¿Y Si Hacemos Del Cine Un Universo Paralelo?

Estaba conmocionado. Ciertamente extasiado. Había tenido, plenamente, una experiencia cinematográfica absoluta, llena de magia y emoción. En el camino de retorno a mi hogar, con la cabeza cavilando sobre lo visto recién, me confirmaba con cada nuevo pensamiento producido, el haber disfrutado de una de las más grandes producciones realizadas, de esas llamadas a inmortalizarse en el tiempo por los recuerdos y sentimientos de aquellos quienes la disfrutamos desde su estreno.

Ya instalado en mi apartamento, me adentré al portal de la IMDB, con el objetivo único de darle un merecidísimo diez en calificación a tan alucinante filme. Paso a seguir, visité la sección de “trivias” de la web, buscando elementos para extender mi conocimiento sobre la película y aumentar mi gozo. Lamentablemente, allí me encontré con lo inesperado.

Poster Gravity
Poster Gravity

Para mi desagradable sorpresa, el apartado estaba lleno de anotaciones enfrascadas en comentar los “errores” presentados en la historia. Varios apuntes se centraban en analizar físicamente la veracidad y posibilidad de lo expuesto en la cinta. ¿Ah? ¿Cómo? ¿Pero qué coños? Me empecé a indignar. Tratando de calmar mis ansias, decidí navegar por otras páginas de Internet y me encuentro con más de lo mismo.

Mi estupefacción estaba llegando a grados insoportables por lo que hallaba: un artículo de un ingeniero de la NASA cuyo único objetivo era “destruir” el filme, contraponiendo los acontecimientos de la película con sus conocimientos aeroespaciales; un apunte de Alejandro Jodorowsky, personaje “ilustre” que le había encontrado un “pero” a la obra de Cuarón; y, todo un despliegue periodístico sobre las anotaciones realizadas por el gran astrofísico Neil deGrasse Tyson en su Twitter, una vez vio el film.

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Ya estaba histérico e irritado. Traté de extirpar mi enojo reclamándole a mi pareja por un problema de hace más de un año; fui y peleé con el vecino fiestero, quien en ese particular día estaba dormido desde bien temprano; y, cuando me di cuenta de lo imposible de calmarme con estos métodos, empecé a escribir estas líneas, buscando una respuesta a mi enorme insatisfacción.

Ahora, ya enfrascado en esta misión, la primera pregunta que tengo por resolver es: ¿por qué estoy tan agraviado? ¿Qué tiene el trabajo de Cuarón y su equipo (no creo ofender a nadie si acredito gran parte de la belleza de la obra a lo hecho por Lubezki en la dirección de fotografía) para llevarme a sentir la necesidad de ver a todo el mundo caer de rodillas ante su majestuosidad? Evidentemente, no es la primera película de mis preferencias con contradictores, entonces: ¿por qué me produce esa sensación “Gravity”, generándome un total despreció hacía todo aquel que se osa a juzgarla? ¿Qué tiene y por qué me hizo creer de su imposibilidad de ser criticada?

gravity-wallpaper-7Siento, en este mismo instante, una epifanía. Estoy entendiendo como todo esto supera la idea de estar frente a un asunto de posición personal. Mi problema con las críticas al filme radica en el descubrimiento de cómo cada una de ellas se originaron no en lo visto por las personas en la gran pantalla; sino en su pretensión de ver una película por ellos deseada. ¡Por supuesto! Si cada producción audiovisual es una experiencia subjetiva, en donde el director pone un pedazo y cada quien la complementa con lo que tiene en su interior, en esta ocasión particular, identifico a quienes hacían esas anotaciones técnicas sobre los fallos de la historia, como personas criticas de su trozo de la película, no de la del cineasta. Lo de Cuarón es perfecto, allá lo que ellos quieran ver.

