“Mad Max: Fury Road”, Una Furia De Película.

La leyenda es cierta. En una premiere de “Mad Max: Fury Road“, a la que asistió su director, George Miller, al momento del septuagenario realizador subirse al escenario, una leyenda del cine moderno, el gran Robert Rodriguez, tomó el micrófono para preguntarle: “¿cómo demonios filmó usted esta película?”. La pregunta es una que nace de forma natural después de ver el filme. Un famoso comentarista de cine escribió, posterior a haberla disfrutado, que se sentía “como si Miller se hubiera robado 150 millones de dólares de Warner Bros. y partido para África con ellos a filmar un persecución”, de unos maniáticos.

Wallpaper de Mad Max: Fury Road

Es que la última entrega de esta saga de orígenes australianos es realmente un ejercicio máximo de cinematografía. Críticos de todo el mundo la han llamado una película que “cambia por completo el cine” (Edward Douglas, Cooming Soon Net), “una película que derretirá tu cara” (Jen Nemato, The Daily Beast) y “una película que de plano es increíble” (Todd MaCarthy, Hollywod Reporter). Con una calificación de 8,6 en IMDB y un alucinante 98% en Rotten Tomattoes, ambas después de tres semanas de estrenada, es justo decir que desde “Pulp Fiction” una película no generaba tanta pasión entre los más exigentes amantes del séptimo arte.

Y es que el objetivo del texto es hablar de “Mad Max: Fury Road” como lo que es: una obra maestra del cine, que ha sido injustamente ignorada por la mayoría de las audiencias a nivel global. Un caso patético, en donde el fracaso comercial es inversamente proporcional al artístico, porque la realidad es que George Miller ha hecho una obra lo más cinematográficamente pura que cualquiera se pueda imaginar. Unos días antes del estreno en Cannes , su director dijo en una rueda de prensa que lo que iban a ver era una “persecución de 120 minutos”. Una situación llevada al paroxismo más absoluto, del que se van desprendiendo todo tipo de emociones humanas, situaciones dramáticas, momentos emotivos, algunos de ellos bellos, otros heroicos, algunos dolorosamente trágicos y, la gran mayoría de ellos, bastante adrenalíticos.

El gran aporte técnico del filme se haya en su edición. Desde Serguéi Mijáilovich Eizenshtéin “el montaje de atracciones” no había evolucionado, pero encuentra esta forma de ordenar las películas en lo hecho por el australiano, y sobre todo su esposa, la editora Margaret Sixel, todo un nuevo nivel. Queda demostrada la sentencia de George Orson Welles: el montaje es el aspecto. Miller y Sixel crearon una sinfonía perfecta de imagen, usando prácticamente todos los trucos visuales posibles, pero ordenándolos de manera dosificada y perfecta, buscando y logrando la total comprensión del espectador en este esquizofrenia de imágenes en movimiento.

Pero, tal vez, lo que más llama la atención es que la película hace vivir hasta los más intimo de cada ser, cada uno de los momentos experimentados por los personajes. Sin duda, se crea una conexión muy profunda entre ambas partes, alcanzada ella por el hecho de que fue este un film realizado a la vieja escuela, con la ayuda de las nuevas herramientas tecnológicas. Cuando se ve a Max Rockatansky, interpretado magistralmente por Tom Hardy, volar por los aires o rozar su cabeza en el piso, fue  porque a Tom Hardy le tocó volar por los aires o rozar su cabeza en el piso. Y eso, en una pantalla grande, no tiene precio.

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Miller, parafraseando al gran Alfred Hitchcock, estructuró una historia que esperaba los japoneses pudieran entender a la perfección sin subtítulos. Y eso se logra de una sola manera: con cine mudo. Eso hace de todo este trabajo uno de un verdadero maestro del cine, al hacer vivir lo que pasa en la pantalla, sin contar nada. Y lo logra, llevando la técnica cinematográfica a niveles estratosféricos. Una película conformada en su gran mayoría por cortes de menos de cinco segundos, puede convertirse en un completo caos visual en el que es imposible saber lo que sucede. Nada más alejado de lo organizado en esta película. Miller, junto con John Seale, cinematógrafo con el que el cineasta siempre quiso trabajar, mantuvieron el foco de cada plano siempre en el centro, logrando que la inmensidad de cortes que se presenta durante el metraje pase inadvertido para el espectador, quien nunca se siente perdido en la trama que se desarrolla. Para lograr semejante hazaña, se pintó toda la película en cerca de 3.500 storyboards.

Se complementa la ténica visual con una parte sonora cumpliendo la máxima enseñanza de que “La imagen es lo que vemos; el sonido es cómo la vemos”, en palabras del gran Anthony Minghella. Y en eso esta película no falla. Los motores, los disparos e, incluso, el silencio, son trabajados con efectos emocionales y no realistas durante la historia. No es un acompañante de la acción, sino un catalizador de las emociones que viven los personajes, siendo, por supuesto, como debe ser, la música la herramienta más fuerte en ese apartado. Si el cine clásico es música clásica, “Mad Max: Fury Road” es rock duro del mejor nivel, del que te hace brincar y estallar la cabeza. Gran parte de su poder emana en lo hecho por Junkie XL, al ser nada más que una pieza musical portentosa, bella y cruda a la vez. Describirla en palabras parece un ejercicio infructuoso; pero un elogio, hecho por un comentarista de Internet explica la sensación habida en cada aquel que la escucha: “Qué banda sonora. Qué hermosa banda sonora. Es de todo menos Mediocre. La pongo, la escucho y la vuelvo a poner. Sólo un Tonto no le gustaría”. No se necesita ser un gran fanático para entender la apasionada referencia.

