“The Departed”, La Cúspide De Scorsese.

Inmediatamente mencionadas las nominaciones al Oscar para el año 2007, un aluvión de escritos pronosticó con tono tajante el premio a Mejor Director para Martin Scorsese, resultado esperado y por poco obligado como resultado de su trabajo como creador del filme “The Departed”. A la mañana siguiente de haber obtenido la dorada estatuilla, como setas que crecen después de la lluvia aparecieron comentarios acusando que el galardón había sido más por su carrera, su pasado, más no por la obra en competición, algo difícil de comprender para esos comentaristas, pues esta no era un trabajo a la altura de sus antiguas entregas. La gente puede llegar a ser quisquillosa.

Pero quisquilloso puede ser cualquiera, por lo que no parece errado declarar, con conocimiento del riesgo que se toma frente a los más conocedores del séptimo arte, el que “The Departed” es la obra maestra de Martin Scorsese. Puede, y es válido el debate abierto con la siguiente sentencia, no ser una obra maestra del cine; pero sí es la de su director. Después de un largo repaso al cuerpo de su trabajo, incluyendo largometrajes, documentales y comerciales, es difícil encontrar un filme tan completo, ambicioso y con una intención tan marcada de subyugar la narración del metraje a su inmenso talento y conocimiento del cine, como lo es esta película. En pocas palabras: “The Departed” es la película más Scorsese de Martin Scorsese.

De Robert Bruno

A rasgos superficiales, son cuatro elementos los necesarios para otorgar a una obra audiovisual la marca del cineasta de New York. La primera y más importante: las actuaciones. En la entrega referida, todos los involucrados ofrecen de lo mejor, o por poco llegan a esas cimas, de sus carreras: Leonardo Di Caprio nunca se vio disminuido por compartir con el emblemático Jack Nicholson (una experiencia que el joven declaró fue una de las mejores de toda su vida, algo irónico dado que interpretó a alguien descrito por él “con un ataque de pánico las 24 horas del día”); Mark Wahlberg sorprendió a propios y extraños con su interpretación (merecida nominación que lo convirtió en un actor “serio” dentro de la industria y que basó él en el policía que lo arrestó varias veces en su juventud); Alec Baldwin demostró unas capacidades y naturalidad que ha sabido mantener desde ese día (graduado de la escuela Scorsese tuvo una reinicio impresionante de su carrera, aunque en esta obra aterrizó gracias a su participación en “The Aviator”), Ray Winstone llenó su interpretación de pequeños detalles que hacen fascinante esa presencia intimidante, en medio de una estrecha relación con el personaje de Nicholson (curioso que hubiera declarado él la mala relación que con su compañero tuvo), Vera Farmiga es un rostro ya conocido pero no lo era en esos días y su presencia fue un descubrimiento que produjo un elixir en los amantes de la interpretación (ayudó el tiempo pasado con personas en la profesión por ella representada). Martin Sheen se convierte en el abuelo de todos en su personaje, llegando a producir lágrimas al sufrir las audiencias su fallecimiento (el actor aceptó por la oportunidad de poder trabajar con Scorsese) y Matt Damon explotó una energía contagiosa que supo entregar en justas medidas (algo debe provenir del tiempo que pasó con policías reales de Boston, con quienes hasta una redada de drogas compartió).

La segunda cualidad requerida en una producción con ese rótulo es la música. Lade esta película es una marca registrada de la casa Scorsese. Siendo el mejor oído musical del cine (sí, Quentin Tarantino acá está tu papá) no parece un atrevimiento el que la Academia de un reconocimiento al inventar un premio a la “Mejor Canción No Escrita Directamente Para Un Film”, el que debe ser otorgado inmediatamente a “I´m Shipping Up To Boston” de Dropkick Murphys en “The Departed”. Es que se siente, parecer que vibra la ciudad y su herencia irlandesa en la pantalla cada vez que entra el tema escogido.

Pero no solo buenos temas son presentados por el artista; sino que se halla, sutil y casi insignificante, en el uso ellos el quebramiento de una de las reglas más estrictas del cine. Por partes: hay dos tipos de música en el séptimo arte: la diegética y extradiégetica. La primera hace referencia a la que nace en la historia en interrelación con la trama. Si un personaje pone a funcionar un tocadiscos y produce música, es un uso diegético. El segundo, son las composiciones usadas por el director pero que nacen para crear una atmosfera y que acompaña, más no hace parte de la historia. En teoría, el extradiegético no tiene conexión con los hechos narrativos. Pero no en “The Departed”.

Hay, y he aquí lo fascinante, una exquisita comunicación entre las obras musicales dispuestas por el director y la historia vivida por los personajes. Al entrar Billy Costigan (DiCaprio) al aposento de Madolyn (Farmiga), un momento romántico y de dulce coquetería inicia, el que es ambientado con la versión de Roger Waters de “Comfortably Numb” entrando a escena. Como si de la vida misma se tratara, la conversación se torna hacía una etapa más normal, para luego encontrar su camino hacia un momento de intimidad y amor. En esas variaciones, la música se desvanece y vuelve a nacer, superando la máxima estipulada por Francis Ford Coppola: “la música no crea los sentimientos en la escena, solo puede magnificarlos”. Acá, no da miedo decirlo, son ellos, los sentimientos, el interior de los personajes, los creadores de tan bella melodía. Magia hecha cine.