Y me es evidente en este intervalo como toda crítica cinematográfica alguna vez realizada, tiene ese mismo parámetro como sustento. Porque es cierto lo dicho por Tyson: criticar “Gravity” porque el pelo de Sandra Bullock no se comporta como lo haría en el espacio, es tan errado como criticar el “The Lion King” porque en ella los animales hablan. Esto me hace pensar en el mundo del cine y el nuestro, diferenciándolos como uno real y otro de ilusiones, sueños y pesadillas. Todo en el cine es falso y tiene cabida dentro de la ficción. No sólo en “The Lords Of The Rings”, “Avatar” o el bodrio de “Transformers”; sino en toda creación cinematográfica. Todas, sin importar el género y sin hacer excepciones, son universos propios, creados por artista, en donde las reglas aplicadas a nuestra vida son adaptables pero no homogéneas, pudiendo llegar a ser diferentes y hasta contradictorias. Es evidente la inexistencia de Kripton; pero no por eso nos vamos a salir del teatro al principio de Superman. Pues bueno, también es ridículo indignarnos porque en el último trabajo del mexicano, George Clooney se comporté tan irresponsablemente en el espacio. Son dos obras de ficción, en donde lo importante es la credibilidad, no la veracidad de los hechos. Sí, posiblemente en nuestro mundo nadie se comporte así en el espacio; pero no estamos viendo nuestro mundo, estamos viendo el creado por un cineasta y en ese si se comportan así.

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Pasaría lo mismo, sin duda alguna, con cualquier otra película y sus críticos. El comentarista, de cualquier parte y tiempo, en general, no  parece entender la mente de un director, cuyo objetivo es tomar las mejores decisiones para el filme, así estas vayan en contrasentido de la vida misma. Por ejemplo, no sabe Tyson si moviendo el pelo de Bullock tal y como lo hace el de un astronauta, el público se sentiría extrañado e incómodo, al fin y al cabo, pocos han visto el espacio y cómo se mueve el pelo en él. Puede ser que el “error” de la película genere una conexión con la audiencia, evitando ese desconcierto. Más aún, ni me alcanzo a imaginar cómo sería el filme de Cuarón si este le hiciera caso a Jodorowsky y lo hiciera “menos Spielberg” y más parecido a algo como “…no solamente el ser humano triunfa al salir de un peligro que escapa”.

Me parece evidente que si en algún momento se pudiera cambiar alguna película, obedeciendo a las críticas realizadas, posiblemente esa nueva versión tuviera también muchos detractores. Encuentro ejemplarizante lo sucedido con los fans de Rocky, quienes en la época del estreno de la sexta parte, dejaron saber su deseo de terminar la saga con “el semental italiano” triunfando en su última batalla. Stallone, consciente de la insatisfacción de algunos de sus más fervientes fanáticos, decidió agregar en los extras del DVD-Blu Ray, la conclusión por ellos exigida. Una vez vista, las observaciones negativas comenzaron a llegar. Para muchos, Rocky, la primera y la última, no se tratan de ganar un enfrentamiento pugilístico; sino de resistir frente a la adversidad, por peligrosa y dolorosa que esta sea. El boxeo es sólo una metáfora y tener un final con Rocky perdiendo el enfrentamiento; pero superándose en la vida, es mucho más romántico, dramático y acertado.

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Remembranza espontanea. Según la teoría científica, la poca que entiendo, el humano habita tan sólo en uno de los múltiples universos posibles que co-existen, con seres similares a nosotros, aunque en otras condiciones, viviendo vidas distintas en cada uno de ellos. Léase: en este universo que nos tocó vivir, este humilde servidor está escribiendo estas líneas que luego serán leídas por un honorable público, siendo usted uno de ellos; pero en este preciso momento, hay otro universo en el que puede que yo sea un afamado director y usted un empresario reconocido. Metáfora perfecta. Para mí, eso será el cine de ahora en adelante: un viaje a otro universo en donde lo que estaré observando serán personas en situaciones extraordinarias alejadas de mi realidad. Nunca más serán trabajos en el diseño de producción, estructuras narrativas o movimientos de cámara; sino la vida de otros, en otros lugares, con otras fuentes de luz y de sonido, en otros planetas. No serán actores haciendo su trabajo en la pantalla; serán seres humanos ejerciendo sus profesiones en un mundo parecido, pero nunca el mío. Complemento la conexión con una idea fascinante.

Posiblemente, me entero, los agujeros negros son túneles o vías con conexión a uno de esos universos. Con eso, me permito transformar las salas de cine en estos fenómenos del espacio y mi tiempo en ellas no será disfrutando de una manifestación artística; sino dándole una mirada a un planeta diferente. Por supuesto, queda la ineludible situación de por qué estaría observando el mundo desde varios puntos y no desde uno solo, como pasa en mi vida. Me explico: desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, los humanos observamos nuestro alrededor desde una sola perspectiva, la nuestra. En el cine, lo hacemos desde tantos lados como posiciones de cámara se le ocurran al director. Walter Murch tiene la respuesta a la incongruencia en mi modelo. Dice el afamado montajista que cuando vemos una obra audiovisual, lo hacemos de la misma manera que cuando soñamos, por eso logramos entender las películas desde la primera vez. No hay nada más por decir: entramos al cine como quien entra a un agujero oscuro y en un estado soñoliento, observamos las cosas y ocurrencias de otro planeta.

