Siete Películas Para Cambiar Una Vida.

Es un lugar común, entre los grandes maestros del cine, el decir que en el proceso de digerir una película, un porcentaje de lo experimentado por el espectador lo coloca el cineasta y otro porcentaje lo coloca él mismo. Eso, es una forma poética de decir que cada visionado es una experiencia subjetiva y personal.

Por lo tanto, los filmes más importantes en la vida de cada persona llegan a obtener tal reconocimiento no sólo por el trabajo del realizador; sino también por lo que en un plano individual y muy profundo, significa para cada quien que la ve. En el particular de quien esto escribe, las producciones que más me han impactado tienen como elemento común, el haberme ido construyendo en mí el sueño de convertirme en cineasta.

Wallpaper especial de Paramount Pictures.
Wallpaper especial de Paramount Pictures.

El momento en que la obra maestra del gran Francis Ford Coppola llegó a mi vida, era yo un joven aficionado al cine de acción más comercial que existiera en el panorama. Mis ídolos más grandes eran StalloneSchwarzenegger y Van Damme. Al día de hoy, sigo siendo amante del género, no obstante, lo que me pasó con “The Godfather” fue algo incontrolable.

Por razones extrañas, me había encontrado con el libro de Mario Puzo y lo había devorado en poco tiempo. Una vez finalizada la lectura, me enfrasqué a buscar la película, con la buena fortuna que rápidamente la encontré en formato VHS, que era el rey de aquellos días.

Para mí, ver la película fue una maravilla enorme no sólo por la calidad artística del audiovisual, sino por el impacto que produjo a un nivel muy profundo en mi interior. Sentía que lo que había logrado Coppola era darle vida a las palabras del libro, que había encontrado la forma de retratar en la pantalla lo que se había producido en mi mente. Durante muchos momentos creía volver a estar leyendo el libro y que lo que veía en la película eran las imágenes que se producían en mi cabeza mientras pasaba por las palabras del texto.

Por supuesto, la gozada con la película no pudo ser más. Pero, lo que realmente me marcó, fue el hecho de que el filme me hizo entender qué es el arte del cine. Me hizo entender, a mis trece años, cómo se transforma un texto en vida. Cómo se recrea una ficción, se coloca en una pantalla y se exhibe en un medio. No tenía claro las minucias del proceso cinematográfico; pero si me quedaba claro cuál debe ser el objetivo de una obra del séptimo arte: darle vida a unos personajes que nos atraigan, insertados en un universo propio, en medio de una situación digna de ser contada. Entendí, en breve, qué es crear y poblar un universo cinematográfico.

Wallpaper de la película.
Wallpaper de la película.

Un mes después de haber descubierto la obra del maestro Coppola y haber tenido tan magnifica experiencia, llegó a los teatros de mi ciudad otra obra maestra del cine moderno: “Pulp Fiction“. Fui a verla con un grupo de familiares, todos mayores que yo, y, al igual  que le sucedió a medio planeta, la película me dejó profundamente impactado.

Estaba alucinado con todo lo que sucedía: los diálogos, la música, los escenarios, la violencia, la estructura narrativa, las actuaciones, los vestuarios… Cada momento frente a la pantalla era un deleite exquisito para mí. No obstante, lo que me dejó para siempre marcado, fue el momento final. El corte a negro que da por concluida la obra y da paso al primer título de créditos, aquel que dice “Written And Directed By Quentin Tarantino“.

Ese segundo, con la pantalla en negro, me hizo entender cuál es la figura de un director de cine. Con su trabajo, tan propio, característico, original y personal, Tarantino logró que comprendiera la importancia de la figura del cineasta. El trabajo del director en esta película es tan poderoso, sus pinceladas son tan claras, nítidas y grandilocuentes, que me permitió ver y comprender, a grandes rasgos, que el trabajo del director es crear ese universo cinematográfico, en donde habitan unos personajes, insertados en medio de unas situaciones dignas de ser contadas. Comprendí, con él y este trabajo, qué significa ser un cineasta.

