hasta llevarnos al desespero por no saber si la bomba estallará o no. Eso, en cine, es un suspenso agobiante que sentimos como espectadores. La misma pareja hablando, tranquila, en el mismo restaurante, y de repente estalla una bomba de la que nadie sabía su existencia, es un enorme susto.

Más o menos en estas palabras explicaba el brillante Alfred Hitchcock, con gran genialidad y con cierto aire de paternidad, la diferencia estructural entre el susto y el suspenso al crítico de cine, y posterior maestro del séptimo arte Francois Truffaut, en su ya clásico libro y biblia de todo cinéfilo: “El Cine Según Hitchcock“. La diferencia entre el susto y el suspenso, es también la diferencia entre una película palomitera y una obra maestra, prácticamente. “It” de Andrés Muschietti (ahora “Andy”) es, al igual que casi todo el cine de horror taquillero actual, una película de sustos, no de suspenso. Pero eso sí, una muy buena película de sustos.

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Dejemos claro, y de una vez, el aprecio sentido por el filme. “It” es una buena película, entretenida, muy bien hecha, digna de ser vista. Concordamos entonces, absolutamente, con lo dicho por Michel O’Sullivan en The Washington Post, quien considera a los personajes de los niños a unos “que se sienten completos, bien definidos, merecedores de simpatía y preocupación”. Secundamos así mismo, las palabras del reconocido escritor de The New York Times, A.O. Scott, para quién el personaje de Pennywise afecta a los espectadores de la misma manera que lo hace uno como el de Freddy Krueger, siendo ambos “una representación de los temores profundos de la infancia”.

Celebramos también se siga alimentando en los espectadores la nostalgia por la década de los ochenta, la que como ya es obvio para muchos compagina a la perfección con el universo que Netflix de esa década esta creando, gracias a la presencia en el film de Finn Wolfhardde de “Stranger Things“. Así, concordamos con lo dicho por Mark Kermode, de la BBC, quien ve en este largometraje uno con muchas remembranzas a los de los años 80, tales como “The Goonies” y “Poltergeist“, declarando que ve en ello gran parte de su atractivo. Y, por supuesto, en esa área, es de recordar que fue el mismo Stephen King quien en un pase especial se mostró sorprendido por la obra, declarando que está había excedido sus expectativas y que consideraba que los productores había hecho un trabajo magnifico.

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Mucho, y con justificada razón, se ha alabado lo realizado por aquel detrás del maquillaje de Pennywise. Una apuesta por lo histríonico que compagina a la perfección en este caso, y que alcanza la máxima de cualquier actor al en ningún momento sentirse falsa o ridícula su interpretación. Resultado este logro, podríamos decir, de la misma aproximación inteligente a la construcción del personaje por parte de su creador. Y es que según el mismo Bill Skarsgård, Pennywise “ni siquiera es un payaso. Es sólo uno de los seres que crea y se siente cómodo en ese papel. El payaso es una manifestación de la imaginación de los niños.”

Una vez se crea una sólida base para un personaje extremo, la posibilidades para explotarlo son inmensas, puesto que las fronteras de lo permitido se han corrido. El movimiento discordante del ojo de Pennywise (acción promovida por el director), su parloteo en un lenguaje extraño (el que Muschiatti reveló que era sueco) y su nulo parpadeo en la escena del baño, son todas exageraciones acordes al tipo de villano materializado en el filme. Y toda esa construcción para un personaje crea uno con un poder interno muy fuerte, capaz de afectar a las audiencias; pero también a sus compañeros de trabajo. Cuenta Skarsgård una anécdota relacionada directamente con esto. Para una escena en la que debía él asustar a un grupo de niños, hizo su primera aparición en el set con su traje completo y el maquillaje puesto, a lo que algunos infantes reaccionaron intrigados, unos asustados y otros temblando. Ya cuando la escena comenzó a ser filmada, los niños se impactaron tanto que explotaron en lágrimas. Algo similar sucedió con el elenco, quienes por orden del director no tuvieron contacto con el actor hasta el primer día que compartieron escena, lo que generó un miedo real en ellos al verlo metido totalmente en el personaje.