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En estos momentos me pregunto el porqué de todo esto, sobre su importancia, su significado, su razón de ser y algo aún más importante, sobre si se ha agotado mi cordura. Tal vez, pero qué importa. Me llega entonces, un recuerdo. Hace varios años, cuando fui a ver el estreno de “Lethal Weapon 4”, estaba bastante predispuesto a causa de las críticas enfocadas en mostrar a la última entrega como la más floja de la saga, concentrándose en exponer el claro agotamiento de la franquicia y, por supuesto, en la edad de sus protagonistas, ya muy viejos para esas aventuras. Para mi fortuna, la persona con quien fui al teatro, nunca había visto alguna de las otras tres partes y no tenía la más remota idea acerca de los comentarios sobre esta. Digo que fui bienaventurado porque para él, la duración del metraje fue un deleite total: se rió a carcajadas con los chistes, las escenas de acción le parecieron sublimes, apreció la sincera relación de amistad fraternal entre ambos protagonistas y tomó la edad de Gibson y Glover como parte del drama en la historia. Ver “Lethal Weapon 4”, a través de sus ojos y no de los míos, de su emoción y no de mi posición preconcebida, me concedió la oportunidad de tener un visionado estupendo.

Con esta última referencia señalo mi objeto a resaltar en este texto: encontrar una forma de ver el cine desde una posición alejada de todas nuestras predisposiciones, llevándonos a mirarlo sin ser influidos por nuestras subjetividades, más cuando éstas lo afectan negativamente. El séptimo arte puede y debe ser un gran entretenimiento y, desde todos los aspectos, deberíamos dejar de lado nuestras ideas, tratando de entender lo propuesto por el director. Debemos entender la dinámica alrededor de la dicotomía en los gustos frente a una misma película, cuando es odiada por unos y amada por otros. Una respuesta sencilla y simplona radica en adjudicar esto al refinamiento y exquisitez del gusto de una persona en comparación con el de otra. Deberíamos tener una posición humilde y darle paso a la posibilidad de admitir el que si una película falla, pueda que sea por no haber encontrado nosotros el alma de la obra. ¿Por qué no ser sencillos y pensar así, si al fin y al cabo artistas como Hitchcok, Welles y Copolla fueron denostados por la crítica más especializada? Si fallaron ellos, podemos también hacerlo nosotros.

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Cuando se estrenó “Bringing Out the Dead” de Martin Scorsese, todo el mundo hablaba de una decepción por parte de Cage; de cómo era esta una mediocre “Taxi Driver 2” y de cómo Paul Schrader y el artista de Nueva York, quienes volvían a trabajar juntos, sencillamente habían perdido la magia de antaño. Yo me sentía identificado con esos comentarios. Tiempo después, mientras veía una entrevista del artista, me enteré de las razones que los inspiraron a hacer el filme. Buscaba, Scorsese, retratar la vida de unos hombres a quienes en nuestra vida cotidiana sólo vemos de pasada, haciendo un trabajo deseado por pocos, pero de obligatorio cumplimiento para la existencia de una sociedad. Una segunda mirada a la película, con ese filtro en mi mente y ya estaba viendo otra producción. Más diciente todavía, la tengo impregnada en mi vida y ahora, al ver pasar una ambulancia a toda velocidad con sus sonoras sirenas y luces llamativas, pienso en ese filme y me pregunto si el destino de ese paramédico será algo similar a lo retratado en la pantalla. Claramente, no se trata de un mal trabajo; sino de una apreciación errada por mi parte.