Fotograma de la película
Fotograma de la película

Tal vez más sorprendente es el hecho de cómo Miller logró exhibir un mundo post-apocalíptico, donde la radiación y la contaminación han diezmado a gran parte de la población. Es evidente que el sobrevivir una calamidad de este tamaño genera nuevos  patrones de comportamiento en las sociedad, con nuevos códigos de interacción social. En el filme, claramente se siente ese cambio en las agrupaciones humanas quienes se comportan, visten y hablan, de acuerdo al mundo que el director creó para ellos. Es en ese espacio, donde más le cabe el calificativo de “mente maestra” al australiano.

“Mad Max: Fury Road” es una creación absoluta del cineasta. Como si de un lienzo nuevo se tratara, al que el pintor le da vida con sus pinceladas, Miller pobló en su totalidad el desierto sobre el que acontencen los hechos. La estructura social, vestimentas, autos, gestos, creencias y códigos de comportamiento son todos únicos de la película y, esto es lo verdaderamente alucinante, provenientes todos de una historia que conecta su universo creado con la realidad actual. En breve: la última obra de Miller no es más que una advertencia a la sociedad moderna.  

Nux
Nux

Y esa conexión es directa en el personaje de “Immortan Joe”. Su nombre real es Colonel Joe Moore y su cargo proviene de haber sido parte de las fuerzas militares en el pasado. Su prominencia nace de haber sido un héroe en las “Guerras del Petróleo” y las “Guerras del Agua”. Finalizadas ellas y destruido el mundo de esta época, Joe forma un grupo paramilitar con el que se mueve por el planeta, encontrando un oasis en el “Wasteland”, del que se apropia por la fuerza. La violencia y la maldad, son las verdaderas causas de su poder. En eso, nada ha cambiado. 

Esa historia proviene de los hechos creados por Miller como biografía al mundo presentado en la película. El fragmento anterior es un resumen muy pequeño de todo lo elaborado por el cineasta. De hecho, el nombre de Immortan proviene del haber sobrevivido a un incendio en su intento por conquistar “La Ciudadela” (The Citadel) donde se depositaba el agua. De ahí el notorío aspecto religioso del filme, presentando a los mesías terrenales como verdaderos criminales (la figura del agua vertida por él es diciente hasta el paroxismo). Posiblemente, era esa la narrativa que se pretendía llevar en las siguentes entregas de “Mad Max”, las que para bien y para mal, han sido canceladas por parte de la Warner Bros.

Y aunque es absolutamente una regla de este espacio respetar las intenciones de los creadores, de esta película nace una historia alternativa que realmente impacta por lo espectacular y lo perfecta que es su compaginación. Se ha hecho acá eco de ese tipo de hipótesis en otras entregas, y casi siempre con el afán de desprestigiarlas, como fue el caso de “Inception y Breaking Bad“. No en esta oportunidad. Esto es una celebración absoluta de la imaginación de los seguidores de la saga.

El personaje de Joe es interpretado por Hugh Keays-Byrne, mismo actor del villano de la primera Mad Max, Toecutter. Decenas de veces se escuchó al creador decir que era él el mismo ser humano, más no estaba haciendo el mismo personaje. Pues bueno, los amantes de la saga en la red decidieron que sí, que era él el mismo antagonista de la primera entrega. Sobrevivió él al accidente del final de la obra y desde allí nació su inmortalidad. De ahí su nombre y posición como un dios moderno en los tiempos de la película. Fascinante y perfecta como pocas la construcción, incluso mejor que la del propia cineasta.

Mad Max e Imperator Furiosa
Mad Max e Imperator Furiosa: La Pareja Del Año

Todo, absolutamente todo lo mencionado hasta acá queda opacado por el trabajo de Tom Hardy, Charlize Theron y Hugh Keays-Byrne. Los tres actores, como debe ser, son el centro y corazón de la película. La química entre los dos primeros se siente real y palpable, dando muestra del enorme talento de ambos, pues durante el rodaje se llegó a una situación tan extrema que se dejaron de hablar. Tuvo que haber llegado a ser algo de niveles inimaginables, para que Hardy se viera obligado a pedirle disculpas a Miller en la conferencia de prensa que ofrecieron en Cannes. Y el punto cumbre de la quimica entre ambos se presenta en la escena conocida por los cinéfilos como “Brother in Arms”, cuando están escapando de los “Rock Riders”: es la primera vez que ambos, solitarias personas, dos seres despojados de toda interacción social, depositan su confianza en un extraño para sobrevivir, cabalgando un auto en medio del desierto y un ejercito. La escena es majestual: los violines mezclándose con los sonidos de las armas y las motos, del camión “respirando” como si fuera un mounstro y las pistolas que disparan y cargan Max y Furiosa.

La perfecta compaginación de todo hace de “Mad Max: Fury Road” arte cinematográfico en estado puro, alcanzando una nueva cima en las posibilidades del formato. En una era en donde Netflix ha validado que filmar a dos personas hablando es cine, lo hecho por Miller no es más que un golpe de patada a una industria que apoya la mediocridad como forma de arte. Es una película vibrante, hecha con una pasión desbordante y de la que emana una energía apabullante. Cine en estado puro, entregado en un formato de alto entretenimiento. Tan es así, que la obra parece ser realmente un remake de “Mad Max: The Road Warrior“, sólo que esta vez liderado por una mujer, algo que parece solo a unos pocos le molesta y del que nadie se ha percatado. Es, realmente, una furia de película.

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