Y por supuesto, casi como una anécdota, no podía faltar en un largometraje con este hombre como artista al mando la melódica introducción de “Gimme Shelter”, tema de sus majestades satánicas usada por tercera vez en su filmografía, y la que en esta ocasión es acompaña por “Let It Loose”. Para aquellos que no sean de este planeta, estamos hablando de dos temas de esa banda conocida como Rolling Stones.

Si hay algo por lo que Scorsese es reconocido, siendo inmensamente tratado de igualar, pero nunca ni cercanamente alcanzado, es por los movimientos de cámara tan ágiles que sus películas tienen. Gracias a su vieja y fructuosa colaboración con Michael Ballhaus, en ese aspecto entre ambos superaron todo lo que habían logrado en épocas lejanas, pudiendo encontrarle un fiel competidor a ese hermoso plano secuencia que no puede ser más que un gran momento de inspiración que el dios del cine les regaló mientras filmaban la escena del Copacabana en “Goodfellas“.

Tal vez sea la cantidad de trabajos habidos entre los dos, el inmenso conocimiento que cada uno tiene del otro, o simple producto de la inspiración, pero la puesta en escena presentanda en pantalla en “The Departed” es alucinante. Sobresale en su totalidad al diseño visual. Infinitamente copiado, nunca alcanzado, nadie mueve la cámara como Scorsese y nunca logró él desplazamientos tan impactantes como los presentados en este filme. Fue su puesta más ambiciosa, espectacular y, aún así, la más elegante. La primera conversación entre Dignman (Wahlberg) y Ellerby (Baldwin) con dos paneos sorprendentes y un zoom in para cerrar con un primer plano del antiguo cantante, son muestra más que suficiente de lo postulado.

Para todos no es un secreto que el gran as bajo la manga del pequeño director es su relación de antaño con Thelma Schoonmaker en el departamento de edición, siendo el cuarto elemento definitorio de su estilo. Entre ambos forman un equipo formidable, con un descomunal conocimiento del séptimo arte, el que ponen al servicio de sus cintas en cada ocasión. Una pasión desenfrenada hecha cine transformada en una colaboración estrecha e inseparable que viene desde el documental “Woodstock“.

Pero, con total honestidad y sinceridad, se debe celebrar lo poco preparado que estaba cualquiera para el trabajo ejecutado por ambos en esta película: una explosión de técnica y arte demasiado deliciosa. Los quince primeros minutos de la obra son de las mejores ediciones que pueden haberse visto en película alguna en toda la historia del cine. Y como sustentación, vale detenerse un momento en el guion que escribió William Monahan y su transformación en imágenes.

“The Departed” está basada en la exitosa película de Hong Kong “Infernal Affairs“, codirigida por Andrew Lau y Alan Mak. Para la adaptación hollywoodense varias cosas se modificaron buscando lograr un mejor entendimiento de lo sucedido, así como para reubicarla al tan característico mundo de su director, complicando aún más una historia de por sí harto densa. En ese sentido, el principio de la película es verdaderamente especial.

En aproximadamente 15 minutos, lo hecho por Scorsese y Schoonmaker no es más que lograr explicar el material de casi de toda una saga, alcanzado todo por medios exclusivamente visuales, sin necesidad de narrar o contar nada… tan sólo mostrando lo sucedido con tal su audiencia lo comprendiera. En ese tiempo el montaje paralelo entre los dos protagonistas es fantástico, y el manejo de tiempo fue, aunque muy ambicioso, necesario y sumamente explicativo para entender la complejidad del drama tal y como estuvo establecida. En ese lapso se logra juntar dos vidas, en tiempo pasado y presente, instaurando todo el laberinto de historias a tratar: se nos muestra la vida de los dos policías, sus ambiciones y su pasado, enseñando al mismo tiempo a todos los personajes secundarios alrededor de ellos. Es verdaderamente impresionante la manera que entre una linea narrativa y otra se saltaban, con la intención de ir mostrando en paralelo los mundos opuestos que a uno y otro se les iba creando.

Sobresale el momento de la entrevista a Costigan, por su manejo del tiempo bastante atrevido, siendo la herramienta necesaria para hacer avanzar la historia. El montaje paralelo en esta parte lleva al extremo las base teóricas y conceptuales del cine, puesto que se establece que Colin y Costigan se encuentran en la oficina de Queenan (Martin Sheen) y Dignman, el primero saliendo, el segundo entrando. Mientras Costigan está en la entrevista, lo que debería verse de Colin es los hechos ocurridos en ese mismo momento; sin embargo, lo exhibido es la compra de su nueva casa, el estar acentuándose en su alto puesto ejecutivo y la realización de algunas actividades en un tiempo un poco después. Se presencia un clásico flashforward. Su contraparte, Costigan, se quedó en el presente recordando su pasado por medio de algunos clásicos flashbacks. Una línea de tiempo que debería tratarse como un nuevo aporte a la teoría cinematográfica.