Poster Oficial De La Película
Poster Oficial De La Película

En medio de mis estudios de Gobierno y Relaciones Internacional, fascinado por poder ir comprendiendo el funcionamiento del mundo político y económico a nivel macro en el ámbito internacional, llegó un fime que me hizo saber qué quería hacer con mi vida. En medio de las lecturas de grandes autores como Noam Chomsky, James Petras e Ignacio Ramonet, tuve la oportunidad de ver, también en formato domestico, pero este caso el DVD, “JFK” de Oliver Stone.

La huella que”JFK”  dejó en mi fue realmente profunda y, además, doble. Por un lado, me hizo ver las posibilidades de usar el arte como un medio de expresión política. Pero, también, me encandiló al mostrarme el enorme poder que tenía el arte. “JFK”  no sólo era una gran película, no sólo exhibía un discurso sobre la lucha de poder en los estamentos gubernamentales, no sólo era una crítica profunda al sistema; era también, la obra de un hombre político capaz, con este trabajo, de abrirle los ojos a los demás y hacerles cambiar su manera de pensar.

Con Oliver Stone y “JFK” comprendí que así como se hace política con el periodismo, y la academia, se puede hacer con el cine; y exactamente eso era lo que quería hacer. Desde ese momento, he podido ir descubriendo cómo en cada película que se haga, del tipo que sea, hay un discurso político insertado. Ya sea una comedia romántica sencilla, un megablockbuster veraniego o una película independiente, en todas y cada una de ellas hay un sistema de valores que promueve una forma determinada de organización social y, por ende, de vida.

Orson Welles como el agente Hank Quinlan.
Orson Welles como el agente Hank Quinlan.

Terminados mis estudios relacionados con las ciencias sociales, me fui a hacer un curso de cine en la hermosa ciudad de Buenos Aires, en la siempre fascinante República de Argentina. En medio de las clases de teoría cinematográfica, en una tarde en la que caminaba por el barrio de Palermo, vi que un cine club iba a dar un pase especial de “Touch Of Evil“, la obra magnánima del gran Orson Welles.

A un nivel muy profundo, muy personal, la película me hizo entender de qué va el cine, donde radica su arte y cuál es el oficio que hace del director la persona encargada de la obra. Vi, por primera vez, qué es la puesta en escena. La mano de Welles es brillante en ese sentido: la capacidad única que tiene para el manejo de la cámara es tan poderoso y tan exquisito que sobresalta a la vista. Su espectacular uso del espacio y, en especial, del fondo del campo, es tan increíble, que es una clase magistral sobre qué es la narrativa. Pero tal vez lo más llamativo eran las organizadas y maravillosas coreografías, tan elocuentes que se sienten la sutileza de sus movimientos.

La obra de Welles deja ver como hay alguien detrás de cámaras no solo diseñando todo lo que sucede al frente de ella (que fue lo que me dejo ver Tarantino) sino que además hay alguien ordenando qué hacer: donde poner la cámara, cómo deben moverse, qué luz debe iluminar qué parte del escenario. Hay un dios del cine moviendo los hilos de las personas. Si Tarantino me enseñó qué es un director, Welles me enseñó qué hace un director.

Diseño propio de algún aficionado a la película.
Diseño propio de algún aficionado a la película.

La primera vez que vi “Mulholland Drive” pensé que David Lynch era un fantoche. La segunda, que estaba loco. Y a la tercera, me di cuenta de que era un genio absoluto. Había muchos rumores y comentarios con respecto a este trabajo, se mencionaba por todos lados las pistas que habían para descubrir el misterio y de las miles teorías que abundaban sobre lo que realmente significaba la película.

Por eso había una expectativa enorme de mi parte por verla. Y una vez comprendida la historia, me di cuenta de la enorme brillantez de este trabajo. Lynch rompió las reglas del cine con una elegancia y delicadeza impresionante. Me di cuenta que una película es realmente una comunicación entre el cineasta y el espectador. Un dialogo que se establece entre ambos. Pude ver que la obra de un verdadero cineasta genera un lazo que la une con sus observadores.

Con Lynch me di cuenta de cómo se pueden romper las reglas del audiovisual y salir airoso; como se deben usar los elementos de la narrativa de manera única y propia, buscando ofrecerle una experiencia irrepetible a quien la vea. Pero más aún, comprendí lo que debe ser un artista y su obra. Lynch prefirió tener una taquilla ínfima a cambio de revelar cualquier tipo de duda con respecto al filme y, de esa manera, mantuvo su película viva en el tiempo y, desde mi perspectiva, por toda la eternidad.