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Y, evidentemente, un personaje con esas características es uno que asusta. Pero la película, en general, es eso lo único que hace: darnos un par de brincos en la butaca del cine por la impresión dada por el payaso cuando aparece. “It”, en este remake, es, como bien lo dice Vanity Fair, un Coming Of Age centrada en un grupo de jóvenes que logran superar sus miedos al enfrentar a un payaso y, en el caso del personaje de Bill Denbrough (Jaeden Lieberher) la pérdida de su hermano menor y tartamudez.

Este filme es realmente un remake de “It” y “Stand By Me“, otra película basada en otro libro de King, sobre un grupo de niños que superan sus problemas al enfrentarse al reto de ir a buscar un cadáver y que en medio de su búsqueda y lucha, deben enfrentarse a un grupo de jóvenes inadaptados que los acosan constantemente. Lejos estamos entonces de una obra capaz de crear niños traumatizados corriendo al psicólogo temerosos de lo visto en la pantalla, como supuestamente ocurrió con la mini-serie de la ABC en los años noventa. Y tampoco de una que concrete los miedos del World Clown Association sobre una masiva expansión de la coulrofobia a consecuencia del estreno del filme.

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Tim Curry en “It”.

En todo clásico de horror, una atmósfera densa y que aprisiona al espectador domina todo el metraje. “The Exorcist“, “I Saw The Devil“, “Rosemary’s Baby” y “Saw“, sirven como muestra contundente de esto. “It”, en la versión de Tommy Lee Wallace y protagonizado por Tim Curry, también la tiene. Pero no hay rastro de ella en la última versión de la novela hecha en cine. De hecho, mientras los niños hacen su aparición, el universo creado es uno amigable, tierno, muy placentero. Cualquiera que haya visto el filme en cine se da cuenta de la gran calma del público entre las escenas de miedo. Ahora, no es una falencia la falta de esta atmósfera: es una decisión desde la dirección y una que ha contraído beneficios enormes en taquilla.

Roger Avery solía decir que las buenas películas nacen cuando la gente deja la sala de cine y se llevan con ellas un mar de emociones en su interior. Y ese nivel de afectación muchas veces sucede por la tensión creada durante las películas de horror. En el caso de los sustos, se logran grandes picos que se desvanecen con gran velocidad. Pero en el cine de suspenso, la tensión permanece hasta generar pesadillas en las audiencia. La antesala a un asesinato, por ejemplo, puede crear tanto estrés que el momento de la muerte es un desenlace impactante. El homicidio causado a Hershel en “The Walking Dead” y el de Bret en “Pulp Fiction” son una muestra viva de lo escrito acá. Ambas, serie y película, funcionan con la premisa de primar el suspenso sobre el susto, creando una tensión constante en los espectadores, generando el inmenso nivel de fanatismo alcanzado.  No pareciera que sucederá eso con esta nueva “It”.

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Hace nada reseñábamos en estas mismas páginas “The Autopsy of Jane Doe“, filme que considerábamos una gran pieza del género y que anotábamos, en forma anecdótica, el haber sido una que, de hecho, fascinó al autor del libro en la que se basa la obra acá discutida, el mismísimo maestro Stephen King. Pero esa producción, al más estilo clásico de suspenso, a diferencia de ésta, fue un rotundo fracaso comercial, una tendencia que pareciera darse con regularidad actualmente: las películas de sustos baten con contundencia a las de suspenso en la taquilla.

Algo que desde acá y en una posición muy del blog lamentamos profundamente, puesto que con un Hollywood tan pragmático como el actual, cuyas decisiones de realización se basan únicamente en las futuras posibilidades de explotación, seguramente nos podremos ir despidiendo del cine de suspenso y, a su vez, tan sólo anhelar el que pronto estemos celebrando el nacimiento de una nueva era en el cine de sustos.

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