“Jason Bourne”, Donald Trump, Bernie Sanders Y El Fin De La Democracia.

Sergi Halimi, director de Le Monde Diplomatique, escribía recientemente en el diario que maneja un artículo con una hipótesis muy poderosa titulado “El Estado Profundo”. En él, descubría el prestigioso escritor la existencia en el gobierno de los Estados Unidos de un Estado dentro del Estado que funcionaba como un claro poder detrás del trono, capaz de impedir se presentaran cambios en las políticas a implementar por los nuevos gobiernos. En breve: un ente o institución en las sombras tan fuerte que lograba convertir las promesas de los candidatos, incluso de aquellos que honestamente querían cambiar las cosas, en meras palabras desvanecidas en el tiempo.

Tal vez, como en ninguna otra película de Hollywood ese Estado está fuertemente representando en la última obra de Paul Greengrass, “Jason Bourne“, en la que volvió a trabajar con Matt Damon (el actor había declarado que no volvería a la franquicia si no lo hacia el director), en la saga que los dos hacen para Universal. No es, ni mucho menos, la primera vez que ambos colaboran en un filme para un estudio de Hollywood que contenga él un fuerte contenido político. En ese sentido, “Green Zone“, la película sobra la invasión a Irak por parte del gobierno Bush, es la más valiente realizada por este dúo.

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“Jason Bourne”, un antihéroe.

En toda esta saga, pero especialmente en esta última entrega, la C.I.A. funciona como un ente gubernamental con inmenso poderío frente a la sociedad (nada nuevo en eso); pero con una total autonomía frente a los frenos legales impuestos por tradición para vivir en en Estado moderno. El organismo de inteligencia asesina ciudadanos, desprestigia enemigos, organiza grupos paramilitares, intercepta llamadas, invade la privacidad de hombres y mujeres… y todo, sin ningún tipo de control por parte de las instituciones civiles.

En “Jason Bourne”, un cansado Tommy Lee Jones, en el papel del director de la C.I.A. Robert Dewey, encarna el mal de nuestra época. Un ser con la capacidad tecnológica a su disposición para saber todo lo que acontece en todos los rincones del mundo, siendo una perfecta humanización del “1984” de George Orwell, y que pone los pelos de punta cuando los espectadores se percatan de que no es él una invención de la ficción; sino por el contrario, una representación de nuestra cotidianidad.

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Tommy Lee Jones en la premiere en Las Vegas de “Jason Bourne”

También, en un artículo de Le Monde Diplomatique, “Contra El Saqueo De Los Datos Personales” (de Pierre Rimbert), leemos con mucha impresión el importante papel que ha desempeñado la institucionalidad política en el nacimiento y la expansión de Silicon Valley y, por ende, de sus más importantes empresas. Funcionando como el inversionista ángel por excelencia, el gobierno de los Estados Unidos inyecta, a través de sus agencias de inteligencia, ingentes sumas de dinero a las corporaciones tecnológicas cuyo futuro podría ser útil al aparato estatal. En un tono más cómico, pero igual de claro, en la serie de HBO “Silicon Valley” se representa esta intima asociación.

Al interior de “Jason Bourne”, sin ningún tipo de pudor, esa unión está exhibida en la pantalla con gran dramatismo. Dewey, en asocio con su protegida Heather Lee, protagonizada por Alicia Vikander, trabajan en conjunto con Aron Kallor (Riz Ahmed), fundador de “Deep Dream”, la compañía tecnológica más importante del mundo por medio de la cuál pueden espiar la vida intima de todos sus suscriptores. En lo que podría ser un mensaje subliminal a los espectadores, el campus de esta empresa ficticia es una modificación digital del campus real de Facebook en California y, tal y como sucede en la realidad, los recursos públicos se usan para el capital semilla que la empresa necesitan en su etapa pre-operativa; lo que las vuelve dependientes del poder gubernamental, quienes luego las usan en su propio beneficio.

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Matt Damon como Jason Bourne

De ese ente todopoderoso e inescrupuloso, es el que Bourne busca escapar y el que, por su parte, a él busca desaparecer. El huir de un organismo tan omnipresente y potente, justifica, desde la historia, las espectaculares escenas de acción que dominan todo el metraje. Y, en esa área, Greengrass ha establecido todo un nuevo estilo para este tipo de cine , convirtiéndolo, de lejos, en uno de los mejores de todos los tiempos en el género.