Al negarse a develar cualquier indicio que solucionara los misterios de la película, Lynch me forzó a ver la película una y otra vez, hasta entenderla, hasta descubrirla. Y cuando eso sucedió, fue una de las experiencias de cine más poderosas que he tenido en la vida. Se destapó ante mí toda una obra. Había visto, pero no estaba mirando. Lynch me enseño que una obra de cine es una pieza viva, que a cada visionado puede llegar a tener lecturas diferentes y que en cada uno de ellos hay que investigar cada una de los elementos que el director pone en pantalla para uno. Lynch me hizo entender que un cineasta está lleno de armas para contar una historia y que su trabajo, es usarla de la mejor manera posible.

Wallpaper de
Wallpaper de “El Secreto De Sus Ojos”

El Secreto De Sus Ojos” es una obra maravillosa en todo el sentido de la palabra. El trabajo de cada uno de los involucrados es impecable, exquisito y de la más alta calidad artística posible. No obstante, el hecho de ser una película latina (personalmente siempre me he sentido como decía Martí, que mi nacionalidad es América Latina) significó todo para mí.

Con “El Secreto De Sus Ojos”, entendí que significa verse reflejado en la pantalla grande. Verse realmente identificado, sentirse en ella. Con esta película pase a ser un testigo cinematográfico, a convertirme en parte de la experiencia. Una cosa es disfrutar de grandes películas de otras latitudes, con personajes construidos desde otras culturas y con una mirada de un extranjero. Sin duda alguna el cine es un lenguaje universal y todos los comprendemos; pero cuando se ve una obra de esta magnitud y esta calidad, en su mismo idioma, exhibiendo nuestra misma cultura, la sensación es más profunda, más personal, más intima.

El cine bien hecho llega al corazón y al alma; pero cuando se llega a ese medio a través de unas palabras pronunciadas en el mismo idioma, el viaje es más intenso, más poderoso y más electrizante. “El Secreto De Sus Ojos” me dio la oportunidad de ver el cine como lo ve un norteamericano, un francés, un italiano; como lo ve una persona cuyo país hizo una obra maestra del cine. Y la verdad que es muy diferente la experiencia. Campanella me hizo entender la capacidad de identificación que tiene este arte.

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Eva y Wall E

Wall E” me enseñó que una película puede tenerlo todo. La película de Andrew Stanton es un paseo por los géneros y la historia cinematográfica: después de empezar como un clásico mudo digno de Buster Keaton y Charlie Chaplin, se transforma en una historia de amor no correspondido, para después convertirse en toda una odisea espacial, luego en un clásico de acción y aventuras al más alto nivel y, por último, una de superación personal. En breve: una obra maestra máxima del cine mundial.

Como si lo anterior fuera poco, también, en medio de todo esto, la película tiene la capacidad de enviar profundos mensajes sobre la contaminación, nuestra sociedad interconectada, un mundo dependiente de la tecnología y los medios de comunicación masivos manipuladores que rigen nuestro mundo.

Sobra hablar de la calidad técnica de la película, la que desde mi punto de vista es insuperable; pero si vale la pena mencionar el profundo, detallado y portentoso uso de las técnicas cinematográficas para alcanzar sus máximos objetivos. Cada plano de “Wall E” es el perfecto, el que más dice, el que mejor hace llegar el mensaje. David Fincher decía que hay dos posibilidades para colocar la cámara en cada plano: la correcta y los otros. “Wall E” no se equivoca en ningún momento. “Wall E” es, para mí, la obra de cine perfecta. Sin errores, sin momentos que sobren, todo contado con los mejores medios. Es la expresión máxima de cine en nuestro tiempo. “Wall E” me enseñó el cine en su forma más pura y, por lo tanto, más poderosa.

Estas son las siete películas que cambiaron mi vida. Que me hicieron entender el arte desde una perspectiva más profunda y allegada a mí. Espero algún día poder hacer una obra que contenga un poco de todas ellas.

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2 comentarios en “Siete Películas Para Cambiar Una Vida.

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