La Violencia En El Cine

Uno de los tópicos más maltratados a la hora de analizar películas son las escenas de violencia. Desde los slasher films, pasando por las películas de artes marciales, hasta los duros dramas tratando de representar el mundo moderno, la violencia en el cine ha sido constante blanco de críticas acérrimas en contra de ella. De nuevo, y como casi todo en la vida, el problema en sí no radica en la violencia, sino más bien en quiénes son las personas que la ven y quiénes son las personas que la hacen. Nada más que una cuestión de perspectiva.

Y en ese esquema, hay que saltar en defensa gallarda de los que disfrutan con el cine violento. Porque el gran ataque de quienes osan despotricar de esta forma de entretenimiento, y por qué no decirlo: de arte, es el supuesto traslape a la sociedad de los hechos puestos en pantalla, capaces de influenciar a las audiencias a realizar actos similares a los del filme. Pero la realidad muchas veces golpea con fuerza las creencia. A hoy, es muy difícil encontrar una sociedad más pacífica que la japonesa y, a su vez, una con un cine tan violento como el de ese país. Los mexicanos y colombianos durante décadas se especializaron en novelas de formato largo (culebrones) y hay que ver la manera cómo solucionan sus diferencias. Es válido decir que, en pocas palabras, la violencia en la sociedad no tiene nada que ver con el cine.

Leatherface. "The Texas Chainsaw Massacre".
Leatherface. «The Texas Chainsaw Massacre».

En algún momento le preguntaron a Wes Craven, afamado director de cine de terror, de dónde sacaba las tramas para sus películas. La sorpresa causada por su respuesta fue inmediata: la inspiración para las historias y secuencias que lo han hecho una leyenda las hallaba en su lectura diaria de The New York Times. Otro gran director de películas, colega del anterior en el mismo género, es John Carpenter, quien encontraba una explicación científica a la necesidad de hacer películas como las suyas y al deseo de sus seguidores por verlas. En sus palabras, el ser humano tiene un cerebro de reptil que lo hace actuar violentamente y por lo tanto, el cine debe representar esa condición.

A pesar de la sabiduría impartida por religiones y filosofía alrededor del planeta y a través del desarrollo de la civilización, es un hecho que parece innegable el que la violencia es algo muy del ser humano. Ha sido parte de nuestra existencia, hemos tenido que destruir para crear y asesinar para sobrevivir. Nuestra civilización, tanto en su construcción política (la democracia) como económica (el capitalismo) está cimentada sobre los ríos de sangre de millones luchando por la participación en los asuntos públicos o la repartición de los medios de producción. ¿Cómo esperar que el cine, la manifestación cultural más poderosa de nuestra especie, ignore uno de los rasgos más íntimos de nuestra condición humana?

Scarface: Un clásico violento.
Scarface: Un clásico violento.

El arte tiene la obligación de representar con tal de impactar, afectar y, en el mejor de los casos, hacer reflexionar para mejorar. Con la violencia parece pasar algo importante en ese sentido. Hace poco se publicó un estudio cuyo dictamen era totalmente contrario a lo que se venía promoviendo: la violencia en el cine tiene el efecto opuesto al de propagarla en la vida real. Siendo algo que todos los seres humanos poseen a su interior, la violencia permite en alguna medida “satisfacer” esa necesidad poseída, logrando con su manifestación audiovisual anular su deseo de exteriorizarla en el mundo.

Es algo poco lógico pensar que la violencia tiene la capacidad de destruir y transformar en un sociópata a un ser perfectamente civilizado. Lo anterior, que es el argumento constante de aquellos odiando la realización de este tipo de producción, parece ser algo desubicado por una razón bastante lógica: si un joven, niño o adulto ve en una película en el que un hombre mata a otro, y por eso decide coger un arma y asesinar a alguien en la vida real, el problema no está en el film; sino en la persona. Decenas de millones vieron la trilogía de Batman de Nolan, pero sólo uno se decidió a disparar en una sala de cine. Eso último, si se concuerda con la versión oficial de los hechos.

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«Reservoir Dogs» estrenada en Sundance.

