“Kill Bill”, La Obra Y El Debate De Un Autor.

En algún momento Tarantino se refirió a su universo de la siguiente manera: cuando una persona normal, real, de la calle como tú y yo, va a cine, va a ver películas como “Pulp Fiction” y “Reservoir Dogs”; pero cuando los personajes de esas películas van al cine, van a ver “Kill Bill”. Pocas sentencias pueden describir con tanta precisión el cine de este autor y, basándonos en eso, nos arriesgamos a decir que “Kill Bill” es la película que Quentin Tarantino siempre quiso hacer.

El filme, presentada a un focus group en Austin, Texas, recibió una ovación de pie de más de quince minutos, lo que llevó a Harvey Weinsten a no querer recortar ni un segundo de su producción y enviarla, inmediatamente, a su proceso de distribución. Eso, a pesar de lo arriesgado que la misma pudiera parecer comercialmente, teniendo en cuenta su fuerte contenido de violencia y el haberse enmarcado en géneros pocos comerciales.

Kill Bill
Kill Bill Poster

Pero es que ya, para esa altura, el artista audiovisual estaba establecido como un activo para los hermanos Weinstein, (financiadores de los proyectos del cineasta), ofreciéndoles ellos toda la libertad artística para desarrollar este trabajo, lo que dio sus frutos en taquilla. Reconocido por ser un declarado amante del cine de género de artes marciales, parecía predecible que su nulo confinamiento lo llevará a fusionarlos todos en este filme, enmarcándolos en medio de una historia de venganza, con tal pudiera él homenajear a los referentes audiovisuales que más lo han marcado.

La génesis de este doblete se remonta a la época de “Pulp Fiction”, mientras Quentin y Uma entablaban conversaciones entre tomas. En medio de ellas, comenzaron a discutir qué tipo de películas querrían hacer ambos a futuro. En una de esas charlas, la señorita fetiche del director llegó con la idea de comenzar un filme, tal y como comienza éste. Por ese aporte es que en los rótulos de crédito se ve que la película está basada en unos personajes creados por “Q & U”. Allí, en una charla en un set de cine, arrancó esta monumental producción.

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Q & U en el set de Pulp Fiction

En traducción literal al español, “Kill Bill” quiere decir “Matar a Bill”, claro. Sin embargo, en una adaptación más libre al idioma de Cervantes, el título del film también puede significar “Saldar Cuentas“, recordando que Bill en ingles funciona en ese doble sentido. Lo anterior lo mencionamos porque sin duda alguna la película es una historia de venganza, en la forma más clásica y pura, en la que se pasa por momentos dramáticos, amorosos y del manga japones, éste último tomando inspiración de un film hindú denominado “Aalavandhan“.

La historia, simple al parecer, va de un personaje, denominado “la novia”, que está ensañando y preparándose para el día de su boda, cuando un grupo de letales asesinos, quienes eran sus antiguos compañeros de trabajo, deciden visitarla y asesinar a todos, por órdenes de su antiguo jefe, el susodicho Bill, interprestado por David Carradine, a quien el escritor escogió por estar leyendo en ese preciso momento su autobiografía, y no por su papel en la serie “Kung Fu“.

Kill Bill
Bill

Pero cuando se habla de “Kill Bill” se habla de cine y, por ende, de una ficción, de una ilusión. De la misma manera que Sean Connery interpretó a un agente del espionaje retirado de MI5 en “The Rock” (haciendo una conexión en la ficción entre su etapa de James Bond y esa película) podemos pensar que Bill es realmente Kwai Chang Caine del viejo programa de televisión. Más aún, según varios teóricos fanáticos del director, “Kill Bill” es realmente el piloto de la serie “Fox Force Five”, del que hablaba Mia Wallace (el personaje de Uma Thurman en su primera película con el director) durante la cena con Vincent Vega.

