“My Blueberry Nights”, de Wong Kar Wai, Un Lienzo Para Cine.

Wong Kar Wai es un artista del cine. Un creador de potentes y hermosas imágenes. Un pintor que colorea con mucho cuidado y con mucha profundidad cada uno de los planos de sus películas. Un creador de atmosferas adornadas con hermosas y originales piezas musicales. Eso, que es lo que más me gusta de este director asiático, es lo que es en esencia “My Blueberry Nights“, la última película de este peculiar cineasta, y la primera que hace en tierras por fuera de su natal china.

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La historia centra su desarrollo en Elizabeth, interpretado por la cantante Norah Jones, quien al estar saliendo de una relación amorosa de gran importancia, se haya sufriendo en el momento en que entra a escena. Mientras supera ese duro momento, Lizz conoce a Jeremy (Jude Law), el administrador de un café restaurante que solía visitar con su antigua pareja. Entre los dos nace una linda amistad, que se convierte en algo más con el pasar de los días, y las experiencias compartidas. (entre ellas, el comer todas las noches un pastel de arándano). Sufriendo por la fuerza de los recuerdos, Elizabeth reconoce el bar y su ciudad como un lugar que no es el mejor para ella, lo que la lleva a impetuosamente alejarse de Nueva York, buscando en la distancia y la lejanía algo que la complete y le cambie la vida. En ese viaje conocerá distintas personas que le mostraran varias facetas del ser humano, de las que ella podrá aprender y que la harán crecer como mujer y como ser.

El último día de esta pareja juntos, un tierno beso entre ambos se presentó, el que impactó íntimamente a Jeremy. Por eso, y tal vez previendo lo que habría de suceder, decide él compartir con ella una muestra de la sabiduría legada a él por su madre. Cuando era niño, cuenta él, la mujer que lo trajo al mundo le decía que si se llegase a perder en el bosque, debería quedarse quieto para que ella lo pudiera encontrar. Mientras ella recorre el mundo y lo más profundo de su ser, él permanece estático en el mismo lugar, esperando no que una mujer lo encuentra para protegerlo; sino que vuelva aquella en la que él espera poder depositar su amor. En su viaje, Elizabeth se va comunicando con él por medio de postales, enviadas desde cada una de las partes del país que va visitando, las que Jeremy lee con la esperanza de poder volver a verla algún día, de regresar con ella y disfrutar las noches del pastel de arándano en su bar.

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Sin duda que Wong Kar Wai es un ser interesado en el amor, en las consecuencias y los bellos momentos que nos hace vivir, la manera de relacionarnos con otras personas cuando estamos en él envueltos y el poder de ese sentimiento en nuestra vida. Esa premisa se mantiene completamente durante toda la historia de “My Blueberry Nghts”. En este filme, el personaje de Elizabeth funciona como una especie de exploradora de las diferentes fases del amor.

Sirve, primero, como testigo del inmenso sufrimiento que causa el estar enamorado, al conocer un policía de Texas, el oficial Arnie Copoland, interpretado magistralmente por David Strathairn, un ser que se rehusa a perder a su ex esposa. También experimenta Lizz la profundidad de dolor y vacío que causa el perder a un ser amado, hecho que aprende de la mujer de éste, Sue Lynney, interpretado por Rachel Weisz, quien lo había abandonado y no quería volver con él. En otra etapa de su viaje, Elizabeth conoce a Leslie (Natalie Portman) una joven aventurera y apostadora, quien disfruta de todos los placeres de la vida sin estar atada a nadie. No obstante, es con ella que notará lo que es el inmenso dolor que no es haber aprovechado a los seres que nos aman sinceramente.

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Con esto de fondo, se puede decir que “My Blueberry Nights” es una bella creación sobre el amor, el sentimiento más poderoso pero al tiempo el más destructivo que un ser humano pueda llegar a sentir. Para retratar este universo en imágenes, el director contó con uno de los talentos más interesantes en el mundo de la fotografía para cine: Darius Khondji, quién deslumbró a todo el mundo con su oscuraSe7en“.

La fotografía de este film es deslumbrante. Los fuertes colores, los ángulos de cámara sofisticados y rebuscados, la composición de los planos y, de manera exuberante, la iluminación y el sutil motion blur; todos componentes de un concepto visual que logra hacer de la visual uno de los más grandes aciertos del film. El objetivo de todo este trabajo es nada menos que lograr que las imágenes sean el medio para contar la historia, de una forma poética en la que los diálogos o la estructura que en la trama se desarrolla sirven como un mero acompañante de las emociones retratadas.

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Es evidente que hay una marcada distancia frente a la narrativa clásica de occidente; no obstante, estamos lejos de ver en esto una falla de la película. Muchos planos nos hacen sentir como unos voyeristas, (un ideal deseado en cada plano hecho por Alfred Hitchcock) de la situación que se vive al interior de las relaciones de los personajes, como espectadores que invadimos una privacidad que está tratando de resistírsenos. La relación entre Jeremy y Elizabeth, por dar un caso, va progresando sutilmente ante nosotros, los espectadores, a quienes el director ubica en gran cantidad de momentos afuera del café, forzándonos a mirar desde detrás de los anuncios y ventanales del mismo, como lo haríamos si estuviéramos en la vida real junto a ellos.

Logrando una máxima del cine, Kar Wai es capaz de transmitir las emociones vividas y sentidas por los personajes por medios estrictamente visuales, quien apoyado en su gran aliado: la música, logra hacernos vivir las experiencias que cada uno de sus creaciones está confrontando. La tristeza del policía Arnie, por citar un caso, se manifiesta en la mezcla de ese naranja oscuro rodeado de negro que acompaña al personaje cada noche en el bar donde espera reencontrarse con su mujer; mientras que las emociones vividas en la compañía de Leslie son retratadas con vibrantes y muy claras paletas de colores.

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La crítica mundial destruyó a esta película, mientras que la taquilla no pudo haber sido peor. Lo segundo es entendible, pues el filme es uno contemplativo, con fuertes intenciones artísticas y de exploración humana. En un mundo donde los trabajos que están obligados a hacer la mayoría de los seres humanos roza con la esclavitud, encontrar tiempo para estos ejercicios no es lo más común. Pero lo primero, es algo que por poco podemos definir como indescifrable.

Desde este blog encontramos el filme uno muy satisfactorio, una bella composición sobre el amor, la necesidad que de él tenemos y la inmensa falta que nos hace no conseguirlo, así como el enorme daño que nos puede causar encontrarlo en la persona equivocada. Con una fotografía hermosa, y una música muy clásica del director, “My Blueberry Nights” es una bella obra de arte, un gran trabajo de este interesante director de culto y una película que se merece una segunda oportunidad.

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