“Natural Born Killer”, Y La Fama Del “Popeye”.

“La visión de Oliver Stone ha cambiado la manera de ver nuestro pasado. Ahora nos va a mostrar dónde estamos y para dónde vamos. Y te sorprenderás de lo que él ve”. Pocas veces, por no decir nunca, el trailer de una película funciona como un manifiesto político. Sin embargo y de manera triste en el caso de “Natural Born Killers“, éste lo logró.

La película, basada en un guión escrito por Quentin Tarantino y transformado por el propio Stone en compañía de los novatos David Veloz y Richar Rutowski, se centra en la vida de los asesinos en serie Mickey y Mallory Knox, interpretados por Woody Harrelson y Juliette Lewis. Ambos personajes, unos criminales aterrorizando a un sector de los Estados Unidos con sus violentos ataques, se caracterizan por la espectacularidad que rodea sus actos vandálicos, y, por ende, por el interés mediático generado hacia ellos, llevando a la tan deseada exhibición televisiva. Su exposición en la pantalla chica les permite recibir un marcado apoyo y respaldo de una parte de la población, una que seguramente se siente segura e inalcanzable para ellos.

 

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“Las Noticias Los Hicieron Superestrellas”

El impacto de “Natural Born Killers” el año de su estreno, 1.994, fue demasiado para una audiencia que se vio abrumada por un despliegue técnico en fotografía y edición que superaba todo lo hecho hasta ese momento. Una cinematografía muy iluminada y brillante, clásica de Robert Richardson, y un ritmo aceleradísimo, generado por los más de 3.000 cortes, los que juntaron a la perfección en el montaje Hank Corwin (editor de Terrence Malik) y Brian Berdan (editor de David Lynch), muy superior incluso para estos tiempos, hicieron que el profundo mensaje político y social del film se perdiera y pasara desapercibido para el público de esa época.

Al verla hoy nuevamente, y acostumbrados a un cine de un ritmo más desenfrenado, es fácil de notar la mordaz crítica al sistema político, carcelario y de pocos valores con los que se rigen los medios masivos de comunicación norteamericanos. Es increíble ver como muchas cosas por las que condenaron a Oliver Stone en ese momento, son factores de elogio para otros cineastas en nuestra coyuntura, lo que sin duda alguna convierte al director de esta obra en un visionario.

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Un asesinato en vivo, ¿una noticia?

El hecho que hizo tan famoso a Michael Moore fue su crítica a unos medios de comunicación que exaltan el miedo y la violencia como parte de su agenda, la que está influenciada por los partidos políticos y los grandes grupos económicos, todos ellos muy interconectados, que terminan produciendo hechos como el par de jóvenes asesinos de Columbine. El postulado anterior tiene un antecedente importante en esta película, donde se nos deja ver que Mickey y Mallory (también dos jóvenes inadaptados) no son entes aislados nacidos de la nada, sino que son producto de una sociedad que logró desarrollarse en medio del siglo más sangriento de nuestra historia. Es muy lograda la escena donde los esposos están en el cuarto de un motel y se nos muestran imágenes de archivos con varios de los hechos más crueles y sangrientos del siglo pasado, con los que todos nos toco convivir.

Y es que la crítica a los medios de comunicación de los Estados Unidos como generadores de violencia y como entes que patrocinan esa conducta es contundente en la película de Stone. Una sociedad que exalta a los asesinos en serie no debería quejarse de la masiva proliferación de ellos por todo su territorio. La escena del juicio donde miles de fanáticos esperan poder ver a los dos homicidas en actitudes propias de un “rock star”, es un metáfora perfecta del encantamiento que sus jóvenes ciudadanos tienen por un par de asesinos exaltados por unos noticieros que en su afán de vender contenido periodístico que eleve ratings no piensa en sus actos, ni en sus consecuencias y, tal vez peor, tampoco son castigados por ellos.

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Un turista se toma una foto con “Popeye” frente a la tumba de “Pablo Escobar”. Tomado de AFP.

Pero así como fue un excelente descriptor de la realidad estadounidense, Oliver Stone se demuestra con este filme como un perfecto pronosticador de lo que estaba a punto de suceder con América Latina, en donde en nuestra época, comenzamos a adorar como ídolos a nuestros antiguos mercenarios. Somos nosotros, una región que no ha definido su propia identidad y, hasta el día de hoy, buscamos en otras latitudes los elementos que nos sirvan para identificarnos. La televisión es muestra de eso. La nuestra es una imitación de la del país del norte.  Y, frente a eso, los resultados negativos parecen comenzar a repetirse.

En una ciudad como Medellín, por dar tan sólo un ejemplo, un ex-sicario como John Jairo Velázques, alías “Popeye”, esbirro del Cartel de Medellín, ha pasado de ser un paría de la sociedad a un prominente analista televisivo, una estrella de Youtube asediada en la calle, la base de una serie de televisión y de un documental. Otra película, “Ed TV“, en la que se hablaba de la fama moderna, ponía sobre el tapete un tema interesante: hoy se es famoso por ser famoso, no por haber logrado algo que lo vuelva a uno famoso. John Jairo Velásquez no tiene ningún merito para ser tratado como una celebridad: un otrora asesino de Pablo Escobar, que ni fue capaz de morir en el campo de batalla sino que prefirió entregarse a la justicia, no tiene nada digno para ser recordado.

