La Crisis Del Cine No Es El Tamaño De La Pantalla.

El cine se ha convertido en el medio artístico más influyente e importante de todos los tiempos. Habiendo nacido hace solamente cien años, su alcance no tiene parangón con otro. Sin embargo, en estos días que se habla tanto sobre la crisis por la que el cine está pasando, vale la pena hacer un pequeño alto en el camino y analizar un poco más calmados las cosas.

Es conveniente recordar que esta no es la primera crisis por la que pasa el séptimo arte. El primer enemigo que tuvo que enfrentar como el máximo medio de entretenimiento fue la televisión en la década de los 50. La verdad es que con el paso del tiempo ninguno destruyó al otro, sino que por el contrario lograron convivir ambos en la sociedad.

Antigua Sala De Cine
Antigua Sala De Cine

A pesar de esto, una de las medidas que el cine tuvo para enfrentar su caída en la disminución de espectadores fue la creación del formato panorámico CinemaScope (y sus competidores), ensanchando la pantalla y haciéndola más grande y espectacular. A mediados de los setenta, el cine dio otro duro golpe en su afán de atraer más audiencia con el funcionamiento del sistema de sonido de multicanales, que hacían mucho más emotiva la experiencia cinematográfica. El uso de esos elementos permitió que se notara una inmensa diferencia entre ir al cine y ver las películas que pasaban en televisión, logrando una recuperación de los espectadores que habían preferido quedarse en casa.

Sin embargo, la tecnología permitió que el entretenimiento en casa evolucionara y solventará las deficiencias de sonido e imagen con el home theater y las grandes pantallas de televisión. Además, el cine hoy ha tenido que enfrentar la creciente mafia de la piratería mundial, que ha alcanzado proporciones gigantescas, logrando con esto una nueva amenaza.

Un, literalmente hablando, teatro en casa
Un, literalmente hablando, teatro en casa

Frente a esta nueva amenaza, los productores más grandes del mundo han decidido encaminar la industria cinematográfica por los senderos del desarrollo de la tecnología 3D, como respuesta a la creciente disminución de espectadores en las salas de los Estados Unidos. La idea detrás del uso de la tecnología 3D es la de repetir la situación que generó la mejora del sonido y la imagen en los teatros públicos, frente a los sistemas de entretenimiento en el hogar.

Sin embargo, creo que el problema del cine no está en que la gente compre muchos discos piratas o alquile muchos DVD y por eso no vaya a las salas. La industria ha perdido mucho público por una única razón: los exhibidores, los dueños de los teatros, no tienen ni idea de como tratar a sus clientes. Es por eso que la gente no quiere pagar los inmensos precios de las boletas, y sí prefiere ver las películas en la salas de su casa.

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Ir al cine es todo un acto social, que en algunos casos se ha vuelto una tragedia. Llegar hasta el teatro, hacer la fila en la taquilla, hacer la fila para comprar la comida, hacer la fila para entrar a la sala, acomodarse, incomodarse cuando la gente pasa buscando su silla, lidiar con la gente que habla, a la que le suena el celular. Simples medidas y más atención por parte de quienes se encargan de presentar la película harían un mundo de diferencia. Una persona en cada sala que evité esas situaciones multiplicaría en beneficio de todos la experiencia.

Todo eso es un verdadero fastidio, cierto; pero también es cierto que se convierte en parte de una manifestación cultural muy agradable cuando la película que se ve en la pantalla es una obra de arte, una buena producción o por lo menos entretenida. Pero, si además de lo anterior, lo que pasa es que la mayoría de las veces vamos al cine a ver una película, y aparte de aguantarnos todo esto lo que vemos es una y otra vez un bodrio, la verdad es que a cualquiera le provoca piratear y quedarse en su hogar.

¿El nuevo cine?
¿El nuevo cine?

Con esto, parece más lógico encaminar todos los esfuerzos en la consecución de mejores escritores, mejores directores, mejores actores, que hagan emocionante volver a las salas y disfrutar con las películas. Mientras le sigan dando dinero a Michael Bay para que haga producciones, no se quejen de que no nos emocione ir a las pantallas de cine. Y aclaró que no tengo nada contra Michael Bay, es sólo que me acordé de él mientras escribía estas líneas, porque hace poco tuve la oportunidad de leer su propuesta de guión para The Dark Knight, la que de haberse aceptado hubiera terminado en una absoluta estupidez.

Me parece que ese es el ejemplo que debemos tener en cuenta para debatir esta denominada crisis del cine. La idea de Bay era hacer una película con senos grandes de mujeres hermosas, bombas y más bombas destructivas, Pentágono, CIA, F.B.I, y hasta dos Bad Boys. Por otro lado lo que tuvimos, y menos mal que lo tuvimos, fue la película de Nolan, quien ha demostrado ser un director muy inteligente que terminó haciendo una película igual de inteligente. No obstante, está producción parece ser la excepción a la regla, primando para los productores las películas con más efectos especiales y bobadas de esas, que una que se sostenga en un muy bien trabajado guión.

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El “anticine”

¿Qué nos queda de esto? Que como conclusión, esta crisis del cine no es una crisis tecnológica sino de un simple problema gerencial y de más y mejores historias. Hace poco alguien me comentaba que ir al cine se sentía como un deja vu: de nuevo Jurassic, de nuevo Terminator, de nuevo Rápidos y Furiosos… .Queda claro que lo que se debe hacer es poner todas las energías necesarias en encontrar y construir esas historias. Algunas serán unos dramas lentos y contemplativos, algunas otras serán de acción y aventuras, algunas otras de terror, otras de comedia y otras de ciencia ficción. No importa el género, lo que importa es que hayan historias que nos conmuevan y nos atraigan y por las que valga la pena ir y aguantarse lo que hay que aguantarse en un cine. Una vez lograda la historia, bienvenidos todos los efectos especiales que sean necesarios para contarla.

No fue ese es el caso de “The Dark Knight”, una película que a pesar de las inmensas precauciones que la Warner tomó para evitar la piratería en su lanzamiento, no tenía porque preocuparse de nada de eso: todos queríamos verla pero en el cine, ni pirata ni alquilada ni nada, en el cine. Y lo queríamos hacer por la única razón de que cuando se va al cine y se encuentra uno con una película de esta categoría, la experiencia es entretenidísima. Escuchar a todos alrededor de uno, sorprenderse, emocionarse, asustarse, reírse. Es igual que ir a ver un partido de fútbol, donde toda la hinchada se siente uno solo; en el cine todos nos sentimos uno solo. Pero así como es aburridísimo ir a ver un partido donde el equipo de uno pierde, es muy agotador ir a ver una película que no da la talla, por lo que, peor aún, si el equipo de uno siempre pierde, pues no se vuelve al estadio.

 

 

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