La primera escena de escape en Atenas (filmada en Tenerife, las Islas Canarias, porque el gobierno griego no permitió la filmación en el exacto lugar de las marchas) y la persecución automovilística en Las Vegas (que tomó cinco semanas para ser filmada y destruyó al final 170 carros), es de lo más sofisticado que el cine norteamericano puede hacer. Ésta, según declaró su director, estuvo basada en el trabajo hecho por William Friedkin, ejecutor de varias escenas con autos a toda velocidad convertidas en unas hito en películas como “To Live And Die In L.A.” y “The French Connection“. Como complemento perfecto de toda esta testosterona, son de resaltar las peleas a puño limpio entre los personajes, puesto que éstas sobresalen por tres cosas que en otro artista serían contradictorias: la velocidad en el ritmo,  la cantidad de detalles y la clara presentación de los hechos ocurridos. Todo, una amalgama de elementos que permiten comprender a cabalidad cómo se desarrolla el combate mano a mano.

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No es, esta película, con este texto buscamos sustentar la siguiente afirmación, una más del marasmo de espectacular entretenimiento envuelto en soberana estupidez que Hollywood nos trae de manera constante. Es una película profunda, con una denuncia fuerte y muy importante; pero filmada por un verdadero artista visual, tal vez en el mejor momento de su carrera. No obstante, sí se critica que, un texto tan valiente se haya estructurado de una manera tan predecible. Es, imposible no notarlo, la misma película que hemos visto en anteriores producciones de la saga. Entendemos que se busca con eso captar toda una nueva audiencia; pero creo que para eso primero se debe satisfacer a los viejos seguidores y algo nuevo se pedía a gritos durante el metraje.

En 2007, Matt Damon había dicho que sentía él que el personaje ya había llegado a su fin. Que no tenía nada más que ofrecer sobre él. No obstante, dejó saber que si Greengrass volvía (“tal vez diez años después” fueron sus palabras) con una buena idea y una nueva aproximación al personaje que le atrajera, retornaría a su papel más célebre. Diez años después volvieron; pero parece que ha sido por otras razones.

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Matt Damon y Julia Stiles, los único tradicionales que aparecen en la última entrega.

El traslapar el ente descrito a la realidad, por muy especulativo que sea el ejercicio, es sin duda alguna algo aterrador. Las últimas elecciones en los Estados Unidos fueron unas atípicas. Figuras emblemáticas de la política tradicional como Hillary Clinton (por el Partido Demócrata) y Jeb Bush (del Partido Republicano), se vieron barridos por la popularidad de candidatos impredecibles como Bernie Sanders y Donald Trump. El competidor de ella, era un reconocido y autodenominado socialista democrático, mientras que el competidor de él era considerado un nacionalista de derecha. Ambos, con una agenda compuesta por una serie de medidas políticas incomodas y contrarias a los intereses del estamento político norteamericano.

En “Capitalism: A Love Story“, Michael Moore presenta un documento filtrado del Citybank en el que se estipula que en los Estados Unidos ya no hay una democracia, sino un sistema político que ha degradado en una plutocracia: un gobierno de los ricos y que su única amenaza era el poder de voto de los ciudadanos. En un estudio de Martin Geils (Universidad de Princeton) y Benjamin Page (Universidad de Northwestern), se deja claro que las necesidades y deseos del votante común no tienen resonancia en los estamentos políticos más importante de los Estados Unidos.

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Una exuberante Hillary Clinton y acongojado Bernie Sanders

Bernie Sanders, quien movilizó masas de ciudadanos, llenó estadios con entusiastas jóvenes y tuvo más votos que su contrincante en las primarias de su partido, podríamos considerarlo víctima del Estado Profundo, quien preocupado por la posibilidad de que un candidato con sus particularidades llegará al poder, lo forzó a renunciar a la carrera por la presidencia hasta entregarle la posibilidad de ganar sólo a ella. Y en el artículo citado al principio de este texto se describe el cómo Donald Trump se ha doblegado, como presidente de los Estados Unidos y, por lo tanto, “hombre más poderoso del planeta”, hasta tener que cambiar todas sus promesas electorales y ejecutar un plan de gobierno más acomodado al estatus quo dominante en la actualidad, y el que tanto él como Sanders, querían destrozar.

¿Estamos entonces ante el fin de la democracia?

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2 comentarios en ““Jason Bourne”, Donald Trump, Bernie Sanders Y El Fin De La Democracia.

  1. […] Las palabras del ex presidente Rafael Correa de Ecuador explican con gran claridad la problemática enfrentada en la realidad: si un banco es dueño de un medio de comunicación, cómo esperar que haya una cobertura imparcial sobre cualquier tema referido a ese sector de la economía. Esa absoluta falta de objetividad, es la que el presidente Donald Trump denunció en su momento como candidato, algo que también hizo su colega del partido opositor, el independiente convertido en demócrata Bernie Sanders. […]

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