Sí, es claro, tenía el Cartel de Medellín una fuerte posición política sobre Colombia. Incluso, sabemos hoy, Escobar soñaba con ser Presidente de la República y, en ese aspecto, es innegable las obras que hizo por la comunidad pobre de su ciudad. Pero nada de eso se le puede adjudicar a su sicario. No fue el más que alguien interesado en la plata que movía el negocio de Escobar: no fue un héroe, o un gran guerrero, tan sólo un cobarde que la única manera que encontró para sobrevivir fue aniquilando la vida de extraños. Entendemos, por supuesto, que es él producto de una sociedad pobre e injusta, eso no se puede negar; lo que es incomprensible es su estatus actual. Es “Popeye”, un hombre conocido por su prontuario que hoy, frente a una sociedad bastante mediática, obsesionada con la farándula, logró convertir en material publicitario para crear una imagen que pudo vender.

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El afán mediático por la violencia, solo inspira y genera más violencia.

Un símbolo humano de la necesidad del alto rating para tener mejores auspiciadores sin pensar en las consecuencias es el personaje representado por Robert Dawney Jr, Wayne Gale, como un periodista que entrevista y sigue el camino de sangre trazado por los Knox. Su meta es lograr, por medio de trucos legales, darles un establecimiento a los asesinos frente a los estrados judiciales y al público, con tal de legitimar su reportaje, consiguiendo con aquello ser una perfecta representación del comportamiento corporativo inescrupuloso de algunos sectores de los Estados Unidos.

El que la violencia genera violencia parece ser la hipótesis que se oculta detrás de esta película, donde se nos muestra como Mickey y Mallory llegan a los extremos como consecuencia de haber nacido en el seno de unas familias totalmente disfuncionales, donde tuvieron que vivir un infierno del que nadie, ni si quiera su propia madre en el caso de Mallory, que sirve como perfecta imagen del comportamiento de nuestra sociedad, los ayudó a salirse. Se es consciente que el nacer en una familia donde el padre viola a su hija no justifica el convertirse en un asesino a la edad adulta. Sin embargo, cada vez que veía el caso de la niña en Austria encerrada y violada por su padre Josef Fritzl durante 24 años, sin que alguien hiciera absolutamente nada por ayudarle, no dejaba de pensar en el personaje de Malloy Knox.

Y es que ese es precisamente el mensaje que yace en el fondo de esta película, el mostrarnos que es tan grave el asesinato cometido como nuestra indiferencia como sociedad a las injusticias que se generan día a día a nivel mundial. Hace poco se mostraban las fotos y los vídeos de los desastrosos resultados del bombardeo en Siria, que dejó una imagen icónica como la del niño herido sonriendo ala cámara,  sin despertar realmente ningún tipo de manifestación pública de desprecio a nivel global.

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Mickey y Mallory Knox, ¿superstars?

 

El muy polifacético pero siempre genial Tommy Lee Jones hace el papel del carcelero casi loco que tiene a su cargo la custodia de los Knox en la película de Stone, mientras que Tom Sizemore el de súper policía Jack Scanegetti que logra capturarlos. Sin embargo hay que ver más allá y notar que ambos personajes son de nuevo una representación de un sistema social que pide este medio como única medida posible para solucionar la violencia: más represión, más policía, más cárceles, más penas de muerte. En un mundo cada vez más violento,  y en un Estados Unidos con la población carcelaria más grande del mundo (producto de la privatización de los centros penitenciarios, puesto que en éste entre más presos más plata se hace) parece obvio pensar que algo del sistema no funciona, razón por la que deberíamos estar abiertos a críticas que nos hagan pensar y replantear la manera en que vivimos, siendo en ese espacio donde esta película encuentra su lugar.

Igual de visionario en su crítica social, lo fue Stone en la puesta en escena llevada a cabo. A pesar de que Tarantino deicidio renunciar a su calidad de guionista, dado el resultado final, es interesante ver como usó muchas cosas en “Kill Bill que tanto odió en la producción de Stone. De manera anecdótica vale recordar que el mismo director de fotografía se usó en las dos películas, Tarantino también usó la animación en algunas escenas, la utilización de varios formatos cinematográficos y la transformación en blanco y negro en algunas escenas intercaladas con el color. Parece que la confrontación entre ambos fue sólo una buena medida publicitaria para el lanzamiento de “Pulp Fiction“, película que se estrenó en cines unos meses después del estreno de esta.

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Cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia…

Francis Ford Coppola dijo alguna vez que las películas más políticas son aquellas que no están ubicadas en el mundo político, sino que retratan un aspecto de nuestra vida social y de allí podemos ver nuestros errores. “Natural Born Killers” parece cumplir ese objetivo: una sátira que expuso a su sociedad y que hoy expone a la nuestra, desnudándola y desgarrándola por completo: porque un ex-sicario que logra convertirse en una estrella mediática y un ídolo de la sociedad, no demuestra que algo está muy bien con él; sino que algo está muy mal con ella.

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6 comentarios en ““Natural Born Killer”, Y La Fama Del “Popeye”.

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