“The Sopranos”, Cuando La Mafia Se Tomó La Televisión

Las series de televisión en los últimos años han venido ganando la guerra por el mejor contenido, siendo «The Sopranos«, la mega producción de HBO, una de las que comenzó este nuevo proceso. Creada por David Chase y emitida por primera vez en televisión paga el día 19 de mayo de 1999, este drama sobre la mafia, que fue rechazado por todas las cadenas a las que se les ofreció, fue el más grande éxito de un programa de televisión por cable hasta ese momento.

Tal y como el eslogan de la primera temporada decía, “sí una familia no lo mata, la otra lo hará” la historia se centra en la vida, o la doble vida que Tony Soprano debe llevar entre su familia y la mafia que dirige. El líder de ambas familias comienza a tener una crisis nerviosa debido a los inmensos problemas que en ambos mundos debe enfrentar, sufriendo ataques de pánico que le producen desmayos constantes. Como consecuencia, comienza el capo a acudir a una psiquiatra, quien le ayuda con el tratamiento requerido para solventar su problema.

La Familia Soprano
La Familia Soprano

El mismo año de su estreno, a nivel mundial, fue también el de “Analyze Me“, la película en la que un mafioso interpretado por Robert De Niro va a un psiquiatra interpretado por Billy Cristal. La similitud entre la historia del largometraje y la serie, creó un gran prejuicio, capaz de alejar a muchos de la obra de la pantalla chica. Luego, y seguramente influenciados por el éxito que el programa de televisión tenia, muchos decidieron darle una oportunidad, encontrando en ella una de los programas de televisión más admirado de todos los tiempos.

Había habido en los años noventa una pequeña revolución de la pantalla chica. Obras de la talla de «Seinfeld«, «Twin Peaks» y «The X-Files«, especialmente su quinta temporada culminando con una producción en cine, nacían y daban una indicación de lo que podría ser el medio, pero era una excepción la que más tarde se convertiría en una regla. La principal razón de esa marcada diferencia es que en aquellos años los largometrajes seguían siendo los reyes del séptimo arte, dejándole a sus hermanas menores, las series de televisión, el quedarse enfrascadas en unas producciones de menor rango, hasta la llegada de «The Sopranos», entregando un fuerte impulso a la transformación de la pantalla chica.

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El nivel es tanto que cada uno de sus capítulos debe ser considerado un mediometraje, mucho mejor que la gran mayoría de películas de esta época. Lo más especial, era lo inteligente y dramático que era su contenido a lo largo de todas sus temporadas. Se tocaban temas políticos y sociales, pero también habían acercamientos a la problemática de ser un padre de familia y un jefe mafioso al mismo tiempo, muchas veces en clave de humor, obligando a sus espectadores a reír de cosas que no se deberían estar uno riendo.

En su aspecto familiar, la evolución de la relación con sus hijos fue muy cuidada y muy bien tratada con el paso del tiempo: su hija Meadow (Jamie-Lynn) no siente mucho respeto por el oficio que su padre lleva a cabo, mientras que su hijo menor, Antony Jr (Robert Iler), ve en su padre un ídolo por todo lo que hace y es capaz de hacer. Su esposa, quien es una amante de las inmensas comodidades que su marido le da, debe aguantarse las infidelidades y aventuras que él tiene si quiere seguir con ese estilo de vida al que ya no es capaz de renunciar.

Poster Oficial
Poster Oficial

Como contraparte, los problemas a tratar en la mafia por Tony no son todos de tipo criminal y organizacional, sino también de carácter humano y hasta familiar. Su primo es un drogadicto ineficiente en su trabajo; su tío es el verdadero jefe de la familia, pero vive encerrado en una condición de casa por cárcel; y Tony recibe en un momento dado una herida de bala que le cambiara su vida por siempre. En medio de tan explosiva situación, la psiquiatra de Tony debe lidiar con su enfermedad, pero también con su atracción sexual por ella.

Durante seis temporadas los seguidores de la serie vieron la entrada y salida de un sinnúmero de personajes que le iban dando más ingredientes a la historia, que la iban llevando por nuevos y más interesantes senderos y que hacían de «The Sopranos» un programa cada vez mejor y más entretenido. La relación familiar iba evolucionando, generándose nuevos problemas a medida que sus hijos iban creciendo y se enfrentaban a nuevas dificultades en la sociedad, mientras la organización mafiosa se enfrentaba constantemente a nuevos y más complicados conflictos de los que se veían obligados a salir por medios cada vez más ingeniosos.

Si una familia no lo mata...
Si una familia no lo mata…

Uno de los aspectos más llamativos de la serie era el tratamiento psicológico que de sus personajes se hacían. El seguimiento de Tony era muy cuidado y muy bien llevado a cabo. Él era casi un dios en su trabajo, pero en su casa sus hijos no le obedecían, lo que generaba muchos conflictos a su interior. Durante una temporada Tony se dio cuenta que la gente que lo acompañaba de verdad no eran sus amigos, sino más bien sus súbditos, que en algún momento lo cambiarían por otro jefe, muy a pesar de que él había puesto toda su vida en esa organización, generando uno de los mejores momentos de toda la serie.