El discurso acá presentado busca estipular que el criticar la creación de películas con manifestaciones violentas, tiene un contrasentido tan inmenso como el hacerlo con aquellas cuyas escenas cómicas, o amorosas o dramáticas son lo principal en su historia. Es la complejidad misma de la vida la que se debe llevar a la pantalla, lo bueno y lo malo; lo horrible y lo bello. En el documental de Michael Moore, «Where To Invade Next«, el director la disyuntiva de cómo sus nacionales vivían bajo un manto de ignorancia en relación a los hechos acontecidos durante la época de la esclavitud en su país; mientras en Alemania era una obligación de los jóvenes repasar los hechos del nazismo. Como dice el mismo director en su trabajo ganador del Oscar, «Bowling for Columbine«, los alemanes fueron más violentes, pero hoy son más pacíficos.

Ahora, es harto impactante ver quiénes son los grupos movidos a rechazar este tipo de producciones. En países como Colombia y Estados Unidos, son los ubicados en el espectro más conversador quienes se indignan con las representación de este tipo en la pantalla. Los mismos que no tienen inconveniente en organizar guerras alrededor del mundo con tal incrementar sus capital político y negocios. Les molesta profundamente ver sangre en el cine; pero no cuerpos mutilados en un campo de guerra. Más aún, muchas veces las críticas que se hacen a estas escenas son del todo incoherentes por parte de sus realizadores. Y es que el problema no radica ya en que haya un contrasentido con lo que se dice, sino que es algo ilógico las críticas que se hacen. Uno de los ejemplos más claros se da en la película de Francis Ford Coppola, “The Godfather“.

La violencia debe ser brutal, cruda y totalmente inesperada. Martin Scorsese. "Casino".
La violencia debe ser brutal, cruda y totalmente inesperada. Martin Scorsese. «Casino».

Contaba el director en medio de una cena, (en la que no estuvimos pero de la que vimos el vídeo), que cuando su obra se lanzó, miles de personas salieron a pedir explicaciones por el asesinato del caballo. Estaba preocupadas porque si era de verdad o un muñeco, que cómo se había muerto… Lo interesante o irónico del asunto, tal y como lo dice el mismo director, no es que lo anterior se haya criticado (puesto que está muy bien que se proteja a los animales,) sino que se fijaron de manera exclusiva en esa escena, cuando en la película se mata brutalmente a más de una docena de personas.

Ahora, si establece la violencia como forma de arte, es claro que la critica o elogio se debe centrar desde esa perspectiva, en cómo se presenta la misma, con qué inteligencia, elegancia y sentido. Muchas veces las razones para hablar mal o bien de ella tiene que estar encaminada hacia lo mal que lo hacen los directores, y no al hecho de usarla. Cada persona debe saber con anticipación que película se va ir a ver, y debe predisponerse para verla bajo los parámetros sobre los que el director se fundamento para hacerla. Nadie puede irse a ver una película de Eli Roth y no sentirse en algún momento asqueado por lo que ve en la pantalla. Este tipo de film puede ser indeseado para la gran mayoría, pero es que en realidad para ellos no están hechos. Se debe saber de qué va la película y cuáles son sus intenciones, así como las de su director. Y, más importante, que hay un grupo de personas esperando por ellas.

"Only God Forgives".
«Only God Forgives».

Hay algo sobresaliendo, asimilando todo lo que se ha dicho. Parece evidente que cuando las películas tienen mucha violencia, mucha sangre, asesinatos brutales, la gente no la crítica, sino que por el contrario las desprecia. En su contraparte, en el tipo de realizaciones en donde la violencia no es tan gráfica, pero si mucho más impactante, las personas salen con ahínco a denunciarlas. Un ejemplo de lo anterior se puede sacar de lo que hasta acá hemos dicho: la violencia de «Casino» fue muy criticada, mientras que la película de Eli Roth no tuvo ningún tipo de controversia. Una cosa es producir asco y otra generar traumas. Lo primero es producción, lo segundo genialidad.

Se puede, hasta debe concluir que mucha razón tenía Brian de Palma cuando mencionaba que la violencia en el cine era fuertemente criticada cuando se hacía bien, más no cuando se hacía gráfica. La razón de lo anterior, descansa en que si hay algún tema o situación de cine en la que se aplique la máxima de que menos es más, es en las escenas con esta carga. Cuando un cineasta no muestra la escena gráficamente, sino que por el contrario tiene la capacidad de hacer que se recree en la mente de su audiencia, lo que logra con esto es que los límites de la misma escena sean alcanzados por las propias percepciones y subjetividad, haciéndolas tan escalofriantes como cada espectador se las pueda imaginar. Es por eso que artistas como De Palma, Scorsese y Tarantino, son tan odiados y amados por sus películas y la violencia que hay al interior de las mismas.

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