Ha pasado un tiempo desde el comienzo de estas líneas y he puesto ya a prueba mis postulados. Decidí viajar a un mundo en el que Ridley Scott era el dios creador y en él había dado vida a unos seres humanos idénticos a Brad Pitt, a Javier Bardem, a Penelope Cruz, a Michael Fassbender y a Cameron Díaz, quienes estaban involucrados en el negocio del narcotráfico mexicano. Al parecer, sin importar el universo visitado, los mexicanos y colombianos seremos los amos de esta industria. Me relajé por completo y no me puse a pensar en si Bardem estaba exagerado o genial en su actuación, sino en cómo se mueve y piensa esa persona llamada Reiner, idéntica al actor español de nuestra tierra. No es que fuera brillante o ridículo; es que él es así. Hice lo mismo con todo lo relacionado al relato audiovisual, acción compartida por mi novia, obteniendo ambos como resultado un total apreció a la película, en clara contraposición a la opinión generalizada. Quise profundizar y busqué críticas, encontrándome en esa tarea con cosas como: “el dialogo se siente extraño porque así no se habla en la vida real”, “prefiero un realismo brutal en donde la humanidad es presentada de manera menos falsa” y “Cameron Diaz debería  hablar todo el tiempo con el acento de Barbados”. ¡Eureka! Evidentemente, son comentarios de individuos exigiendo ver su película y no la presentada. Si uno se deja llevar por lo expuesto en la pantalla y no por sus conceptos sobre cómo debería ser, está en capacidad de explorar nuevos y fascinantes mundos. ¿Qué importa que la gente no hable así en la vida real? Tampoco existen los Jedis, pero eso no le arruina a nadie “Star Wars”. No sólo la ficción científica nos exige usar nuestra imaginación, también lo hace un drama tan duro como “The Counselor”. Una pista la da el protagonista español cuando dice: “Se necesita valor para entrar en el mundo de Cormac McCarthy“. Brutalmente acertado: no estamos en la frontera que divide a México de Texas; estamos en otro mundo, en otro universo, y más que identificarnos con lo conocido, debemos explorar lo que se nos presenta.

javier-bardem-the-counselor-wallpaper-1La llegada a una película, con la mayor de las inocencias, puede ser la mejor vía al real aprecio de ellas. Recuerdo que en una época, cuando niño, me interese mucho por el film noir. Con gran suerte, mi primer contacto con el género fueron dos monumentos del movimiento: “Out Of The Past”, de Jacques Tourneur, y “Double Idemnity”, de Billy Wilder. Al momento de verlas, no sabía que ambos cineastas eran leyendas, ni de la mitificación otorgada a Robert Mitchum, Jane Greer o Barbara Staynwick. Por eso su visionado fue tan impactante. Para mí, todo era magia, ilusión, belleza. Al  no saber nada de ellos, ni del cine negro, mi visionado fue excepcional. Era puro, honesto, sin cortapisas y libre de ataduras. No había obstáculos entre las imágenes producidas y yo. No había prejuicios, análisis, pensamientos o sugerencias. No estaba viendo actores haciendo su papel; eran personas normales, en situaciones extremas, a las que llegaron impulsados por la ambición y la lujuria. Exactamente igual que sucede en una relación sentimental, el amor producido es algo inexplicable y, en el momento en que empezamos a encontrarle lógica y razones a lo que sentimos, es que hemos empezado a dejar de amar. Así debe ser la pasión que le tenemos al cine: incomprensible, desenfrenada, inexplicable, inocente; dejándonos llevar por la maravilla que son las  imágenes en movimiento. Decía Quentin Tarantino, citando a Joe Dante, que hay dos clases de personas: aquellos que aman las películas que aman, y aquellos que aman las películas. Mi esfuerzo va dirigido a dejar de  ser de los primeros y convertirme en los segundos.

Todo esto me lleva de nuevo a “Gravity”, una película perfecta si le quitamos todos los insignificantes “peros” a su alrededor. Desde mi perspectiva, la obra de Cuarón es la oportunidad de viajar a un lugar único y ser testigo excepcional de una situación increíble. Es la máxima experiencia cinematográfica posible. Y es que durante el metraje, es imposible no sentirse en el espacio. Ya vuelta a ver, pero pretendiendo que estoy en un agujero negro, soñando sobre otro planeta, no tengo problemas con observar a una médica haciendo servicios técnicos a un satélite; no me importa en lo más mínimo la cercanía entre el Hubble, la Estación Espacial Internacional y la estación china; y encuentro irrelevante el ver los satélites orbitando la tierra de este a oeste; porque claro, en ese universo, donde el dios creador es Alfonso Cuarón, así son las cosas. Lo maravilloso es sentirme en el espacio, con dos personas extraordinarias en una situación alucinante. Más ahora, después de un segundo visionado, la película se me presenta como una obra máxima del cine mundial y una pieza lista para insertar su nombre junto a los más emblemáticos títulos jamás producidos por el séptimo arte.

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