De igual manera que profunda en su historia, fue de cuidadosa su producción. «The Sopranos» era filmada en tecnología de cine en un principio (formato de 35mm) y luego dio el salto al uso de la Alta Definición (HDTV), con pistas de sonido en multicanales, logrando con esto que cada capítulo tuviera una factura no acostumbrada para los programas televisivos. El proceso de casting que se hizo fue sumamente arduo y se dio con muchos actores de calidad, pero que no eran conocidos o estrellas, por lo menos antes de esta serie. Como resultado de ese esfuerzo, el canal se permitió poner como slogan «No Es Televisión. Es HBO»

Familia Redefinida
Familia Redefinida

Especial mención merece James Gandolfini, quien era un actor que todos habían visto antes, pero no se sabía quien realmente era. Gandolfini interpretó papeles menores en películas como “A Civil Action” y “Get Shorty” junto a John Travolta; “Crimson Tide” y “True Romance” de Tony Scott; y, “The Juror” con Alec Baldwin y Demi Moore. Alguna vez David Chase dijo que el interés en Gandolfini se daba porque él era capaz de expresar en su rostro que podría ser un ángel, pero que también podría ser un demonio, generando mucho cariño o mucho odio en las personas, incluso de un segundo a otro. Y es exactamente eso lo que logra en esta serie este actor, culminando con una de las mejores interpretaciones que sobre mafiosos se haya hecho jamás.

Tony Soprano es un gángster que no puede negar su origen, que aunque se viste elegante se nota que no combina en esa situación; que le gusta comer, las drogas, tener sexo con prostitutas, que es temerario y un salvaje a la hora de arreglar sus problemas. Sin embargo, es a la vez un padre que da todo por su familia, que no puede vivir sin su esposa, que se disculpa con los seres queridos y que siente respeto por las personas que lo rodean. Es un personaje de una tremenda complejidad, interpretado de manera excepcional por este gran actor, ya hoy y en forma trágica fallecido.

Temporada 5
Temporada 5

Cada uno de los capítulos es un retrato perfecto de lo que debe ser la sociedad mafiosa, pero también de la doble moral de la comunidad para con estas organizaciones, a quienes se les admira y envidia por su estilo de vida y su inmenso poder, pero que se les ataca con todo el poder del Estado y con profunda repulsión una vez han caído en desgracia. En paralelo, es muy profundo cuando se deja analizar la consecuencias y responsabilidades que un inmenso poder como el acá presentado contrae.

Uno de los elementos más impactantes fue el rechazo sentido por las audiencias contra el FBI, llegando a odiar a los agentes que trataban de acabar con las actividades del grupo al margen de la ley. La cadena, en ese espacio, se vio obligada a convertir a los personajes en unos sanguinarios, tratando de acabar los sentimientos de aprecio por ellos sentidos, pero logrando un interesante ejercicio artístico. Producto de ese momento, se presentaron gráficas y fuertes muertes, que incomodaron a los espectadores de todo el mundo, pero que poco hicieron para hacer perder cariño por los personajes.

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En «¿Por Qué Amamos Los Villanos?» preguntábamos, básicamente, que quienes son criminales en una sociedad profundamente corrompida. Las fuerzas del orden en la serie son presentadas con toda la complejidad de la vida moderna: políticos corruptos, policías que trabajan para quienes deben arrestar, empresarios pactando con criminales para reducir costos… Uno de los vecinos de Tony alguna vez lo menciona: «creo que la única diferencia entre los empresarios de Estados Unidos y la mafia son los malditos asesinatos».

El personaje principal también explica, de manera emotiva, cómo el único problema con la mafia italiana es que es un grupo de ciudadanos que se rebelaron al establecimiento, a quienes denomina también como «ladrones». Los europeos fueron invitados a Estados Unidos porque los necesitaban para construir sus puentes, sus carreteras y hacerlos ricos; pero, cuando algunos de ellos quisieron ser dueños de los negocios, los convirtieron en criminales. He ahí el origen del crimen organizado, según el líder de la mafia de New Jersey.

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El discurso del líder criminal, la bella presentación de las costumbres italoamericanas, el tipo de sociedad en la que ellos se movían, produjo en las audiencias, indeseable pero imposible de creer que de forma sorpresiva para los realizadores, una legitimación de las empresas criminales entre los ciudadanos de Estados Unidos. En sus últimos momentos, la serie se atrevió a ir más allá y crear una narrativa en la que Tony Soprano, producto de su obsesión por lo atentados del 11 de septiembre en 2001 en su país, trabajaba de la mano con el FBI, buscando colocar toda su organización criminal al servicio de si gobierno, en la lucha contra el terrorismo internacional. Líneas muy delgadas que se cruzan constantemente, pero que se callan con regularidad.

Uno de los slogans más recordados de «The Sopranos» fue aquel que decía «familia redefinida». Pero va más allá la producción: se logra redefinir la sociedad. La complejidad de nuestra era moderna hace pertinente la pregunta que en el texto mencionado arriba se hacía en este espacio: ¿quién es un villano hoy? ¿por qué admirar a Tim Cook, líder de una compañía que esclaviza niños en Asía para producir sus productos; pero no a Tony Soprano? La serie, compleja en toda su trama, es capaz de explorar tan complicados asuntos modernos, en medio de una obra que no olvida, por ningún momento, que su objetivo es entretener. Por eso muchos la definieron como «televisión inteligente».

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Pero todo eso estaba obligado a tener un cierre magnifico, irrepetible e insuperable. Y así fue. La serie arranca con el punto de vista de Tony Soprano mirando una estatua decorando la sala de espera de su doctora, y culmina con el punto de vista del mismo personaje: un corte a negro, a la oscuridad de la muerte. No se mostró el asesinato de Tony, se vivió con él su fallecimiento y, con eso, el fin del universo creado por David Chease. Era él el alfa y omega de toda la creación artística y, por ende, su final es el de todo ese mundo. Es, arriesgado decir esto pero igual válido, el cierre perfecto de una ficción.

 

 

 

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5 comentarios en ““The Sopranos”, Cuando La Mafia Se Tomó La Televisión

  1. […] como acá hemos postulado, antes de ella hubo obras maestras de la pantalla chica. Pero “The Sopranos” si la cambió por completo, a como la habíamos conocido hasta ese momento. Una serie que se […]

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