“The Departed” tiene una inmensa calidad de elementos cinematográficos que conforman un todo muy singular. La escena en que Costigan persigue a Colin a la salida del cine para adultos, se notan referencias claras al film noir, al cine de terror y de suspenso (callejones oscuros y poco iluminados, la sombra en medio de una nube de humo insertada en un plano holandés, el estiramiento del tiempo). La escena del tiroteo se desarrolló con movimientos de cámara muy apresurados pero que de repente se congelaban en un cuadro mientras el sonido seguía, otorgándole a todo el momento un ritmo acelerado y atrayente. Nunca se había presenciado un primer plano al impacto de una bala, y acá estalla en medio de brillantes luces.

De la temporada de premios se recuerda aquel anecdótico momento en los Directors Guild Award cuando el cineasta, al recibir su estatuilla, declaró que es esta la primera película a su mando que tiene una trama. No es un punto menor. El director había declarado antes que era de los personajes de donde salía ésta. En esta ocasión, los hombres y mujeres de la ficción son hijos de los acontecimientos, y el cambio de actitud en esta producción se da por un hecho concreto: el realizador se enamoró del guion autoría de Monahan.

¿Y cómo podría ser de otra forma? “El diablo está en los detalles”, dictaba Steven Spielberg, haciendo referencia a que es en las pequeñas cosas donde se descubre la grandeza de una obra. Pasaría el examen del afamado cineasta el texto base de este filme. En un momento de crisis de Costigan toma él unas pastillas que un plano nos deja ver son Oxycotin, tan solo momentos después de decirle a su psiquiatra el estar a punto de suicidarse, amenazando con salir a la calle a conseguir heroína. No estaba la película más que previendo (de nuevo, el arte adelantándose a la vida) la crisis de opiáceos que hoy sufre los Estados Unidos, materializada en el consumo de estas dos sustancias. El personaje de Damon le pregunta a su colega si posee un traje o siempre está vestido como si fuera a invadir Polonia, haciendo referencia a que el régimen Nazi se influenció profundamente a la hora de diseñar sus uniformes de los usados por la policía de Boston.

Se palpa, en todo momento, una historia densa, completa, perfectamente conectada, la que el director logró presentar con maestría narrativa. Son decenas de personajes interconectados presentados a la audiencia en planos que enlazan universos. Y, en parte, he allí porque la inmortalidad del filme: un segundo, tercer y cuarto visionado no es una pérdida de tiempo, sino un redescubrimiento. Un académico de cine norteamericano decía que en el primer visionado del filme el ser humano tan sólo capta cerca del 40% de la información dada: en “The Departed” la cantidad presentada es tal que hace que ese porcentaje no sea el mínimo sino uno soñado.

En 2003 Brad Grey, de Warner Bros., compró los derechos a Media Asia de “Infernal Affairs” (Scorsese declaró no haberla vista hasta finalizar su producción), en conjunto con el productor Brad Pitt, quien habría de protagonizar la cinta. Su contraparte anhelada iba a ser Tom Cruise, repitiendo el dúo de “Interview with a Vampire”, algo que sólo quedó en papel. El actor deseado para Frank Costello era Al Pacino; quien rechazó tajantemente la oferta, abriendo paso a la llegada de Nicholson al elenco. El antiguo Joker aceptó porque llevaba mucho tiempo en comedias, por lo que quería hacer de este personaje uno verdaderamente poderoso. Encarnaba, para él, el mismo mal. Frente a los deseos del actor, se hicieron cambios al guion con tal de agrandar su parte y, se llevó a cabo una filmación en la que el intérprete estaba obligado a “improvisar” en cada escena, buscando hacer palpable para los demás actores y el público su alto de grado de imprevisibilidad. La escena de la cocaína con un trío interracial es una en su totalidad, producto de Nicholson.

Toda la película parece ser el resultado de un director con mucha experiencia en obras audiovisuales sobre el mundo de la mafia, pero con un talento y entrega tal, que se logra superar a sí mismo una vez más, consiguiendo ser esta obra una especie de evolución frente a sus producciones más clásicas. Fue la más exitosa del director en su momento, de las mejor calificadas y el único remake en la historia de Hollywood que se gana el máximo Oscar. Algo bastante extraño, para el mismo creador laureado, porque como él mismo lo explicó: “`The Departed´ es una película sucia, cruda y ruda”, nada comparable a las que generalmente homenajea la Academia. Pero es que cuando Martin Scorsese hace su filme más personal, simplemente se rompen todas las reglas, del arte y la industria.

Anuncios

2 comentarios en ““The Departed”, La Cúspide De Scorsese.

Deja un comentario