Todo esto, porque es que una de las cosas más brillantes de este director es que tiene muy en claro que lo importante en el cine no es contar una historia original, sino que por el contrario, el secreto está en cómo saber contarla de manera original. Sus historias son lugares muy comunes dentro del cine mundial, pero adornadas de una manera exquisita. Desde la narrativa más cercana a las novelas, un diseño de producción muy retro-pop, y una música verdaderamente hermosa y en perfecta armonía con las imágenes, las películas de Quentin Tarantino sobresalen por contener de manera muy manifiesta la marca de alguien que se le puede llamar, en todo el sentido de la palabra, un artista. Es así en esta obra.

"Kill Bill"
Una verdadera leyenda del cine de artes marciales aparece en esta película.

Tarantino no es alguien que cuente sus películas de una manera clásica o lineal, ni si quiera en los tan utilizados tres actos. Por el contrario, el director nos va mostrando en cada una de ellas partes importantes de la historia, pequeños fragmentos de la misma que cada uno de nosotros debe ir ordenando como en un rompecabezas para entender la totalidad de lo que se nos está mostrando en la pantalla. Cuando un autor logra que cada persona vea su propia película, hace realmente magia y eso lo logra este director cada vez lleva su trabajo a la gran pantalla.

En ese sentido, la experiencia de “Kill Bill” es algo único, dado que no sólo nos va dando de a poco la historia total, sino que la entrega en esta vez fue por mitades. En una conferencia en la que compartieron panel con James Cameron, Tarantino comentaba que al ver “Avatar” sintió que la película de su colega había logrado llevar al espectador por un viaje que él quería darle cuando realizó ésta. Eso explica, en algo, el alucinante filme que este doblete es. Parecería, en parte, que Tarantino hubiera hecho un experimento cinematográfico, usando cuanto género y técnicas a su alcance encontró para contar la historia.

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Un Viaje Por Los Géneros Del Cine

Viendo hoy los filmes, realmente es claro que el partir la obra en dos entregas no respondía a un afán artístico (el mismo Tarantino dijo que no era esa su intención), sino a una estrategia comercial. Fue un lanzamiento muy criticado por muchas personas, pero también, todo hay que decirlo, muy alabado por otras. Los primeros se quejaban, con razón, de que la forma de entrega se debía a que Miramax quería rentabilizar aún mucho más su inversión, cobrándoles a los espectadores dos veces por ver el mismo filme, lo que mucho de cierto tiene.

La estrategia, contado ésto por el mismo cineasta, fue como respuesta a una especie de nueva situación que se presentaba en el mercado de exhibición mundial, donde todas las películas se estaban entregando por partes: “Star Wars“, “Matrix”, “Lords Of The Rings“, por sustentar lo dicho por él y citar ejemplos que saltan en el recuerdo inmediatamente. En breve y en resumidas cuentas, sí fue una inteligente manera de ganar más dinero y una apuesta que dejó resultados muy variados frente al público y la crítica. No obstante, la verdad es que para una película en la que invariablemente se sabe el final, la idea no parecía tan interesante en un principio, y sí podría ser muy arriesgada, dado que la intriga podría convertirse fácilmente en tedio, dada la inmensa espera para ver un final totalmente predecible. Algo así pasa cuando se ve hoy.

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Para esta obra en particular el niño genio de Hollywood usó todas sus fuerzas para convencer al brillante Robert Richardson de que se hiciera cargo de la fotografía (le envió el guión en un canasto de flores y vinos), un esfuerzo que tuvo sus importantes resultados, puesto que además de conseguir una imagen maravillosa, los dos siguen trabajando hasta hoy. Personalmente me parece que Richardson es uno de los fotógrafos más interesantes de la actualidad: la sobre iluminación de sus escenas es verdaderamente poderosa y los fuertes tonos en “Kill Bill” son muy impactantes. Fotográficamente hablando, la película es una muestra constante de gran versatilidad y talento, lo que decimos al impresionarnos por ver cómo ésta se va adaptando a la perfección a una historia con tantos géneros en su interior.

Otro de los elementos infaltables del director es por su puesto la música. En “Kill Bill” Tarantino logró reunir a los más grandes compositores para cine, dado que al artista, hasta ese momento, no usaba músicos propios para sus films, sino que por el contrario, recopilaba pistas y partituras ya escritas con anterioridad. Ahora, aunque pueda parecer que es muy fácil comprar derechos musicales y ponerlos en la pantalla, la verdad es que el reto es mucho mayor y más complicado. Al usar música de Ennio Morricone y Bernard Hermman, es decir, música usada en obras magistrales de Sergio Leone y Alfred Hitchcock, no se tiene una ventaja, sino una gran responsabilidad, puesto que es muy fácil arruinar verdaderas obras de arte cuando no son utilizadas por personas talentosas.

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Tarantino es uno de los “Crazy 88”

Aunque eso es cierto, también lo es que la última obra del director, “The Hateful Eight”, en la que contó por primera vez con un compositor propio, nada más y nada menos que el mismísimo Ennio Morricone, es la más floja de toda su filmografía (incluyendo acá “Death Proof”). Eso, para mí, es mucho decir. Dan Raders, en entrevista con Tarantino, le regaló un bello calificativo para el uso que del sexto arte hace el cineasta. En las palabras del entrevistador, la fusión creada por el realizador en esa área es “legendario”. Y no podemos estar más de acuerdo. No obstante, vale resaltar acá una posición en cuanto a autor que Tarantino siempre ha mantenido y defendido.

En entrevista realizada a Charlie Rose, el afamado director dijo, más o menos, que uno de los colegas más interesantes de su generación era David Fincher; pero que el realizador de “Se7en” no estaba en su misma categoría porque él no escribía sus propios guiones. Recordando que en la academia internacional siempre hubo el debate si era el director o el escritor el autor último de la obra cinematográfica, ganando éste último la partida, Tarantino se sostiene en ello para menospreciar a sus colegas que no escriben los guiones, llegando a poner en esa misma posición, por debajo, a alguien como Steven Spielberg.

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Carradine, Tarantino y Richardson

La realidad nos hace distanciarnos de la postura del creador de “Pulp Fiction”. Si Fincher no está en la misma categoría de Tarantino por no escribir sus propios guiones, Tarantino no está en la misma categoría de Fincher por no tener un compositor que cree su propia música, más aún teniendo en cuenta que la vez que lo intentó el resultado fue bastante mediocre. No se puede ver una película de nuestro director sin su música. Es su marca y una de sus herramientas más poderosas. No obstante, hace con ella lo mismo que le crítica a aquellos que menosprecia por buscar guiones ya escritos, al salir él y buscar la que ya está compuesta.

Quentin Tarantino es un autor con una voz propia, con un estética única e inconfundible, lo que lo hace un artista audiovisual en todo el sentido de la palabra. Pero a hoy, no es más que ninguno otro por escribir sus propios guiones. Así como se debe buscar la música perfecta para que combine con toda la puesta en escena, también un director debe escoger con inmensa precisión el guion que quiere llevar a la pantalla, en la mejor condición.

Michael Mann, quien escribe sus propios guiones y tienen compositores para sus películas (además de pistas licenciadas) cree que el autor final de un obra es el director. Acá concluimos igual que él: el autor al final es el director, quien debe escoger o escribir el guion; así como debe escoger o componer la mejor música para su obra. Sin matices, punto.

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El Enfant Terrible De Hollywood

 

 

 

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7 comentarios en ““Kill Bill”, La Obra Y El Debate De Un Autor.

  1. […] Estaba alucinado con todo lo que sucedía: los diálogos, la música, los escenarios, la violencia, la estructura narrativa, las actuaciones, los vestuarios… Cada momento frente a la pantalla era un deleite exquisito para mí. No obstante, lo que me dejó para siempre marcado, fue el momento final. El corte a negro que da por concluida la obra y da paso al primer título de créditos, aquel que dice “Written And Directed By Quentin Tarantino“. […]

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